NO FUE UN HABITANTE MÁS.

Alberto Canapino, supo convertirse en una marca registrada en el automovilismo casi desde sus comienzos. Como olvidarme aquel Dodge 1500 de TC 2000 hecho para el Loco Di Palma en los ´80, cuando les hizo pelo y barba al resto en Balcarce, al que luego el ACA le cortó las alas. O su ligazón con el Flaco Traverso y Jorge Pedersoli, muchas piedras en el camino, discusiones, hasta que encarrriladas las cosas, ganaron carreras y campeonatos en TC y TC 2000.

Conocí a Canapino allá a mediados de los años ´90, y si bien no llegamos a ser amigos, a medida que transcurrió el tiempo, los diálogos, las charlas se fueron aceitando y los temas excedieron el automovilismo; la vida misma se entremezclo. No fueron siempre rosas, también en el vínculo periodista y protagonista o personaje o figura del automovilismo, llamale como quieras, no faltaron rispideces, desacuerdos y chicanas.

Alberto hasta sus últimos días, me parece mentira y no termino de asimilar su muerte por culpa del maldito virus, encarnó a un tipo de comprobada inteligencia, lucidez, profesionalidad, capacidad… y astucia. Me acuerdo habernos chicaneado más de una vez, supe decirle que mostraba sus cartas a los periodistas cuando le parecía y le convenía. Y se reía, lo negaba, hasta ahí…

Canapino en 2006 con dos amigos grandes amigos que perduraron siempre. Norberto Fontana y Edgardo Iturrarte quien dio sus primeros pasos como técnico en el automovilismo junto Alberto quien le enseñó. También se lo ve a Gustavo Lema. Alberto fue responsable técnico del equipo JP. (Foto facebook Iturrarte).

 

Supo ser el “dueño” técnico del TC, consultor informal de la ACTC en los años en que el reglamento que dictaba el gran Carlos Marchese, era el pato de la boda. Llegó a tener bajo su incumbencia casi a  20 autos de TC, cuando largaban unos 40 y tantos; casi la mitad!

Era el “mano santa”; si querías que un auto anduviera, ponelo en manos de  Canapino. Me viene a la memoria una carrera en Río Cuarto a finales de la década del ´90. En los boxes 2×2, en uno de los acostumbrados scrums de periodistas y al centro el. El run-run del fin de semana era saber si iba a agarrar o no la batuta técnica de toda la categoría, en tal caso convirtiéndose en juez y parte dado los autos bajo su atención. Alberto contestó con diplomacia, medio tirando la pelota afuera con una sonrisa cómplice en el medio, sobre algo que no llegó a suceder, pero que el astuto, dejó deslizar.

La referencia encarnada, el estrellato fierrero, también le ocasionó pasajes difíciles, controvertidos en su vida deportiva, en su relación por momentos muy áspera con la ACTC. Lo mismo con pilotos con los que nunca más tuvo diálogo, tenés entre otros, los casos del Gurí Martínez y  mucho más reciente, Manuel Urcera. Entre bambalinas, como es infaltable en el automovilismo argento, más de uno; jefes de equipos, colegas técnicos, corredores e incluso parte de la prensa no escatimaron críticas hacia Alberto.

Alberto, su hijo Matías, el piloto Nacho Cordich, en el taller en Arrecifes.

Como no acodarme también cuando suspendido por la ACTC, debió acompañar al TC en Nueve de Julio hace años, del otro lado del alambrado junto al público por tener la entrada prohibida, o desde el Hotel Avenida, convertido durante los días de carrerra en el bunker del TC.. Situación reiterada un par de temporadas atrás, por encarar feo a un oficial de la ACTC en una discusión con las cubiertas asignadas. La dirigencia le impidió el ingreso a boxes y lo multó. O cuando, mucho más atrás, con los éxitos a cuestas, la relación con Traverso se puso tan tirante para dispararse dardos repletos de ironía, sarcasmo y críticas que finalizaron en el divorcio y perduraron más adelante.

El paso de los años y de mucho permanecer en el candelero como actor protagónico, en especial en el TC si bien también se hizo notar en TC 2000/Super TC 2000, lo llevaron a ver las cosas de otra manera. Agustín su hijo crecía, y aunque no quisiera como más de una vez lo dijo, lo boicoteó en sus inicios en la Copa Megane a mediados de los años 2000, porque no quería que corriera.  La oposición perdió y Agustin avanzó hasta convertirse en lo que es la actualidad, campeón múltiple, el mejor o entre los tres mejores pilotos argentinos a quien se sumó Matías, el que le sigue, con sueños similares.

El eje de su vida con tantos éxitos ejemplificados en las vitrinas de su taller en Arrecifes, viró para enfocarse en Agustín, hasta oficiar como más bastión que nunca. Dispuesto a dejar en el pasado momentos en que hubo diferencias entre ambos, y la relación distó de ser buena. La sangre le tiró definitivamente, se abocó de lleno a Agustín y no te digo más nada, la historia compartida por ambos la conocés bien.

En 2021 aguardaba la Squadra Canapino, enfocada a que se dedicaran por entero a los fierros, sin pensar en la plata ni negociaciones comerciales. Papá Alberto desde abajo, Agustín y su bravura al volante.  El cometido ha quedado trunco. Alberto ya no está, y duele y mucho.

 

Foto portada: AIF

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1 COMENTARIO

  1. Excelente semblanza,por lo poco que lo traté, más los comentarios de sus allegados y periodistas amigos
    así era.
    Una pérdida muy lamentable para el automovilismo.

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