LA MUERTE LLAMÓ DOS VECES EN CARRERA.

 Por su mayor cercanía en el tiempo y trascendencia mediática el recuerdo del peor fin de semana que en sus 70 años vivió el Campeonato Mundial de Fórmula 1 lleva rápidamente a aquel de Imola 1994 con los fatales accidentes de Ayrton Senna (carrera) y Roland Ratzenberger (clasificación) más de espectacular despiste de Rubens Barrichello en los entrenamientos.

Hubo otro fin de semana más terrible en consecuencias humanas en el Mundial. Fue hace 60 años en el Gran Premio de Bélgica, disputado en ese siempre atractivo trazado de Spa Francorchamps que por entonces demandaba 14,100 Km (el doble del actual) y a sus altas exigencias unía una peligrosidad extrema con su tránsito por la campiña belga entre casas, alcantarillas, tranqueras, zanjas. Todo con banquinas escasamente protegidas. Trampas mortales ante cualquier error humano o falla mecánica.

Jack Brabham comienza desde los momentos iniciales a marcar con su Cooper-Climax el dominio que le reflejaría con un triunfo de punta a punta en el trágico Gran Premio de Bélgica 1960. Fue el segundo de una serie de cinco consecutivos que resultaron clave para la conquista de su segundo título.

Como en Imola, treinta y cuatro años después, la tragedia arrancó temprano en Spa pero sin mostrar todavía sus peores cartas. En las prácticas sabatinas el inglés Stirling Moss se despistó en Malmedy a unos 250 Km/h tras romper el portamaza trasero del Lotus 18 Climax, inscripto por el equipo privado de Rob Walker. La conmoción no había desaparecido cuando la angustia se potenció al ver a otros Lotus 18, el del británico Mike Taylor, despistarse al romper la dirección y despedir a su piloto que terminó con su cuerpo impactando contra un árbol.

Con distintos grados de fortuna, ambos vivieron muchos años más para contarlo. Además de la carrera belga, Moss perdió los Grandes Premios de Francia e Inglaterra en su recuperación de las fracturas de ambas piernas y esa ausencia que coincidió con la serie triunfal de cinco carreras del campeón Jack Brabham le quitó una nueva chance para atrapar la siempre esquiva corona mundial. En cambio, para Taylor el accidente significó su despedida del automovilismo grande ya que casi dos años le llevó recuperarse de las múltiples fracturas que incluso comprometieron su movilidad. Quedó con la satisfacción de haberle ganado a Colin Chapman el juicio que le inició por considerar que el despiste fue provocado por la rotura de un elemento mal soldado en la columna de dirección.

a los 22 años, Chris Bristow era una de las esperanzas ingleses en la Fórmula 1. Bélgica fue su cuarta carrera de una campaña que tres semanas antes mostraba su mejor resultado con un 4° puesto en Mónaco.

Ansiosa e implacable la muerte se presentó el domingo en carrera y por partida doble durante el desarrollo de la carrera. Como nunca antes, como nunca después y ojalá como nunca más. Apenas se tomó una pausa de seis vueltas en esa dantesca tarea con la que terminó con las vidas de otros dos pilotos ingleses: Chris Bristow y Alan Stacey.

Con 22 años, Bristow cumplía su cuarta carrera en el Mundial y la tercera con el Cooper T 51 Climax del Yeoman Credit Racing al que había accedido tras la muerte de Harry Shell en Silverstone. Tal vez esa escasa experiencia y su fogosidad juvenil fueron las que en la vuelta 20 de las 32 que demandaba la carrera, lo impulsaron al encarar la curva Burneville a buscar por la parte externa la superación a la Ferrari de Guy Mairesse en el áspero duelo que mantenían por la sexta posición. No pudo evitar el despiste que en su descontrol proyectó al Cooper contra un talud de un metro y medio, donde el cuerpo de Stacey rebotó y salió despedido hacia un cerco de púas que lo decapitó causándole una horrible e instantánea muerte.” Todos sabíamos que esto iba a suceder porque Bristow no tenía la suficiente experiencia para andar sobre estos autos de Fórmula 1” fueron las tardías críticas escuchadas con los hechos consumados.

Alan Stacey (cuarto a la derecha) estaba muy entusiasmado con su ingreso al equipo Lotus que compartía con su jefe Colin Chapman y sus compañeros Innes Ireland y Jim Clark.

Stacey era un personaje especial dentro de aquella Fórmula 1 más humana y menor tecnológica. Tenía su pierna derecha ortopédica tras haber perdido la original en un accidente con las motos y en las picardías compartidas con sus colegas y aceptadas por los médicos se explica cómo superaba los livianos controles de la época y podía correr. Bill Bossom, su mecánico principal, también era alguien que llamaba la atención en los boxes porque su brazo derecho era artificial… Igual se llevaban muy bien al punto que fue Bossom quien instaló en el auto de carrera de Alan un acelerador de mano acoplado a la palanca de cambios para así compensar la deficiencia física del piloto inglés.

Contra lo imaginada estas limitaciones no tuvieron influencia en el accidente que terminó con la vida de Stacey a los 26 años. Un accidente recordado entre los más insólitos en la historia de la Fórmula 1. Es que el origen del mismo fue un pájaro que se cruzó en el camino del Lotus 18 Climax del inglés, en momentos que encaraba la recta de Masta a 190 Km/h, con tal mala fortuna que impactó en la cara de Alan. El descontrol del auto fue inmediato y lo proyectó fuera de pista para terminar volcado en un campo e incendiado. Nunca quedó claro si Stacey murió desnucado por el impacto del pájaro o por el golpe y el fuego del vuelco.

Así quedó el Cooper-Climax de Bristow tras el arriesgado intento de sobrepaso a la Ferrari de Willy Mairesse que terminó con su espectacular vuelco y con la vida del joven piloto inglés.

Un joven escocés que ese soleado domingo 19 de junio de 1960 corrió su segunda carrera en el Mundial como uno de los compañeros (el otro era Innes Ireland) de Stacey en el equipo Lotus quedó muy impresionado por el accidente de Bristoiw porque fue testigo cercano y luego vio como los auxiliares retiraban su cuerpo. Encima al llegar a boxes se enteró de la muerte de Stacey. Todo esto le quitó la alegría por el 5° puesto que le dio sus primeros dos puntos en el Mundial y le hizo evaluar la posibilidad de dejar las carreras. Conocedor de su excepcional talento, Colin Chapman lo convenció de lo contrario. Ese joven era Jim Clark. El mismo que seis años más tarde protagonizó un accidente similar en la clasificación del Gran Premio de Francia en el velocísimo Reims pero pudo controlar el auto y sólo sufrió un derrame en el ojo izquierdo que le impidió correr la carrera. “De puro milagro y gracias a la gran habilidad conductiva de Clark no pasó una tragedia” destacó el periodista Gerard Crombac, amigo del Escocés Volador.

Chapman rememoró el accidente de Stacey con una contundente sentencia. “Pese a su habilidad conductiva, no creo que Spa lo hubiese perdonado a Jim…” dijo con el recuerdo de la mayor peligrosidad e inseguridad de aquel trazado belga por sobre Reims. Una peligrosidad e inseguridad que hace seis décadas Bristow y Stacey pagaron con sus vidas para así instalar en la historia a ese Gran Premio de Bélgica con el triste privilegio de ser la única carrera del Mundial de Fórmula 1 en la que murieron dos pilotos.

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