CONTRA TODO EL ENTUSIASMO Y LA PREVISIÓN DE REGRESO.

El fin de semana que llega será el número 25 sin carreras de automóviles por los campeonatos argentinos. No hay que agregar leña al fuego: el ambiente ya está bastante calentito. Pero sí parece oportuno trazar el impacto que el nuevo panorama produce en los humores de los protagonistas del automovilismo nacional.

Ahora, además de contrariedad y mal genio, hay desconcierto. Los pilotos que no pueden correr y facturar, los preparadores que no pueden cobrar, los equipos que no pueden actuar, los periodistas que no pueden transmitir…; este parate involuntario de casi medio año generó una acumulación de bronca e impotencia que, como válvula de escape, se disparó en general contra los poderes establecidos.

No se pasaron facturas internas, sino hacia afuera de la burbuja de los fierros. “Queremos trabajar, ¡solo eso! No estamos pidiendo salir a robar. Ojala una vez los políticos dejen de lado sus diferencias y entiendan el pedido… ¡Trabajar!”. Eso opinaba un piloto top.

Se apuntó masivamente al gobierno nacional y sus ministerios de Salud y de Deportes, y más tibiamente a las administraciones provinciales. Al principio con cierta deferencia, al final sin disimulo. Otro campeón argentino escribió: “Da rabia ver cómo se juega con el trabajo y el futuro del automovilismo, del deporte, de la gente que labura y de todos los argentinos. ¿Alguien con capacidad y responsabilidad gobernará este país alguna vez?”.

Y no fue de los más duros…

Desde Visionauto y Vision Auto Radio señalamos, desde prácticamente el inicio del estallido pandémico en el país, que el problema era mucho más grave de lo que el automovilismo pretendía, y que la solución vendría eventualmente al más alto nivel político, no desde las gestiones intermedias. Las notas de VA y los podcasts de VAR lo prueban, por si queda algún despistado.

La angustia que invadió a los argentinos, el árbol que no debe tapar el bosque ante miradas sesgadas (Foto gentileza diario Perfil).

Eso fue lo que ocurrió. Pronosticamos que el automovilismo solo iba a poder poner primera una vez que el fútbol hiciera rodar la pelotita, y también sucedió así: solo una vez que se autorizó la vuelta a los entrenamientos de los planteles de Primera empezó a moverse la posibilidad de que los autódromos pudieran ser escenarios de ensayos. ¿Bola de cristal? No, simplemente una conclusión que fue fruto de un análisis más amplio, que el que suele producirse desde la mirada por definición más estrecha de un interés particular.

El desconcierto se produce ahora porque ha salido a pista, inesperadamente, un nuevo protagonista. La reacción de los habitantes de Rafaela frenó el regreso del Turismo Carretera. Ya dejó de ser el automovilismo y sus pretendidas 40 mil familias que quieren volver a trabajar, versus los distintos niveles del Estado que arbitran el balance de la cosa pública. Una cosa es criticar a los poderes instituidos, que muchos ya tienen por costumbre –porque la ley de la entropía se verifica en cada rincón del Universo- y otra muy distinta es apuntarle los cañones a un sector de la opinión pública. Y sin embargo…

“El automovilismo cuando visita una localidad genera un movimiento económico del que nunca escuché que alguien se quejara. Es más, incentivó a varias provincias a construir sus autódromos. Hoy, que esta industria necesita ponerse en marcha, lo hace de manera aislada… ¿y se oponen?”.

“Rafaela le debe mucho al TC, es una ciudad que le va muy bien cada vez que la visita la categoría. Hoy Rafaela le dió la espalda al TC cuando más la necesitaba”.

La cruda realidad actual, autódromos desolados. ¿Cuantos intereses se esconden?. El lugar que debe ocupar la gente. (Foto gentileza 2020titulos.com.ar)

Parecen denuestos de políticos venales pasándole factura a la gente de a pie:te dimos las zapatillas, el colchón y las chapas y, sin embargo, votaste a otro…”. Expresiones que no vinieron de candidatos a diputados o concejales, sino de periodistas con necesidad de que haya carreras, así como otra gente entiende que para continuar adelante necesita sentirse saludable, segura.

Y, sí. Acaso tienen miedo. ¿Tan extraño resulta? Un sentimiento natural, agravado por las circunstancias. Ya hay casi un millón de muertos en el planeta. Tres meses atrás la Organización Mundial de la Salud anunció que el epicentro de la pandemia se mudaba a Latinoamérica. Por eso la situación no es comparable con la de Europa o la de Asia, o la de países que decidieron no tomar precauciones para cuidar la vida de todos sus habitantes.

¿Tanta falta de empatía provoca la pandemia como para generar esas opiniones?

“La gente debería tener más empatía, somos muchos los que estamos sin trabajar”, afirmó en la semana un reconocido dueño de equipo.

Entonces… ¿quién marca la pole-position de las necesidades?

Nadie se mete con la billetera de nadie, y se entiende que muchos están viviendo una situación desesperada. Sin embargo, ¿cuál es el límite? ¿Desconocer un principio democrático? La Constitución Argentina, en sus artículos 14, 18 y 33, sanciona el derecho de los ciudadanos a peticionar. Todos poseen ese derecho. Todas las peticiones en reglamento son válidas.

Pero las formas exasperadas tan propias de la era digital, mezcladas con la locura que produce la pandemia, exacerban los humores de una manera insostenible.

Vivimos una circunstancia completamente inédita en la experiencia de cualquiera, y esa vivencia es universal. No hay antecedentes ni recetas. No habrá registro de un momento peor al actual en la memoria de ninguno de nosotros. Aún así, la voz de la gente –sobre todo cuando expresa sus miedos o temores o angustias o broncas, sin por ello atentar en contra de lo que la mayoría decidió oportunamente- sigue siendo digna de ser respetada. La de todos. Y por todos.

Eso continúa siendo un pilar de nuestra vida en sociedad.

El problema del automovilismo hoy es ése, entonces: poder conciliar todos esos intereses para asegurar su regreso. No es nada sencillo: algunos dirigentes, como Hugo Paoletti  ha sugerido en el último podcast de VAR, advirtieron la probable infranqueabilidad de ese muro a corto plazo.

Un coche de TC pesa un poco más de 1300 kilos. Todo el COVID-19 disperso en el planeta no llega a la centésima parte de ese peso. Y sin embargo, es tremendamente más letal.

El automovilismo, en cualquier forma futura que adopte, con los recursos que vayan a quedarle, sobrevivirá. Ojalá que sea con todos.

Fotos: gentileza Diario El Día (portada)

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3 COMENTARIOS

  1. Muy de acuerdo con vos,Pablo.Muy lucido el analisis que haces de la situacion,brindando una mirada mas abarcativa.Estas son las notas que distinguen a Vision de las otras paginas de automovilismo.

  2. Muy buena lectura.
    Ahora bien,el sistema de salud está saturado, no da para más.Espero equivocarme y tragarme algo mas que mis palabras pero ya no hay margen para habilitar nada.
    Lamentablemente en no mas de 30 días como máximo veremos la mayor parte del pais colapsado y muchas personas no podrá contar con la mínima atención médica si no se restringen actividades en vez de habilitar otras.
    Me duele en el alma que 40000 familias no puedan trabajar y que a otras tantas del futbol tampoco y a riesgo de ser honesto también me duele no poder ir a las carreras y ni siquiera observarlas por TV, ya que en estos últimos 4 años me funcionaban como una terapia para mi endeble salud.
    Ya el Dr. Favaloro tuvo que lidiar con el sistema de salud y resultó un incomprendido del propio sistema, en este caso los terapistas le advirtieron al sr. Presidente del agotamiento del mismo .En este caso los suicidas vamos a ser todos nosotros.-
    Estamos en una encrucijada, quien es el culpable, si alguien lo es no sé pero el virus no ha sobrepasado: salgan de Bs.As. lean las noticias de las provincias, municipios , pueblos y ciudades para tener un panorama más amplio y luego reflexionen.-

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