TAN EXQUISITO MANEJO, COMO PULCRO Y VELOZ. CARLOS MARINCOVICH.

Nacido en esa inagotable Cuna de Campeones, Arrecifes, Carlos Oreste Marincovich fue uno de las figuras de las grandes épocas del automovilismo argentino, aquellas de los 60 y 70.

Época de rutas y autódromos desbordantes de público para ver al Turismo Carretera y a los Sport Prototipos nacionales. Y a pilotos de enorme talla conduciéndolos, como Luis Di Palma, Eduardo Copello, Carlos Pairetti, Héctor Gradassi, Nasif Estéfano, Gastón Perkins, Roberto Mouras, Juan María Traverso. Nombres muy pesados entre los cuales, el “Ruso Marincovich”, como se lo conoce aún en el ambiente, se destacó por su exquisito estilo de conducción.

Reconocido por ese fino manejo, estuvo al volante de autos referentes de automovilismo nacional como el Chevitú, con el que ganó en 1966 su primera carrera en TC, también corrió con la coupé Chevy de la Comisión de Concesionarios Chevrolet de entonces. Se subió y cumplió el cometido en el Berta LR hecho por el Mago para Temporada Internacional 1970. Esa vez, hizo buenas migas con el malogrado mexicano Pedro Rodríguez, la estrella de los Sport Prototipos de esa época. Rodríguez al percatarse de     las condiciones excepcionales de «Sandy», lo entusiasmó para correr en Europa. Sin embargo, sus compromisos deportivos en la Argentina, se lo impidieron si bien no le quitaron al satisfacción del reconocimiento.

En su libro Carlos Marincovich, refleja su vida desde chico en el mundo de los fierros, donde narra momentos rodeados de éxitos, como otros de sinsabores.

-¿Que te motivó Carlos a que te decidieras a escribir el libro de tu vida en el automovilismo?, le preguntó visionauto.

Las carreras fueron y siguen siendo mi vida, por eso, hace mucho tiempo que deseaba escribir sobre la verdadera realidad y pasión de un piloto de automóviles de competición.
Toda la pasión volcada en un sueño, que pocas veces se puede llevar a la práctica, en principio es muy difícil, salvo que tengas dinero desde la cuna!. Siempre ha sido muy complicado contar con lo suficiente como para adquirir un auto de carrera, contratar un preparador y luego conseguir todo lo necesario y la logística para tal fin, obviamente reitero, todo es muy, muy difícil.

-Las carreras de hace décadas, transmitían un mensaje fuerte a los seguidores…

-Mirá, recordar lo que significaban aquellas carreras es algo muy intenso; los pueblos participaban en forma directa, por ejemplo, ofreciendo alojamiento a pilotos y acompañantes en casas de familia, brindándose la gente de los lugares en gran manera, muy solidarios y con un enorme entusiasmo.

-Eran años de carreras tremendas por el esfuerzo que demandaban, por los caminos difíciles recorridos…

-Las durezas de los recorridos, sus caminos y fundamentalmente los sinsabores que en la mayoría de los casos, eran más que los logros; reflejaban como se vivía el automovilismo. Desde ya, cuando llegaban los triunfos sabían hacer mitigar muchas de tantas amarguras que, como las alegrías, muchas veces no sabían interpretar adecuadamente lo ocurrido o acontecido. En fin, deseo que mi libro sea del agrado de la gente, y no transporte además a una época maravillosa.

«Sandy», arquetipo de décadas doradas del automovilismo nacional, merecía su libro.

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