NO TODOS LOS primados son para envidiar. Por ejemplo no da para el orgullo argentino  que un piloto  compatriota haya sido la primera víctima fatal en una jornada del Campeonato Mundial de Fórmula 1, algo que ocurrió hace hoy seis décadas con la muerte de Onofre Marimón durante los entrenamientos del Gran Premio de Alemania en el extenso, legendario y riesgoso Nurburgring.

Tal vez algún puntilloso podrá recordar que los estadounidenses Chet Miller y Carl Scarborough, murieron en 1953 en distintos episodios de las 500 Millas de Indianápolis, la clásica carrera estadounidense que por entonces estaba en el calendario del Mundial pero sin participación ni interés de los europeos.

Sin embargo atenúa el dato saber que la muerte de Miller se produjo en pruebas extraoficiales mientras que Scarborough completo 70 vueltas de la carrera antes de dejar su auto a Bill Scott e ingresar al hospital del circuito donde falleció intoxicado por los gases de combustible de su coche.

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“Salí detrás mío y fijate bien porque te voy a ir marcando los puntos clave del circuito…”. Este fue el consejo que Marimón recibió la noche anterior de parte de su padrino deportivo, nada menos que Juan Manuel Fangio. Intuitivo como era el Chueco, conocía el temperamento caliente de Onofre y buscaba controlarlo por pedido de su padre Domingo, el ganador de la Buenos Aires-Caracas 1948. Si bien Onofre venía incentivado por su tercer puesto en Gran Premio de Gran Bretaña, su segundo y último podio en 11 carreras del Mundial, también le preocupaba que con una Maserati particular estaba un ascendente inglés: Stirling Moss.

Esa preocupación aumentó cuando Moss salió temprano a pista y comenzó a marcar buenos tiempos. La ansiedad de Onofre lo desbordó y sin recordar lo dicho por Fangio salió a la pista. Fue el principio del fin. Al llegar a la zona de Werkseife, y obnubilado por mejorar los registros de Moss, entró en cuarta velocidad una curva que se tomaba en tercera. Su Maserati  250 F se salió de la pista pese al desesperado frenaje, perforó el cerco de ligustros, cayó por una pendiente a un precipicio, golpeó un árbol y volcó. Por si hace falta te recordamos que no eran tiempos donde la seguridad de los circuitos era un tema prioritario. Con fracturas en sus vértebras cervicales y el tórax, Marimón murió camino al hospital de Adenau. Tenía 30 años.

Onofre Marimón (con casco) tenia gran admiración pro Fangio.

El accidente conmocionó al grupo argentino aunque la templanza mostró distintos niveles. Fangio corrió y ganó la carrera. “Hemos ganado Pinocho”, dijo como homenaje al cruzar la meta con su Mercedes Benz.

También corrió José Froilán González, pero su mayor sensibilidad y el recuerdo del amigo caído surgieron cada vez que pasaba por el lugar del accidente. Por eso en la vuelta 15 le cedió el volante de su Ferrari a Mike Hawthorn, que finalmente la llevó al segundo lugar aunque compartiendo los puntos con Froilán. “El título de 1954 lo perdí en Nurburgring porque todo cambió para mi el día que se mató Onofre”, repitió el Cabezón hasta sus últimos días sobre la influencia que tuvo ese accidente en su futuro. Las estadísticas así lo confirman porque después de aquella carrera de Nurburgring,  Froilán sólo corrió 7 Grandes Premios. Completó en Suiza e Italia el torneo 54 que lo vio subcampeón detrás de Fangio y luego sólo participó en los Grandes Premios de Argentina (1955-56-57-60) y Gran Bretaña (1956).  

Si bien la década del cincuenta fue una de las más sangrientas en las pistas debieron pasar cuatro años para que el Mundial de Fórmula 1 tuviese su primera víctima en el desarrollo de un Gran Premio, excluyendo Indianápolis. Fue en Francia, el 6 de julio de 1958, el mismo día del retiro de Fangio. Las ansias de victoria del italiano Luigi Musso y su rivalidad con  Mike Hawthorn , su compañero en Ferrari. lo llevaron a tomar sin medir riesgos  la rápida curva de Mulzon en el ultraveloz  Reims.  Otras teorías hablaron de un toque con Hawthorn ante un frenaje inesperado del rubio inglés.

Lo cierto fue que la Ferrari se despistó, anduvo unos metros por la tierra hasta que agarró un borde de cemento que la proyectó a una serie de vuelcos. El piloto italiano murió poco después en el hospital. Esas ansias de victoria de Musso no sólo, pasaban por lo deportivo. Aquella carrera entregaba una recompensa de 10 millones de liras, la misma cifra de la deuda que Musso tenía con la mafia siciliana por su terrible adicción al juego que años atrás ya le había costado despilfarrar gran parte de la fortuna de su familia. Los “muchachos” le habían recordado su obligación de pago en la mañana de la carrera y Musso prometió saldarla con el premio de la victoria…

 

Por Miguel Sebastián

 

1 COMENTARIO

  1. Musso habia perdido el dinero del contrato con Ferrari en un partido de poker arriba del avion con destino a Buenos Aires para el Gran Premio de 1958.

    La mañana de Reims, al dejar el cuarto, se encontró con un mueble inmenso frente a su puerta que habian dejado sus compañeros de Ferrari lo cual demoró varios minutos su viaje hasta el circuito.

    Fangio le habia dicho que no tenia que sobrepasar por afuera en esa curva porque estaba la alcantarilla pero no quiso escuchar.

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