POR FIN SE LE DIO.

“Vengo bien, pero siempre aparece uno que me arruina la fiesta”, decía con un  toque de humor Manuel Urcera, con el fresco recuerdo de ese triunfo que en San Luis le birló el relevante Santiago Mangoni. La mención se ampliaba a esas otras victorias en el TC que se le evaporaron por las sorpresivas y contundentes  apariciones de ganadores debutantes, como lo fueron Valentín Aguirre en Neuquén y Juan Cruz Benvenuti en Concepción del Uruguay .Y también pudo incluir, esa rotura del motor que en la fecha inicial del TN en La Pedrera cortó el camino a una victoria segura.

Ese triunfo esquivo en las carreras iniciales le llegó a Urcera en la primera visita del TN a El Villicum. Este éxito inicial de Urcera en la categoría, lo proyectó al frente del campeonato de la clase 3.
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Nadie le arruinó el festejo a Manu en El Villicum sanjuanino. Ni siquiera el ímpetu de Josito Di Palma en la lucha, que marcó los mejores momentos de la carrera. De su parte, la fortuna, esa que en un par de ocasiones anteriores le había dado la espalda, le mostró su mejor cara con el abandono de Julián Santero, quien por la andar de su Focus hasta que falló el motor, parecía en el domingo sanjuanino el encargado de arruinarle nuevamente la fiesta de Urcera.

“Quiero lograr esa consolidación y regularidad en el grupo de punta que hasta ahora no pude conseguir”, señalaba Urcera como gran objetivo antes de iniciar una temporada clave para su despegue o el estancamiento en permanente promesa. Lo está concretando viendo su cómodo liderazgo (le lleva 22 puntos a Werner) en el campeonato de TC, y su protagonismo en el Turismo Nacional que también lo levó a la cima del campeonato. La excepción es su descolorido papel en la única acrrera del Súper TC 2000, consecuencia del errático andar de los Honda en el Cabalén.

Sobre el Chevrolet de TC, Urcera muestra una gran confiabilidad que le permitió sumar un par de segundos puestos (Neuquén y San Luis), un 4º (Concepción del Uruguay) y un 5º (Viedma) para ser líder del campeonato.

Por encima de sus méritos y conquistas, difícilmente Urcera llegue al corazón del aficionado, como en distintos niveles ocurre con Canapino, Rossi, Ardusso, Werner entre otros. Ayuda poco su imagen distante, generalmente altanera, y también esa bien ganada fama de piloto de buena billetera. Una situación que le ha permitido ser codiciado por los equipos, disponer de buenas oportunidades, y hasta realizar costosos cursos de capacitación en Europa sobre autos de F-2 y Turismo Mundial. También ante errores  lo hizo blanco de duras críticas como la de “el dinero compra velocidad pero no compra talento”, tuiteada con cierta exageración por Alberto Canapino tras el toque de Manu a su hijo Agustin en la serie de la fecha final 2018 de TC en San Nicolás: Paradójicamente ese toque que lo hizo largar retrasado en la final, resultó clave para la milagrosa coronación del Titán el día del aguacero.

No tiene carisma Urcera pero dispone de una ancha espalda económica. Esto no quita que sepa cómo llevar rápido y bien autos de carrera, y que en base a su experiencia y una excelente preparación física comience a ganar protagonismo. Lo demuestra este gran momento.

 

Fotos: Prensa APAT y Prensa ACTC.

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