MERECIA SER CAMPEÓN

Como habrá sido de espectacular y distinto el estilo conductivo de Ronnie Peterson, que alguien sin ser campeón se ganó el corazón de la gente por su forma en llevar un auto de Fórmula 1, en la época en que los pilotos manejaban a los autos y no los autos llevaban a los corredores, como Gilles Villeneuve uno que lo admiraba por encima de otras figuras de esa época de oro de la Fórmula 1.

Compañero de Peterson en Lotus, Andretti admiraba su estilo: “Verlo deslizar el Tyrrell de 6 ruedas era una obra de arte, una alta escuela de pilotaje”, decía Mario quien logró su único título mundial, en la carrera en la que Ronnie tuvo su accidente fatal…
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“Estoy de acuerdo con la gente que adora a Ronnie porque él les entrega el espectáculo que ellos quieren y van  buscar en las carreras”, decía Gilles, para muchos el heredero del sueco, al punto que también dejó su vida en una pista casi cuatro años después. ¿Casualidad? Ambos compartieron un puñado de carreras entre fines del 77 y buena parte del 78, pero una (Japón 1977), quedó en el recuerdo con la imagen del vuelo de la Ferrari de Villeneuve tras un toque con el Tyrrell del sueco. Salieron ilesos, fortuna que no tuvieron un fotógrafo y un comisario de pista que fallecieron al ser alcanzado por el descontrolado auto rojo.

Como habrá sido el talento y la capacidad del control de un auto de carrera, que Peterson tenía a un múltiple campeón y profundo analista como lo es Jackie Stewart, quien no escondía su admiración cuando lo enfrentaba en la pista.

La Ferrari 312 de Villenueve comienza en Japòn 77 su espectacular y trágica pirueta, luego del toque con el Tyrrell PC 34 de 6 ruedas de Peterson.

“Cuando lo seguía en la pista y veía que cruzaba el auto, me decía: te pasaste, te vas afuera, pero Ronnie siempre conseguía enderezar la línea de marcha y seguir adelante. Era excitante verlo y por eso no me sorprendía que la gente lo adorara”, sigue contado por estos días Stewart sobre su subcampeón 1971, y el piloto que en los tramos finales de la campaña del escocés estaba en pleno proceso de consolidación.

Fue espectacular, distinto, talentoso, Bergt Ronard Peterson; un verdadero equilibrista sobre los autos de Fórmula 1, en una época donde la técnica no había invadido terrenos humanos. No fue campeón. Merecía serlo. Pudo serlo. El destino se interpuso hace cuatro décadas con aquel terrible accidente en el Gran Premio de Italia, donde muchos errores confluyeron para desatar una tragedia que en principio no apuntaba a Peterson, pero que distintos factores como una largada anticipada, una desordenada atención inicial, la demora en la llegada de la ambulancia y finalmente la embolia por las múltiples fracturas en las piernas, lo convirtieron en una víctima fatal no esperada. Asi en la mañana del lunes 11, cuando su compañero Mario Andretti l circulaba por una autopista se enteró por el empleado de la cabina de peaje de la muerte de su compañero. “Esto también forma parte de  las carreras”, atinó a decir ante la mala nueva  que le impidió festejar su título mundial.

Villenueve, Lauda y Andretti marcan el rumbo en la largada de Italia 78, mientras detrás comienza el caos y la tragedia que provocaría la muerte de Peterson y dejaria seriamente herido a Vittorio Brambilla.

Pasaron cuatro décadas. La vida siguió y la de Peterson se prolongó en su hija Nina Louise y en sus nietos. Uno de ellos, es la chiquilina que como muestra la foto de apertura, posa orgullosa junto a la foto de su abuelo doblando con un Lotus. La marca que tal vez, más identificó a este sueco veloz y espectacular como pocos. El mismo al que recordamos hace cinco años en una nota. Por si te la perdiste en su momento, no la viste porque todavía no eras lector de visionauto o simplemente querés volver a leerla, podés verla en el siguiente link.

Vale la pena.

 

 

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