UNA CURVA DE TIERRA a la izquierda, en Colonia Hogar, un caserío perdido en las Sierras Chicas, al norte de la provincia de Córdoba. Sobre las cenizas de un fuego que ardió toda la noche, un guaso empuña la guitarra criolla y le arranca a la gente una serie de tonadas y chacareras, mientras otro usa una heladerita térmica para la percusión. Circula el fernet y el tinto, y hay sereno clima de fiesta. ”Locro 20, chori 10” reza un cartel puesto de apuro y la radio trae un grandilocuente relato de hazaña, como cada día de cada año en que el Rally de la Argentina conmociona a Córdoba. Comienza el desfile, a cada minuto se desliza una máquina de 300 HP en pleno derrape, escupiendo ripio y despertando aplausos. Se puede ser feliz con muy poco.

También con mucho. Hay opciones más exclusivas, aunque no siempre mejores. A cien metros de la beatífica curva se puede acceder a las carpas VIP, previo pago de entre 1.000 a 1.200 pesos. Por ese dinero hay desayuno, almuerzo y merienda, más algunas atracciones: un desfile de modelos, por ejemplo, con la vedette Ximena Capristo como numerito especial, o la posibilidad de codearse con algunos ex famosos, como los ex futbolistas Claudio López (ahora un perfecto corredor de rally, participante del torneo argentino) o Luis Fabián Artime. Y, por supuesto, rally.  Tribunas tubulares montadas al borde del camino recto, bien derecho, permiten ver brevemente el paso raudo de los bólidos, en dos oportunidades a lo largo del día. Se aprecia mucho menos que mezclados con la masa… Esteban Goldenhersch, el sobrino de Jorge Recalde, recuerda anécdotas de cuando corrió el Rally con un Seat en 1999. El tenía su entrada VIP; pero eligió la curva para ver a los autos…

Loeb derrapando en la curva de Colonia Hogar, en la primera etapa del rally de Argentina.

En las carpas VIP no hay discusión sobre el asado, al menos, lo que en la montaña –curiosamente- está en disputa. Porque la prohibición de encender fuego en la foresta cordobesa se extendió a la ceremonia tradicional luego de que ayer mismo la Justicia local diera lugar a un amparo de una fundación de protección del medio ambiente. Fue una sorprendente definición la del gobernador José Manuel De la Sota, que en menos de una semana pasó de elogiar el asado a recomendar “llevar sándwiches de jamón y queso o de mortadela, pero no prender fuego”.

Foto Citroen-Total

 

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