LA LUCHA CONTINÚA.

De nuevo, las 24 Horas de Le Mans. Acaso convertida tan fenomenal carrera en un estigma en la lustrosa vida deportiva de José María López. Le fue esquivo también su cuarto intento, el más concreto y posible. Luego de liderar durante 12 horas, al Toyota TS050 Hybrid nº7 compartido con Kamui Kobayashi y Mike Conway, la rotura del turbo derecho lo mandó a boxes. Fue el principio del fin para tamaña ilusión reconocida por Pechito, ganar una de las  carreras más legendarias del automovilismo en el mundo; objetivo en el que han coincido grandes nombres a través de los años.

La detención de media hora durante la madrugada cuando transcurría la oscuridad en la vuelta 193 (las 24 Horas corridas más tiempo de noche, dada la altura del año en Europa), cuando habían comandado en 170 vueltas, para cambiar el turbo del auto cuando punteaban, sepultó las grandes  chances para llevarse la victoria. Galardón que quedó en manos de los compañeros de equipo en el Toyota nº8, Sébastien Buemi, Kazuki Nakajima y Brendon Hartley, seguidos por el Rebellion nº1 de Norman Nato, Bruno Senna (sobrino de Ayrton) y Gustavo Menezes, resultado que vaya si festejaron largamente.

Una vez reparado el Toyota del argentino, luego de 33 minutos de desenfrenado trabajo de los mecánicos en el motor híbrido V6 de 2400 cc, biturbo, volvió cuarto a la pista. Sin embargo el ritmo distó de lo endemoniado que se pudo suponer para intentar la recuperación heroica. ¿A que se debió?, el TS050 Hybrid nº7 avanzó soportando daños en el piso, producto de pisar restos de un auto que iba adelante. Eso disminuyó el rendimiento  aerodinámico, y por ende la velocidad y la capacidad de frenaje. Entonces, si bien se acercó al Rebellion nº 3 que marchaba tercero, al despistarse e ingresar a boxes, recién se le abrió la puerta al cordobés y sus compañeros para ocupar el último escalón del podio, un premio que no alcanzó para disimular la desazón comenzada cuando Kobayashi ante el alerta de los sensores captados por los ingenieros del Toyota Gazoo Racing, fue llamado a los boxes. Los ojos del japonés abajo del casco, parecieron rasgarse aún más, su impotencia la padecieron abajo Pechito y Conway.

Buemi, Hartley (antes en 2017 había ganado con Porsche) y Nakajima celebran en el auto nº8.

 

El triunfo buscado empezó a escurrirse entre las manos; que además pudo dar un golpe certero a favor de la conquista del Mundial de Resistencia (WEC), que aguarda su definición en las 8 Horas de Bahrein el 14 de noviembre. Siete son los puntos que segundos en las posiciones, separan al terceto compuesto por el cordobés, de los ganadores en Le Mans. ¿La buena?, la obtención del campeonato depende de ellos mismos ya que la escala de puntos para los tres primeros es de 38, 27 y 23.

«Le Mans es una carrera que se corre minuto a minuto, por lo que no hay que generarse expectativas antes de que termine«, había alertado Pechito días antes en un pasaje de la videoconferencia organizada por Toyota Argentina para medios de nuestro país, con el cordobés instalado en el circuito de La Sarthe, situado en las inmediaciones de la pintoresca Le Mans, ciudad para conocer, a unas dos horas al sudoeste de París.

«Tuvimos una falla en un escape a poco de empezar la carrera, así que fue claramente un problema de control de calidad en el escape del lado derecho», contó Pascal Vasselon, director general del Toyota Gazoo Racing. Un problema similar en los materiales, había privado al equipo de la marca japonesa a llevarse la victoria en aquel recordado y adverso cierre de la edición 2016 de las 24 Horas, cuando el auto enmudeció y la gloria de repente se convirtió en pesadumbre a tan sólo una vuelta de la tan venerada cuadriculada, más aún tratándose de Le Mans.

«No sé qué decir, el auto n° 7 era un poquito más veloz que el n° 8; dos veces seguidas merecieron ganar y pasó algo que estaba más allá de su control. (Los pilotos) Hicieron todo bien, se prepararon bien, fueron rápidos y cada vez que ocurre algo no es su culpa. El equipo entero siente pena por ellos», fue lo admitido por Vasselon con cierta pesadumbre. Y sobre el inconveniente extra y posterior con el piso reveló, «en el último stint de Mike el auto que venía delante perdió una pieza de carbono que fue a parar abajo de nuestro auto y dañó el piso. Repararla habría supuesto otra larga demora, así que decidimos seguir más allá que el coche perdiera performance en la tercera parte de la carrera».

El comienzo y hasta la mitad de carrera, a todas lucas.

Los planetas alineados para Pechito, Kobayashi y Conway hasta la mitad de las 24 Horas, resolvieron distanciarse y allá fue a ilusión de los tripulantes del Toyota nº7. La lucha continúa, el nuevo WEC de los hypercars, reedita la batalla de Le Mans en nueve meses…

 

Fotos: Toyota Gazoo Racing WEC.

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