“ALGO RARO PASA…”.

Esta fue la frase escuchada reiteradamente en los boxes de Concepción del Uruguay, como elemental explicación a otro fin de semana deL flojo andar (nunca estuvo entre los 20 primeros y clasificó 24º entre 45 autos) de Agustín Canapino, sobre un Chevrolet que pese a que es el mismo, extrañamente no es ni la sombra del que hace cuatro meses le dio el tercer titulo y elsegundo consecutivo en la categoría.

«No pasa nada con mi papá, si venimos de estar juntos en Sebring», explica Canapino frente a rumores sobre complicaciones en la relación con su padre.
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Algunos, como el reaparecido Lionel Ugalde, tratan de buscar una explicación a esa rareza desde el lado técnico. “Seguramente perdieron el rumbo en la puesta a punto. Los autos del TC son tan especiales, que pueden desconcertar hasta alguien como Alberto Canapino, que es el referente técnico de los últimos años en la categoría”, teoriza el marplatense.

Hubo otras visiones más realistas y también más duras como suelen ser las realidades.”¿Qué pasa? El padre y el hijo están peleados, busquen por ese lado, muchachos”, largó sin vueltas alguien que conoce como nadie los secretos mejor guardados del TC. Esa búsqueda permitió conocer de otras fuentes, habituales del TC, que también piden el anonimato, el origen del conflicto. Según cuentan lo habría generado la decisión de Alberto padre, de utilizar fondos económicos destinados al TC para permitir la participación en el TC Mouras de su hijo menor Matías, hermano de Agustín por parte del padre.

Complicado se había planteado el panorama en pista para Agustin Canapino en Concepción del Uruguay. Apenas pudo clasificar al Chevrolet en el 24º puesto.

“Totalmente inexacto. No pasa nada”, le respondió a secas Agustin a visionauto aunque más demostrativa y verdadera que esas palabras, fue ver su imagen sin ningúna reacción de sorpresa o indignación ante semejante planteo. Completó la escenografía la poco frecuente imagen de un inmutable y distante Alberto, a un par de metros de Agustín, con una vista fija en la computadora que a diferencia de otras tantas veces, nunca se desvió hacia donde estaba su hijo tratando de explicar la situación. Ni siquiera para apoyar su respuesta. Patético.

“Dejalo que siga trabajando”, fue la frase con la que Agustín se interpuso en la intención de vision para charlar con su padre Alberto en el interior del box del equipo.

Sin dudas, algo raro pasa entre los Canapino.

(Especial desde Concepción del Uruguay, Entre Ríos).

Fotos: Prensa ACTC.

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