ES RUBIA, ES LINDA, tiene charme. Lo que no tiene, parece, son condiciones para competir en Fórmula 1.

Con escepticismo se tomó el anuncio de por parte de Lotus de la contratación de la española Carmen Jordá, de 26 años, como “piloto de desarrollo” de la escuadra. Algunos comentarios fueron literalmente despectivos: “No puede revelar un rollo de fotos, mucho menos desarrollar un F-1” se mofó el piloto Rob Cregan, que fuera su coequiper en GP3 en 2012 (el idioma inglés utiliza el mismo vocablo, “develop”, para “revelar” y “desarrollar”, de allí el chiste)

La trayectoria de la piloto de Alicante (casi diez años mayor que el debutante Max Verstappen) es más bien escueta: arrancó en el karting a los 10 años, hizo algunas carreras de GP3 para terminar 30ª en el torneo de 2014, fue cuarta en el español de Fórmula 3 en 2007 (al año siguiente de que Ricardo Risatti fuera campeón de la especialidad) y cuenta con alguna participación en la European Le Mans Series. Parece más bien poco para alguien a quien se postula como “piloto de desarrollo”. En teoría es la cuarta piloto del equipo Lotus, detrás de los titulares Romain Grosjean y Pastor Maldonado y del tester Jolyon Palmer, que es el campeón vigente de la GP2.

¡Qué guapa eres, Carmen...! Pero correr en F-1 es otra cosa...

 

Desde ese punto de vista, parece poco probable que la muy guapa Jorda pueda competir alguna vez en Fórmula 1. Los antecedentes de Lotus tampoco la favorecen: un par de años atrás, el campeón de GP2 Davide Valsecchi pagó cinco millones de dólares para ser el tercer piloto de la escudería: aún no debutó en F-1.

En 2014, Jordá firmó para el equipo Koiranen de GP3. Clasificaba invariablemente última. ¿Sería el coche? Cuando fue reemplazada por el inglés Dean Stoneman, el pibe que se recuperó de manera sensacional de cáncer testicular y al que RedBull podría llevar a la F-1 en un futuro próximo, el mismo coche acabó en la pole-position… con Stoneman al volante.

Jordá parece menos, inclusive, que la escocesa Susie Stoddard, más conocida como Susie Wolff desde que se casó con el austríaco Toto Wolff, en la época en la que éste era accionista de Williams. La rubia hizo algunas temporadas en el DTM y su marido la subió al carro de Williams, en el que viaja desde hace tres temporadas. Susie ha hecho videos, presentaciones y marketing, pero se subió poco a los coches de F-1, y solo durante ensayos. Tampoco debutó aún en F-1 y esa chance sigue lejana.

Quien parecía un buen prospecto, la suiza Simona de Silvestro, se quedó a mitad de camino, luego de haber firmado un acuerdo con Sauber, la única escudería de F-1 dirigida por una mujer, la abogada Monisha Kalterborn. Silvestro registraba buenos resultados en IndyCar y, especialmente, el respeto de sus rivales, pero –independientemente de su capacidad conductiva- cuando no pudo cumplir con los compromisos comerciales contraídos con la escuadra de Hinwil, su sueño de F-1 quedó abortado.

Mucho más trágico resultó el sueño de María De Villota, que sufrió un terrible accidente en 2012 mientras probaba un Marussia y, menos de un año después, perdía la vida en misteriosas circunstancias.

Lejos han quedado los tiempos en que Maria Grazia “Lella” Lombardi se clasificaba sexta en el GP de España de 1975, o la sudafricana Desiree Wilson ganaba una carrera de la Fórmula 1 Británica (conocida como Fórmula Aurora) en 1980 sobre un Williams de F-1. Las mujeres coquetean con la máxima categoría pero los equipos parecen poco dispuestos a darles más lugar y, sin duda, remisos a entregarles una butaca para correr Grand Prix.

Por P.V.

Foto: Lotus

 

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