UN PREMIO AL SACRIFICIO.

Es el sabor que dejó la convocatoria del equipo ofIcial Honda de WTCC para que Esteban Guerrieri se haga cargo, en Motegi, Japón, del auto que dejó vacante el portugués Tiago Monteiro, todavía convaleciente de un accidente sufrido en una pruebas.

Están fuera de discusión las condiciones de Esteban, de largo recorrido en el exterior en categorías de monopostos y cuyo último intento de ingresar a la IndyCar, luego de dos subcampeonatos consecutivos en la Indy Lights, se frustró por la tan trillada como real falta de presupuesto, el punto débil para los argentinos que quieren hacerse de un nombre y una carrera en el exterior.

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Ahora, en el WTCC, obtuvo buenos resultados, con dos triunfos en su haber, con un auto de un equipo particular, al punto que de tener sólo algunas fechas aseguradas a principio de año, terminó siendo confirmado hasta al final de la temporada y, ahora, con el agregado de que se mostrará con un auto oficial, de los que está peleando el título.

Esteban tiene una gran oportunidad de mostrarse con un auto oficial. Un premio a su buen año.

 

Está claro que, si Guerrieri consigue destacarse en Motegi, puede sembrar una semilla que tal vez, en un futuro cercano, lo lleve a ser contratado por Honda para tener la posibilidad de manejar un auto de punta y con aspiraciones de campeonato. Esto, claro, si el WTCC termina de definir qué será de la categoría en 2018, algo que todavía está en veremos.

Y aquí surge otra cruel paradoja, porque en un año bueno para Esteban en su ansiado retorno al automovilismo internacional y cuando aparece esta chance de mostrarse con una herramienta acorde, el futuro de la categoría -y el de Guerrieri en ella, claro- presenta un enorme signo de interrogación.

 

 

Por Cristian Re.

Foto: prensa WTCC.

 

 

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