EL REGRESO DE LA FORMULA 1 A SPA-FRANCORCHAMPS nos permite recrear esta fábula de automovilismo…

Mirá la foto: es una de las zonas más famosas del circuito de Spa, la de Blanchimont, con una curva a la izquierda, una recta y otra curva a la derecha, que se toma a fondo. En el circuito actual, que la F-1 utiliza desde 1983, está junto antes de la chicana previa a los boxes y recta de largada.

SpeedAgro

 

Blanchimont, Spa-Francorchamps, 2012

 

Mirá ahora esta foto. La pista es más angosta, no hay vías de escape seguras, no hay pancartas publicitarias, pero la zona es exactamente la misma, Blanchimont, solo que casi medio siglo antes y, sí, un coche de F-1 protagoniza un grave accidente…

 

Blanchimont, Spa-Francorchamps, 1967

 

La fotografía fue tomada en la primera vuelta del Grand Prix de Bélgica de 1967, el 18 de junio de aquel año, hace más de 44 temporadas. El auto es una Ferrari 312, su piloto es el ingeniero inglés Michael “Mike” Parkes. Ese fue el final de su campaña en la Fórmula 1. Pero sobrevivió para contarlo:

“Muchas veces corrí en Spa, un circuito extremadamente difícil y rápido. Hacia el final de la primera vuelta, estaba tercero. En punta iba Jim Clark con el Lotus, segundo marchaba Jackie Stewart con el BRM H16 y Chris Amon venía cuarto, unos 50 metros detrás de mí. El motor del BRM era como dos motores boxer de 8 cilindros uno sobre otro, y tenía reputación de consumir mucho aceite. Por eso llenaban los radiadores y el tanque recuperador siempre estaba al borde. Blanchimont eran dos curvas que se tomaban prácticamente como una, a fondo, y era lógico pensar que el aceite del BRM se iba a derramar en esa zona. Patiné en esa mancha, y no recuerdo más… El que lo vio todo fue Chris (Amon)”.

Vamos al relato del neocelandés, compañero de equipo de Parkes: “Yo venía atrás, él hizo el trompo y yo también la pasé mal, levanté el pie del acelerador, lo que fue un error. El auto cruzó la pista marcha atrás, pegó contra el talud y en lugar de regresar a la pista, empezó a rebotar contra el banco de tierra… el más horroroso accidente que uno podía imaginarse. Unas vueltas más tarde, me pusieron un cartel diciéndome que estaba OK, pero no lo ví y corrí toda la carrera creyendo que estaba muerto. Dos carreras antes se había muerto Lorenzo Bandini en Mónaco…”.

Parkes era el reemplazo del infortunado italiano en el equipo de Fórmula 1. En aquella época nadie usaba cinturones de seguridad, temiendo al fuego, así que en el primer vuelco, el cuerpo de Parkes amagó a caerse del cockpit… pero como el piloto inglés era el más alto de la F-1 (casi 1m90, lo que obligó a Ferrari a construirle un chasis más largo para poder albergarlo), sus piernas le impidieron caer. Fue peor.

En el vuelco siguiente, las rodillas se le doblaron por el peso del cuerpo, los ligamentos se rompieron y los huesos de sus piernas comenzaron a quebrarse en pedazos, con el cuerpo enloquecido como una marioneta sin control, sometido a salvajes volteretas, hasta que finalmente fue despedido. Además de las piernas destrozadas, se había quebrado la muñeca derecha.

 

Parkes despedido de la Ferrari. Un detalle: fijate hacia adónde apunta el pie izquierdo...

De milagro no sufrió la amputación de ninguna de sus extremidades. Pero su recuperación total le insumió unos 17 meses: “si lo hubiera sabido desde el primer momento, quizás me habría sentido tentado a tomar alguna decisión drástica –reveló tiempo después- No me quedaba mucho por lo que vivir”.

Recién en noviembre de 1968 volvió a trabajar para Ferrari, pero como ingeniero. En enero de 1969 fue convocado a testear coches de F-1 en el aeródromo de Módena, pero ese fue el año en que Ferrari vendió el 50 por ciento de sus acciones a Fiat y las decisiones se tornaron corporativas. No había ya lugar para el retorno. Parkes fue designado director deportivo de la escuadra Ferrari de autos sport. Al año siguiente, en 1970, Spa-Francorchamps dejó de ser utilizado por la Fórmula 1, al ser considerado absurdamente peligroso.

 

Spa-Francorchamps: en trazo fino, el circuito utilizado por la F-1 hasta 1970; el grueso, el actual, inaugurado en 1983. El número 17 indica Blanchimont.

El inglés solo volvió a correr un puñado de carreras: la última, los 1.000 Kilómetros de Buenos Aires de 1971, con una Ferrari 512M semioficial: era Parkes quien circulaba delante de Ignazio Giunti cuando se toparon con el Matra de Jean Pierre Beltoise cruzado sobre la recta principal…

Alejado del volante, en 1974, Parkes pasó a ocuparse del desarrollo de competición del Lancia Stratos, el primer super-auto de la historia del rally, equipado con un motor V8 de Ferrari. Eso lo obligaba a vivir en Turín, sede de la Lancia, alejado de Módena…

Allí, cerca de Maranello, vivía Brenda Vernor, una chica inglesa que llevaba muchos años trabajando como secretaria bilingüe en Italia. Parkes la había contratado como asistente en 1964 -un año después de comenzar a trabajar en la Scuderia-, transformándola al poco tiempo en su amante. La historia de amor entre ambos se tornó tormentosa y turbulenta, pero ella fue la gran fascinación de su vida.

El domingo 28 de agosto de 1977, después de una disputa entre ambos, Parkes se subió a su cupé Lancia Beta en Modena, en medio de una terrible borrasca. Debía volver a Turín, para retomar sus tareas al día siguiente. Vernor le pidió que no se marchara: le atemorizaban las condiciones climáticas para el viaje. A los diez minutos, el ingeniero regresó, pero solo para dedicarle unas palabras a la mascota de ella, una perra labrador. “Adiós, Francesca, cuidá de Brenda”. Fueron las últimas palabras de Mike Parkes que Vernor oyó. La cupé Lancia nunca llegó a Turín. Envuelta en la tormenta se clavó debajo de un camión.

“Si alguna vez le pasa algo a Mike, véngame a ver” le había sugerido Enzo Ferrari alguna vez. La contrató como secretaria: era la época en la que Bernie Ecclestone emergía como patrón de la Asociación de Constructores de Fórmula 1 (FOCA) y el Commendatore precisaba una intérprete confiable. Fue durante ese proceso que Ecclestone recuperó Spa-Francorchamps para el calendario de la F-1, precisamente tres décadas atrás. Cuando Ferrari murió, en 1988, un cuarto de siglo atrás, Vernor pasó a trabajar con Piero Lardi-Ferrari, lo que hizo hasta su retiro.

Brenda Vernor y Patrick Tambay, Laguna Seca, 2008.

 

Y el domingo volveremos a ver Fórmula 1 en Spa. ¡Qué delicia!

Por Pablo Vignone

Fotos: www.mikeparkes.co.uk, Pirelli, finecars.cc

 

 

 

 

7 COMENTARIOS

  1. Sr. Vignone, otra vez gracias.

    Para los amantes del automovilismo y de la historia, inclusive la del automovilismo, es un verdadero deleite leer sus notas.

    Un abrazo.

    • Jul14 Could not be prouder of my two dear frdneis collaborating to mentor young girls. This is the kind of leadership and role modeling that is in need today. Much love and keep up the amazing work. DC

  2. Como siempre PV, un placer leer estas historias. SPA esta lleno de recuerdos argentinos. Me quedó grabada esa clasificación que siempre contaba Froilan, que de tan confiados, el equipo Ferrari se temprano al hotel con los tiempos que habian hecho, pero todavia quedaba Fangio en pista. El cabezón lo vio bajar por la vieja Stalevot y venia tan fuerte que gritó: «El padrino se mata» y se tapo los ojos con el brazo para no verlo y Fangio no sólo entró en la curva sino que metió la pole como siempre.
    Fangio tambien levantaba al final de ORouge cuando reconocia un cambio de coloración en la arboleda.

    Son muchas esas pequeñas historias para llegar a la misma conclusión:
    Que pelotas que tenia Fangio arriba de esos autos!!!!!!!!!

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