PROBABLEMENTE SEA MENESTER separar lo sucedido en dos esferas distintas. La interna del equipo Peugeot y el coqueteo con los límites del LSG.

 

SpeedAgro

 

El Duelo de Leones entregó un último capítulo que, mirado con un prisma desinteresado, resultó positivo para el automovilismo. La discusión acerca de la maniobra de Agustín Canapino sobre Néstor Girolami pasó ampliamente los límites de la medianoche del domingo para convertirse en tópico del hincha común hasta bien entrada la semana. Eso, lejos de suceder habitualmente, es una rareza de los últimos tiempos de semanas esterilizadas sin pruebas, acotadas por los reglamentos, ni ruidos de motores, silenciados por la necesidad.

¿Hizo bien Canapino?. ¿Desde dónde se lo juzga?. El sentido periodístico, que el que nos alienta –porque de los intereses de los equipos se encargan sus responsables– indica que la maniobra aportó una dimensión extra a la carrera del domingo en Rafaela, un circuito al que (Norberto Fontana dixit) habría que ir a correr dos veces por año, aunque eso se haga casi imposible porque el apoyo provincial está detrás del callejero de Santa Fe.

Esa dimensión extra estuvo dada por la polémica generada. La CDA dictaminó en contra. Las reiteraciones (un beneficio del que no se dispone en otras disciplinas, en las que hay que sancionar al toque y sin la bendición de la cámara lenta) permiten concluir que fue una maniobra fallida. Fuera de la reglamentación.

Pero es absolutamente cierto también que disparó, en el kilómetro que quedaba de carrera, tanta emoción como en las casi 25 vueltas anteriores. Canapino se mandó al frente como podrían haberlo hecho Fontana, Pechito López o el mismo Rossi. Quizás Girolami lo habría hecho también, si la relación psicológica entre ambos compañeros de equipos fuera igual de asimétrica, pero de distinto signo. Bienvenida entonces. ¿Se equivocó Canapino?. ¡Y qué importa!. Su equivocada elección disparó una serie de acontecimientos que hicieron las delicias de los hinchas y, también, la nuestra.

De lo otro no se habló, en cambio. Lo comentaron, sí, los muy fanáticos, pero no el hincha pedestre, el que se quedó con ese cambio de escenario en el que la victoria fue a parar a las manos de Ford, aunque el óvalo no esté enterado, ni le preocupe si sus productos compiten en condiciones de ganar. ¿Será por eso que en NASCAR, estas situaciones se castigan con fuertes multas y descuentos de puntos, pero no con la pérdida del triunfo para que el espectador común no se confunda?

Está claro que Hugo Cuervo siempre juega al filo. Es parte de su clave, acaso su clave misma. Lo han pescado en varias situaciones enojosas, al punto que es lícito preguntarse ¿cuántas serán aquellas en las que no lo agarraron?. ¿Coincidirán esas ocasiones con algunos de sus éxitos más resonantes?. Hay presunción de inocencia, claro, hasta que no se demuestre la culpabilidad. En este caso, lo pescaron no por uno ni por dos milímetros, sino por 19 sobre 100, casi un 20 por ciento de exceso.

En todo caso, esta sanción es más justa que la que recibió Canapino, pongámosle, pero… si el alerón hubiera estado ubicado de manera correcta, ¿habríamos vivido el final de película que disfrutamos con auténtico placer?. Un Focus en reglamento, ¿le habría permitido a Mariano Werner  llegar a la última curva de la carrera final en condiciones de ganar?.

Dicho de otra manera: un Focus en condiciones habría coronado vencedor al Bebu Girolami el mismo domingo, al toque. Y quizás el runrún de los últimos días se habría visto reducido a una mínima expresión. Perdió Canapino, perdió Werner, Girolami recuperó lo que le pertenecía hasta un kilómetro antes de la bandera a cuadros. Pero, por sobre todo, fue triunfo amplio del automovilismo.

Por Pablo Vignone

 

 

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1 COMENTARIO

  1. No estoy de acuerdo, para mi la maniobra fue totalmente inutil, quedaba mas de medio circuito a velocidad lanzada y lugares de sobrepaso como la otra chicanca, en Rafaela muchas veces no gana el que va puntero. Canapino se penalizo solo por no pensar. O sea disiento de la mayoría que vio una corajeada de Agustin, me hubiese gustado ver un final a plena velocidad.

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