NADIE LO PRESIONÓ para que a los 12 años arrancara a probar suerte en  karting en la tierra, en su 9 de Julio natal.

Ni siquiera el hecho de ser el hijo de Daniel Cingolani, campeón del TC 2000 en 2000 con un Ford Escort Zetec. Nada ni nadie lo obligó a subirse a los autos de carreras, pero lo lleva en la sangre. Por eso Tomás Cingolani ahora prueba suerte en la misma categoría que su padre festejó un título.

El chico de 21 años compite en el TC 2000 y estuvo en el callejero de Buenos Aires, segunda cita de la especialidad. Después de pasar durante cuatro años en distintas categorías de fórmula, decidió subirse a los autos con techo. Pero lo toma con calma. No se desespera porque nadie lo presiona. Mucho menos Daniel, su padre.

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“Mi viejo nunca me dijo nada. Yo siempre tuve la libertad de hacer lo que quisiera. Siempre quise correr y lo hice. Él siempre me apoyo, aunque le pedí a los 10 que me subiera a un karting y recién a los 12 lo hice”, comenta Tomás en una amena conversación con VA.

Sorprende su tranquilidad y el sentido de la ubicación de este joven estudiante de Publicidad y Relaciones Públicas en la Universidad Católica de Buenos Aires (cursa el segundo año). Podría tomar ventaja por el hecho de ser “el hijo de”, pero no lo hace. Quiere divertirse y probar suerte en la actividad que tantas alegrías le dieron a su padre. “Yo no busco nada. Quiero que las cosas se vayan dando de a poco y sin desesperarme. Quiero ser yo y escribir mi historia”, avisa.

“Los que me conocen saben que soy el hijo de Cingolani, pero eso a mí no me cambia nada. Ser hijo de un corredor tiene sus cosas, pero no para mí, sino para los demás que pueden pensar cosas que no son”, apunta.

-¿Te ha enseñado algo tu papá sobre las pistas y cómo manejar?.

-Sí, y manejamos muy parecido. Nos dicen que tenemos técnicas muy similares y que también hay cosas semejantes en el modo de correr. Igual, yo quiero tener mis cosas y mis propias características. Ojalá algún día lo pueda lograr.

 -Es decir que te gustaría cambiar algunas cosas…

-No sé. Yo soy hijo de él, no lo voy a cambiar. Ojo, tampoco me molesta, no quiero hacerlo. 

-Se los ve muy unidos, ¿cómo es la convivencia?

-Muy buena. El equipo lo armamos nosotros. Él está a cargo de la escudería y eso me deja muy tranquilo porque él tiene mucha experiencia. Además del equipo tiene una agencia de motos y campos, así que labura todo el día.

 -La experiencia es lo único que no se compra.

-Sí, es totalmente cierto. Yo tengo al lado mío a un tipo que sabe muchísimo y por eso espero aprovecharlo. Además él no me pide ni me exige nada. Entonces si yo quiero dejar de correr, puedo hacerlo sin ningún problema porque él no me va a decir que siga. Es un fenómeno.

Por el equipo VA

Foto: Mónica Paz

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