FUERON TRES SENTADAS EN EL WILLIAMS.
Un pibe aspirante a llegar a la Fórmula 1 y, conquistarla para que el sueño cumplido fuera perfecto. Ese era Franco Colapinto hasta el fin de semana del 1 de septiembre en Monza, desde ya como otros jovenes promesas en el mundo que comparten el mismo ideario. Franco, un piloto de 21 años que lidiaba en la Fórmula 2, en un año crucial, que debía mostrarlo al final del ejercicio como uno de los grandes destacados para potenciar su carta de presentación para que fuera tenido en cuenta para pegar el gran salto; sí a la Fórmula 1.
Hasta que llegó, transcurrió y pasó Monza, y todo empezó a cambiar para el pibe. H empezado a crecer, Singapur significó otro paso en ese crecimiento como piloto de F-1, así como se expande su figura. En la noche del país del sudeste asiático enfrentó el tercero de los nueve retos convenidos, mientras, su futuro da pie a versiones y especulaciones en positivo.
Largaba desde la sexta fila, detràs de su compañero Alex Albon, merced al 11º y 12º lugares ocupados en la clasificación, donde a diferencia de Azerbayian, no consiguieros superar la segunda sesión (Q2) para codearse con quienes entre los 10 más veloces, fueron por la pole luego abrochada otra vez por Lando Norris en uno de los dominador McLaren.
En el tortuoso y a la vez impecable circuito urbano de Marina Bay, iluminado a giorno en la noche de Singapur, Colapinto ofreció otra muestra de sus aptitudes en plena etapa de desarrollo, y la vez de conocimiento para el ambiente y para entusiastas, ni hablar los argentinos, y de otras partes del globo.
Antes de otro toque de informalidad y desparpajo, cuando chicaneó a lo hinchas de River como boquense ante el superclásico a jugarse en Buenos Aires, se puso serio y al hablar de su clasificación consideró que se sentía, «conforme y frustrado», mientras muy transpirado y su cara enrojecida, eran la clara muestra del máximo esfuerzo y desgaste físicos demandados por Singapur.
Admitió sin reparos algunos “pequeños errores” (quizá en alusión a un par de roces contra las paredes,que le costaron progresar en los tiempos), y después dijo «hay cosas que debemos revisar con el equipo para mejorarlas”. A propósito, para Singapur, el auto del tailandés nacionalizado británico Alex Albon, contó con mejoras técnicas que marcaron unas diferencias a su favor respecto al coche de Colapinto; el argentino estimó que para la siguiente fecha del Mundial el 18 de octubre en el Circuito de las Amèricas en Austin, Texas, EE.UU y una semana más tarde en el Hermanos Rodríguez para el Gran Premio de México, también las contará.
En su último intento por pasar al último turno clasificatorio, a Colapinto le calzaron un juego de neumáticos blandos, en momentos en que la pista se puso más difícil y cambiante y no consiguió el objetivo, ubicándose a 031/1000 del décimo clasificado, Fernando Alonso en el Aston Martin. «Digo que me sentí un poco frustrado por no haber ingresado a la Q3, porque sabía que estaba muy cerca; pero bueno, a seguir trabajan, creo que tengo un auto bueno, también ritmo para afrontar la carrera y un juego nuevo de neumáticos medios que me podrán favorecer».
Con Lando Norris en punta, y Max Verstappen atrás a siete metros, se largaba el Gran Premio de Singapur. Colapinto partía desde la sexta fila rodeado por autos y paredones, con el insoportable calor y humedad que no aflojaban casi ni a la noche cuando se corría la carrrera afrontadaa por Franco con un objetivo, «me gustaría mucho volver a sumar puntos».
62 vueltas a la pista de 4940 metros, con lugares donde solo pasaba un auto por lo estrecho, y otros de alta velocidad en las calles de Singapur. Una ciudad impactante.
BAJO LA LUNA DE SINGAPUR
Fotos: Williams Racing