Luciano Benavides y Kevin Benavides juntos en el Edificio Lumina Thames.
Los testimonios sin medias tintas de Luciano, ganador por primera vez del reciente Dakar en Motos y de Kevin su hermano, dueño del Dakar en dos ocasiones en motos y este año, al cabo una vez cumplida la decisión de dejar las dos ruedas después del accidente en 2024 que lo puso en riesgo de vida, debutando con un UTV y arribando séptimo.
Luciano relató con crudeza y felicidad el histórico triunfo por solo dos segundos, con su rodilla aguantando el dolor por los meniscos lesionados en rally raid en Marruecos a unos tres meses del Dakar, golpe que puso en duda su participación hasta llegar físicamente con lo justo para montar la KTM 450 Rally.
«La lesión me ayudó a ganar mentalmente porque me hizo enfocarme 100% en mí, en lo que podía hacer y también creer en mí. Ahora tengo que pedir un turno para seguramente operarme en los meniscos, me los destrocé. Un día antes probando, para colmo, me caí y pensé que no podría largar el Dakar, los médicos me sacaron cuatro jeringas con sangre y liquido de la rodilla. Eso me llevó a enfocarme en mi y correr tranquilo, en paz conmigo mismo, creo que esa fue la clave junto con el trabajo en la previa con Kevin»
El final fue no apto para cardíacos. ¿Qué son dos segundos en un Dakar? ¡Nada! A lo sumo esquivar una piedra para la izquierda o la derecha. O tardar un segundo de más en tomar una decisión. Hacia algo de eso se refirió el flamante campeón.
«Confié en ese momento 100 por ciento en mí. Dije ´es por acá´. Cuando terminó era esperar a ver si le ganaba o no, había que chequear todo. Más que ajustado, en todo sentido». «Cuando pensé que había perdido por dos segundos me quería morir».
El que vivió ese momento a flor de piel fue su hermano Kevin, que así contaba en un imperdible testimonio aquel momento que, de seguro, resonará por años en cenas de la familia Benavides:
«Sentía que tenía que verlo antes de que salga, entonces a la mañana me desperté, fui, me lo encontré y había buen ambiente. Dije ´puede ser´. Cuando miré al equipo Honda había un clima diferente, tensión. Yo estaba con música, a lo argentino. Fue un momento más relajado. Dije ´ojala se dé´. Sabía que era difícil. Cuando lo abracé le dije ´peleala hasta lo último que se pueda, no dejés de creer´. En el kilómetro 80 habían posibilidades, entonces dije ´vamos a recibirlo´. En el Dakar un segundo es increíble, no es fácil que suceda. Salí corriendo para recibirlo y cuando llegaba, venía corriendo, vi pasar la moto muy a lo lejos y dije ´ese es Luciano´, era la primera que pasaba. La vi muy lejos, salí corriendo, llegué y veo que solo estaba él. Nadie entendía nada. Los cuatro minutos se hicieron muy largos. Cuando llega Ricky Brabec dicen que están casi igual, de ahí fueron momentos de hipertensión hasta que aparecieron los primeros tiempos. La aplicación marcaba que Luciano había ganado por dos segundos, pensé que era la etapa y decían ´no, es la general´. Veíamos que los comisarios llamaban y preguntaban. Ese momento fue increíble».
Pero no todo fue la agonía de la carrera, porque para tener la posibilidad de llevarse la victoria hasta la última jornada, Luciano debió pelear durante varios días en el tope del clasificador. Algo de místico tuvo ese cierre, y para él, toda la prueba:
“Tuve muchas señales en la carrera. También lo había dicho en una entrevista antes. Había quedado un poco solo pero dije que la iba a ganar porque así lo sentía y así fue. Se logró en la definición». «Se me vino la imagen de cuando tenía el KTM con nueve o diez años, tenía el número nueve y este fue mi noveno Dakar. Esa foto la vi antes de largar y dije ´debe ser una señal´».
Un poco de eso renegó Kevin, no podía creer el cierre que vio triunfador a su hermano menor. «Creo que se llega a eso no por suerte o coincidencia sino por todo un trabajo previo muy largo que te lleva a estar listo a eso y cuando llega el momento saber qué hacer. Cuando terminó le dije ¿viste que hay que creer hasta el final, que todo podía pasar?».
El inconfundible y emblemático trofeo que recibe cada ganador, en manos de Luciano.
Kevin corrió en la categoría Challenger y ganó dos etapas, convirtiéndose en los primeros hermanos en obtener un triunfo en dos categorías distintas. También expresó lo que significa competir en distintas divisionales. «Entendí mas lo que se siente desde afuera, realmente creo que hacer lo que hacemos en motos es porque tenes que estar un poco loco. Yo como piloto se lo que hay que pasar, y en auto el riesgo lo bajamos muchísimo».
El nuevo monarca bromeó acerca de su futuro y una promesa que quedará en el aire:
«Si ganaba un Dakar me retiraba pero no se si voy a poder cumplir esa primera», declaró un tanto entre risas. Además agregó que se ve corriendo en autos una vez que decida bajarse de las motos, aunque aún no sabe si él corriendo y Kevin de navegante.
Con respecto al desarrollo a la gran carrera aventura y su seguimiento en Argentina, se refirió al deseo de ser una inspiración para los más jóvenes y que estos tengan la ayuda necesaria para cumplir sus sueños dentro de la disciplina en cualquiera de sus variantes. Entendió que tener el Dakar en el país fue un empujoncito para aquellos compatriotas que lo conforman: «Quisiéramos hacer que chicos se animen a hacerlo y enfrentarse a correr un Dakar. En Argentina tenemos nivel y capacidades para hacerlo, falta apoyo y como trabajar para poder llegar. No es fácil, hay mucho sacrificio, sufrimiento y adversidades. En un par de años, todo llega, vamos a dejar de correr. En lo que respecta a motos todos tenemos una fecha de vencimiento. Sería muy lindo tener más argentinos que compitan en el Dakar. Cuando tuvimos el Dakar en Argentina despertó y soy un agradecido de que el Dakar haya venido a Sudamérica. Que quede en Arabia es un impedimento más pero no es imposible, ojalá podamos tener más argentinos y dar más alegrías».