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ES UN FENÓMENO MUY PARTICULAR EL QUE SUCEDE.

Consiste en seguir de cerca la actuación del argentino en la Fórmula 1 pero solamente registrar los episodios benignos, ignorando todo lo demás. Como si actuara cierto efecto chamánico detrás, una superstición de los tiempos que corren, viene a fungir como un antídoto contra todos los males de la F-1.

Curioso: a Carlos Reutemann lo trataban de perdedor cuando salía segundo; a Esteban Tuero lo cargaban en TV en horario central cuando viajaba normalmente cómodo en el peor auto de la categoría; el piloto de Pilar, redes sociales mediante, es defendido con denuedo de todos los malos que presuntamente  quieren dañarlo, o impiden que tenga mejores resultados: el equipo, el coche, los mecánicos, los jefes, los subjefes, los rivales, los que eran amigos. Ni hablar de los que ven complots en cada curva.

Es un proceso muy peculiar, consiste en ver sólo el vaso medio lleno. Un despiste es menos importante que un error de estrategia del equipo. Un puesto en el fondo de la grilla es menos trascendental que una décima de segundo menos en algún sector de la pista respecto a su compañero. No meterse en forma consistente en Q2, cuando su compañero ingresa a menudo en Q3, no es relevante en la medida en que la diferencia entre ambos se achica.

¿Esto es lo que se llama ver el árbol y no el bosque? ¿Un árbol de Navidad con lucecitas de colores siempre prendidas?

Franco junto a Alonso y Hulkemberg durante
una de las conferencias de prensa FIA

 

Con esa operación, esto de arriba ES Colapinto.

Y esto de abajo, NO ES Franco.

El Alpine del argentino, luego del golpe en

 las pruebas de neumáticos en el Hungaroring.

 

No se trata -creemos en Visionauto– de vasos medio llenos o medio vacíos, sino del vaso completo. El incidente en el Hungaroring, su despiste mientras ensayaba las cubiertas de 2026, ha sido tan real como haber entrado en la Q2 el sábado clasificatorio para el GP húngaro, cuatro días antes. Y un análisis sensato y profesional tiene que incluirlo todo.

Los fanáticos de Colapinto tienen todo el derecho a mirarlo correr de manera sesgada. Llevando adelante una y otra vez esa Operación Colapinto, defendiendo su carácter de causa nacional, apoyando todo lo que haga (bien), minimizando los errores y amplificando sus avances, mirando con recelo a quienes no hacen lo mismo. Suponiendo que, al ignorar los malos momentos, estos no existen o -mejor- no causan efectos. Está muy bien. Los asiste su derecho.

El periodismo en general, y Visión en particular, son otra cosa. Las acusaciones de sesgo corren por cuenta de quienes la formulan. Normalmente son los sesgados quienes apuntan con el dedo. Quizás este no sea el lugar para ellos. Aquí no hay Operación Colapinto.

Los periodistas quieren tanto como el que más que Franco sigue compitiendo en F-1. Honestamente, seamos francos, es beneficioso para todos. No es necesario explicarlo. Pero no influimos en lo más mínimo en el curso que van deparando los acontecimientos. En lo más mínimo.

Lo que ocurra en Alpine será responsabilidad de quienes tengan trabajo o cargos allí. No de una una mirada integradora, de apreciar el vaso y describirlo. Que es la que se pretende seguir ejerciendo.

12-8-25

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