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A LO CAMPEÓN

La lluvia bendijo al Súper TC 2000. En un circuito con tan pocas opciones para los sobrepasos como el trazado corto de Rosario, la pista mojada permitió una carrera atractiva, que tuvo la frutilla del postre apenas comenzada con el impecable sobrepaso (foto de apertura) de Facundo Ardusso al poleman Agustín Canapino, por afuera, en el veloz Curvón y sobre una pista mojada.

El Renault de Ardusso fue inalcanzable para el Toyota de Rossi y el Paugeot de Werner. Un trio de lujo para una carrera atractiva.
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“Si no fue la mejor maniobra de mi campaña, le pegó en el palo”, destacó Ardusso en la conferencia de prensa, antes de dejar su silla vacía para cumplir con un compromiso publicitario con un banco santafesino, sobre la maniobra sobre la que edificó su 8º triunfo en la categoría y en primero con el número uno de campeón sobre su Renault Fluence.

“Esas maniobras solo se pueden hacer con pilotos del nivel de Canapino. Destaco su actitud porque bien podía haberse cerrado Fue al limite pero con responsabilidad. Por eso suyo también es el merito que la maniobra haya terminado bien. Canapino supo perder, porque si quería no me dejaba doblar”, agregó y sentenció Facundo en un particular elogio a la contemplativa actitud de un piloto áspero como el Titán, de reconocida buena relación personal con el campeon. Canapino, ¿habría actuado de la misma manera con quienes mantiene un gran rivalidad como son los casos de Rossi, Girolami, Spataro ó Pernía?. Difícil.

Ardusso comparte con sus escoltas un podio con un gran toque infantil. Como el año pasado, Facundo ganó la carrera sabatina en Rosario.

 

“Me sorprendió la maniobra de Ardusso y hasta me asustó en el buen sentido. Fue una muestra del gran auto que tiene”, dijo a su turno Rossi, quien a la hora de explicar el acercamiento que tuvo su Toyota en el final sobre la posición del Renault, volvió a mencionar la superioridad  técnica del auto del rombo.“No sé si estaba cuidando…”, planteó tras bajar del podio al tiempo que la lluvia volvía a aparecer en el circuito luego de tomarse un descanso sobre la parte final de la carrera.

“Se merecen la copa y el champaña”, fue la dedicatoria de Mariano Werner a sus mecánicos que trabajaron bien y rápido sobre el Peugeot 408 que el entrerriano golpeó en clasificación al despistarse por la rotura de la suspensión. En la primera de las dos finales del fin de semana, Mariano hizo lo suyo escalando del sexto puesto al último escalón del podio con sobrepasos a Bernardo LLaver, Fabián Yanantuoni y Agustín Canapino.

“Son unos leones….”, rubricó Werner en un nuevo agradecimiento a sus mecánicos. Fue el elogio justo para los integrantes del equipo del León.

 

Por Miguel Sebastián (Especial dese Rosario)

Fotos: Autosports y Prensa Súper TC 2000