COMO NO HAY MUCHO PARA HACER a esta altura del año, matamos el tiempo subiéndonos a un SuperTC2000 a dar unas vueltas en el Autódromo de Buenos Aires.

Sidra, pan dulce y motores V8. La invitación surgió de parte de Petrobras Argentina, en la persona de su gerente de Comunicación, Alfredo Bernardi, quien nos convidó a tomar parte de un día de fiesta en el Autódromo porteño: el Sportteam, el equipo oficial de Honda y Petrobras, ponía sus dos Civic V8 al servicio de la fiesta exclusiva: unos 30 elegidos se subirían a los autos, en compañía de los tres pilotos del equipo confirmados para 2013: Ricardo Risatti, el promisorio Damián Fineschi y el marplatense Christian Ledesma, que se subía por primera vez a un Civic luego de su largo paso por el equipo oficial Chevrolet.

 

VA junto al Honda Civic con el que Gabriel Ponce de León llegó a los 306 km/h en Rafaela durante 2012.
VA junto al Honda Civic con el que Gabriel Ponce de León llegó a los 306 km/h en Rafaela durante 2012.

 

Manejar, sí, claro, eso es lo que nos habría gustado: probar la violencia del V8 en las manos… Pero te contamos un dato: ni siquiera al presidente de Petrobras Argentina, Carlos Alberto Da Costa, le permitieron conducir el auto. La excusa fue que es complicado adaptarse al cambio secuencial paddle shift. Como prerrogativa, Ledesma lo llevó a dar tres vueltas en lugar de dos…

Preparándonos para subir al Civic V8 y dar un par de vueltitas en el Autódromo.

 

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Así que los preparativos incluyeron un briefing sobre el circuito a utilizar, el número 8 del Autódromo, lo más parecido a un callejero sin paredones que puede ofrecer el coliseo porteño, como podrás ver más abajo en el planito a mano alzada que dibujó nuestro piloto, el chico Fineschi, que no cabía en sí del gozo que le provocaba ser convocado para una circunstancia como ésta en su carácter de piloto oficial…

Listo para salir a pista...

La mecánica es más o menos la misma en este tipo de jornadas. Firmás todo tipo de exenciones –hasta por los ravioles que te comiste un rato antes– para deslindar responsabilidades, te calzás el buzo antiflama sobre la ropa interior, la capucha ignífica, el casco, y practicamos contorsionismo para entrar en la butaca derecha: es como si fuéramos un matambre que se lleva en la última sentina del barco, a mil kilómetros del parabrisas… Te queda lugar para bailarte un malambo, pero solo tus piernas están sueltas: el brazo izquierdo lo tenés que colgar del caño que está a la derecha (foto) para no obstruir las maniobras del piloto, a veces frenéticas para operar los cambios de marcha. ¡Y dale!

 

En movimiento con el Honda Petrobras de SuperTC2000

 

Con su innegable experiencia a bordo de este auto, Risatti se destaca por salir arando de boxes, castigando el embrague. Más cauto, conociendo el auto, Fineschi -el driver que nos tocó en suerte en el sorteo- sale con suavidad, aunque como la calle de boxes está completamente desierta, bastan pocos metros para soltar la bestia.

Unos datos previos: el limitador está puesto a las 8.500 vueltas, de manera que los 420 HP del V8 no van a acudir en masa a la ceremonia: a lo sumo empujarán unos 350 caballos. Y la velocidad máxima quedará limitada por la elección del circuito como se verá.

No impresiona tanto esa velocidad, a decir verdad, sino las reacciones bestiales de la máquina, que aún con menos caballos de los disponibles se siente como acorralada en un trazado de estas características. Aún saliendo de boxes, la aceleración es tan fuerte que antes de la primera frenada, para entrar en el mixterío, la velocidad roza los 200 km/h: lo podés ver en el display que está sobre el volante. Damián baja el cambio y fuerza a la trompa a doblar a la derecha. En todo este tramo mixto su manejo se transformará en una batalla para ordenarle a la trompa del Civic por dónde hay que ir… Las gomas gastadas la llevan a bailotear sobre los pianitos y hay que doblar en primera o segunda para salir con fuerza de los retomes. Adentro, claro, no te alcanza el par de ojos para ver todo lo que querés ver: el juego de brazos, el trabajo de los pies, la trayectoria, el display que te indica velocidades y marchas. Así que te olvidás por un instante que sos periodista y elegís disfrutar de la sensación. Te están sacudiendo el cuerpo con estruendo, te lo están batiendo, te están poniendo un cohete en las asentaderas y ahí salís disparado otra vez.

Cuesta doblar en Reutemann, pero el auto sale más o menos bien pisado y nos vamos a la curva que más interesa palpitar: Ascari. La duda nos persigue desde el briefing: ¿Se dobla a fondo? Porque si es así, vamos a llegar a la Horquilla más rápido que que Messi en busca del arco del Real Madrid… Pero sorprende Damián pegándole una patadita al freno apenas estamos entrando en Ascari. Le sirve para acomodar el auto y para impedir que la fuerza G se lo saque del asfalto a la salida de la curva. Una mínima decepción, porque enseguida el contador digital trepa y supera holgadamente los 200 km/h. Entonces me olvido del asfalto, la trayectoria, me concentro en el numerito y me distraigo como un ingenuo… No estoy atento a la frenada y la cabeza se me va como una bola de bowling, dispuesta a arrasar con los diez palos, solo que el cuello hace el esfuerzo brutal (e inesperado) de retenerla. ¿A cuánto llegamos? 238 km/h, un poquito menos que la velocidad máxima alcanzada en el callejero porteño, unos casi 70 km/h menos que los que este mismo auto, conducido por Gabriel Ponce de León, alcanzó en Rafaela a mediados de 2012…

De puño y letra de Damián Fineschi, las marchas que se utilizan en el circuito nº 8. La velocidad máxima de 238 km/h se alcanzó antes de la frenada de la Horquilla, dónde está marcada la sexta marcha.

 

Giro a la derecha, otra vez en primera. Las marchas comienzan a crecer mientras la trompa apunta al paredón de boxes. Te insisto: no te sorprende tanto la velocidad, que parece normal, como las reacciones violentas de esta batidora con cuatro ruedas. En la frenada para el mixto, después de hacer toda la recta, la velocidad alcanza los 211 km/h. Después, otra vez el bailoteo de los mixtos en marchas bajas, para -como decía Isidoro Cañones- sacudir el esqueleto. La comprobación de que es necesario el freno en la entrada a Ascari, y la certificación de los 238 km/h (¡esta vez no me agarran desprevenido!). Son algo menos de tres minutos de empujones, hacia adelante, hacia atrás, hacia los costados. Y una vez más la comprobación de que los pilotos no son tontos: por razones similares a las experimentadas, una vez que se suben a los autos de carrera, no quieren bajarse más…

Fotos:  Silvina Morera y Petrobras

Por Pablo Vignone

 

 

 

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4 COMENTARIOS

  1. Muy buen relato Pablo, cuando terminé de leerlo me di cuenta que mientras lo hacia habia contenido la respiración !

  2. Muy ameno su relato, muy interesantes los detalles y…..mucha envidia JAJJAJAJ!!!!

    Un abrazo y mis deseos de felicidad en este año para Ud. y sus afectos.

  3. Felicidades para Pablo y el Gallego.Gracias por informarnos con estilo y seriedad.En los tiempos que corren el trabajo de ustedes es invalorable.
    Esta nota muestra claramente porquè son los mejores…
    Un pedido para 2013(sepan perdonar…)¿Que tal incorporar al profe Juarez con comentarios tecnicos?

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