UN ÁNGEL GUARDIÁN.

El que acompañó a Marc Surer durante su campaña deportiva. Y ese ángel, si bien no lo ayudó a conseguir los grandes resultados deportivos que insinuaba, a partir de la conquista en 1979 del Campeonato Europeo de Fórmula 2, le permitió algo más que importante, salir vivo de graves accidentes.

Ese ángel guardián no tardó en aparecer cuando Marc llegó a la Fórmula 1. En el Gran Premio de Sudáfrica, su cuarta presentación, tras su debut en Watkins Glens 1979. Esa “protección celestial”, le permitió salir “sólo” con fracturas en sus piernas, luego del espectacular despiste con su Ensign durante la clasificación. Coincidentemente, dos años más tarde, en el mismo Kyalami sudafricano, Surer tuvo un accidente similar, aunque en esa vez con un Arrows, y con las mismas consecuencias físicas. Entre ambas pálidas hubo una buena para el golpeado Marc, su cuarto puesto y el récord de vuelta en Brasil 1981. Fue su mejor resultado en 81 carreras en el Mundial, que vieron sus pasos por los equipos ATS, Ensign, Theodore, Arrows y Brabham.

El despiste en la clasificación del Gran Premio de Sudáfrica 1980, el primer accidente serio de Surer. Se fracturó las piernas y estuvo ausente en cuatro grandes premios, hasta su reaparición en Francia cuatro meses después..

A ese, de nuevo, ángel guardián; Surer lo necesitó más que nunca el 31 de mayo de 1986. Por entonces alternaba sus participaciones en el Arrows de F-1, con incursiones en el Campeonato Europeo de Rally. Así seis días después de terminar noveno en el Gran Premio de Bélgica, se subió al temible Ford RS 2000, para correr en caminos alemanes el Rally de Hessen. En la butaca derecha como navegante, su amigo Michel Wyder.

La tragedia empezó a tejer su trama cuando circulando a fondo en una recta de un camino asfaltado, el Ford se deslizó lateralmente hasta salirse del asfalto, para sucesivamente golpear contra los árboles. El último impacto lateral, del lado del piloto, resultó violentísimo y el Ford explotó convirtiéndose en una bola de fuego. La butaca de Surer se desplazó al centro del habitáculo, y Marc se arrastró como pudo hacia afuera, mientras intentaba apagar las llamas de su buzo antiflama. En el interior del auto, Wyder ya estaba muerto por el impacto. La carrera fue inmediatamente suspendida con el anticipado y apenas festejo por la victoria del Peugeot 205 Turbo de la francesa Michele Mouton, actual encargada de seguridad del Campeonato Mundial de Rally.

Casi irreconocible quedó el Ford RS 2000 de Surer tras la salida del camino, que terminó en choque e incendio en el Rally de Hessen. El suizo sobrevivió por milagro, pero su navegante Michel Wyder murió instántaneamente.

“Me rompí 17 huesos, las dos caderas, la pelvis, el hombro, los pies por tercera vez, uno de ellos atrapado entre los pedales y totalmente vuelto del revés. Perdí músculos alrededor, hasta el punto de que los médicos me lo querían amputar, pero mi madre se negó. Tuve quemaduras, inhalé mucho humo y mis pulmones estaban llenos de agua, eso fue lo más peligroso. También perdí mucha sangre internamente, y por eso me tuvieron que hacer 72 transfusiones. Como estaba tan al límite, no podían operarme y me tuvieron en coma tres semanas”, así recuerda Surer en la nota publicada por el portal elcontinental.com, las gravísimas consecuencias físicas que le dejó el accidente.

Al salir del coma, Marc preguntó por su amigo Wyder, nadie quería decirle que había fallecido instantáneamente. A Surer lo atormentaba que un error suyo, hubiera provocado su muerte. “Alguien me escribió y me dijo que había golpeado algo antes del accidente. Recuerdo que pasé junto a una granja y había un bordillo tapado con unas flores. Le pregunté a la gente de Pirelli, por si la rueda estaba dañada. Lo estaba, se había quemado, pero la llanta estaba tocada, había perdido aire”, ha recordado en la nota del mencionado sitio web.

Surer debió pasar seis meses en el hospital, y un año en recuperación. 18 meses después volvió a probar un Fórmula 1, fue cuando comprendió que su golpeado cuerpo, ya no estaba preparado para soportar el esfuerzo necesario, para manejar en forma competitiva un monoplaza. Así se convirtió en instructor de pilotos, y desde hace años, comentarista televisivo de la F-1.

El cuarto puesto en Brasil 81, el mejor resultado de Surer en la Fórmula 1, aunque el suizo considera a Brands Hatch 85 como su mejor carrera. «Estaba segundo y a poco del final se rompió el motor», recuerda.

Hubo una larga pausa de tranquilidad y huesos que se sanaron, sin embargo el rosario de accidentes no había terminado. Apasionado por la hípica, Marc sufrió la caída de un caballo en 2015, y termino fracturado nuevamente y sin poder cumplir con su tarea de muchos años tras su retiro de las pistas: trabajar como comentarista en grandes premios de la Máxima “Un pequeño accidente, el caballo trastabilló y se cayó. Tuve dos costillas rotas, un pulmón punzado y una pierna rota, pero el caballo está bien”, publicó con humor en su cuenta de la red social Facebook.

Sobre un auto de carrera para una exhibición, junto a su esposa argentina Silvia Arias. Juntos por el mundo siempre.

Actualmente con 68 años (nació en Arisdorf el 18 de septiembre de 1951), Marc es asesor deportivo e instructor de pilotos de BMW. Su presencia es habitual en el paddock, debido a que comenta, y con agudeza, los grandes premios. Trabajó en Sky Alemania y desde el año pasado, es comentarista experto en F-1 en SRF, la televisión suiza. Casado, desde 2011, con la periodista y escritora argentina, Silvia Renee Arias; alterna sus otros días junto a Silvia, en las casas que tienen en Suiza y España. Y no faltan algunas escapadas al Claromecó argentino, tan cercano a los afectos de su esposa. Sabe Marc que vaya donde vaya tendrá a su lado al ángel guardián.

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