VAYA PAÍS, LA ARGENTINA.

Históricamente, productor de tantas mentes brillantes, muchas anónimas, otros conocidas. Augusto Cicaré, fue un ejemplo; una mente brillante, creativa, talentosa y audaz. un adelanatado y, quizá lo más importante, un tipo humilde, común, integrante de una familia laboriosa.

Un verdadero autodidacta que se hizo conocido, merced a su logros concretados en silencio, a romper con la habitualidad. El nombre de Cicaré comenzó a circular cuando en 1958, construyó el primer helicóptero de América Latina. Así como Augusto, en la familia Cicaré la impronta de avanzar, de crear, de romper esquemas, siempre ha estado a la orden del día.

Nacido el 25 de mayo de 1937 en la localidad de Polvorines, con el transcurso de lo años, radicado en Saladillo. Cicaré ha muerto a los 84 años. Más conocido como “Pirincho”, era cabeza de una empresa familiar que sobre sus desarrollos exporta esas aeronaves a distintos mercados internacionales. Su talento y creatividad lo llevaron a convertirse en un referente de la industria nacional que cosechó elogios y distinciones a lo largo de su vida.

Fernando, su hijo, comentó a Telam, «fue superhéroe que usaba un delantal en vez de una capa, y una la llave francesa, en vez de una espada». De mente avanzada, creó sobre vehículos en la tierrra y el mar, a pura intuición- «Mi padre era todo intuición propia, desde el primero que diseñó hasta el número 14, y también fabricó simuladores de vuelo». Imaginativo a más no podere, la mente de Cicaré trabajaba sin descanso pensando en nuevas ideas. Como aquella que a principios de los ´70, lo llevó a convertir un motor naftero seis cilindros en uno diesel, que impulsaba la reluciente camioneta Chevrolet de la familia Ferrá de Pilar. Y vaya a saber cuántas anécdotas e historias más.

Con Fangio, y un motor a lado. Grandes amigos.

Amigo de Juan Manuel Fangio, de una de esas incontables charlas sobre autos entre ambos, el hijo de Cicaré ha recordado, «Fangio quería fabricar un auto en base a lo que era el DKW y la carrocería de Pininfarina. Mi padre estuvo encargado de construir el motor, el desarrollo se hizo y cuando iba a salir al mercado, Fiat vio como una competencia el adelanto tecnológico del motor, que consistía en una correa dentada, entonces compró DKW y cerró el proyecto».

A Cicaré lo atraparon tanto los fierros de autos, como los aviones; a los 4 años ya ojeaba artículos sobre aviones de revista Mecánica Popular, las fotos hacían que me fascinara la idea de volar, hasta que un día vino el dibujo de algo que volaba y no era un avión. Le pedí a mi mamá que me leyera la nota, y me contó que era un aparato que se llamaba helicóptero y podía despegar y aterrizar sin pista de aterrizaje», supo contar Cicaré años atrás.

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Deslumbrado, entusiasma, su mente fluyó a gran velocidad, la idea era un sola: construir su propio helicóptero. «Mi mamá me dijo que si yo aprendía a usar el torno iba a poder hacerlo. Cuando a los seis años entré a la primaria, empecé a escaparme seguido para ir a practicar con el torno a lo de mi tío», supo confesar Cicaré en tiempos pasados a la mencionada agencia de noticias.

 

LA CAMIONETA CHEROLET DE NAFTA A DIESEL.

Una camioneta similar a la que Cicaré hizo gasolera.

«Mi padre era muy amigo de Jorge Cupeiro, que iba muy seguido a Pilar, me acuerdo que se reunían siempre con otros fierreros y corredores de Pilar de aquella hermosa época deL TN, como HuGo Alberini, “Nando” Arana, “Porotito” López. Y bueno, mi padre cuando Cupeiro le dijo que había una camioneta que era de la comisión de concesionarios General Motors, se embaló y la compró. Era modelo 1973, color rojo; en la Comisión la habían “bajado”, tenía otros espirales, ruedas y cubiertas MÁS GRANDES, y una caja de velocidades de Corvette con cuatro cambios»..Tanto a mÍ hermano Adrián (fallecido años atrás) como a mí nos encantó la camioneta, y mi viejo (Gregorio Joaquín Ferrá, conocido médico de Pilar QUIEN también FALLECIÓ), también se embaló y la compró”, contó el pilarense Goyo Ferrá.¿Cómo se dio que los Ferrá se vincularan con los Cicaré?, “nosotros viajábamos muy seguido a Entre Ríos por nuestra actividad agropecuaria, y la verdad la camioneta gastaba mucha nafta; nosotros no la «perdonábamos» nada. Así fue que mi hermano escuchó hablar de los Cicaré de Saladillo, que transformaban motores nafteros a diesel, algo completamente raro por los años ´70. Sin dudas eran dos personas con una enorme capacidad”.

“Y bueno, llevamos la Chevrolet a lo de Cicaré –mencionó Ferrá-, tenían el taller en las afueras de Saladillo, le metieron mano y en una semana estuvo convertida de naftera a gasolera. El block y otras piezas del motor seis cilindros, desde ya siguieron siendo las mismas. Le colocaron la bomba inyectora, tapa de cilindros, no había que olvidar que la compresión de un motor a nafta rondaba 10 a 1 de compresión, mientras que los gasoleros eran 20 a 1. También instalaron todos los filtros nuevos, una línea que ellos habían comenzado a fabricar y vender”. A propósito, un dato muy curioso: el elemento filtrante de los filtros propiamente dicho, que iba colocada dentro de la carcaza metálica, ya fueran para nafta y gasoil, estaba compuesto por un rollo de papel higiénico! Común, como todos.

La conocida familia de Pilar, utilizó sin concesiones a la Chevrolet diesel convertida por los Cicaré, y al año siguiente, con muchos kilómetros recorridos, resolvieron cambiarla por el nuevo  modelo de la pick up Chevrolet. La roja había pasado por las manos sabias de los Cicaré.

A los nueve años Cicaré ya hacía piezas de motores en el torno, y a los 12 ya había desarrollado y fabricado un motor diésel «para el lavarropas» de su madre. A los 15 hacía motores «para las maquinas del taller y piezas para motores de distintos vehículos; así fue que después de hacer una motocicleta me animé a fabricar el helicóptero», afirmó.

Cicaré supo contar también que «a los 16 años arranqué fabricando piezas que iba guardando en un armario, también hice un motor a partir de la experiencia en el taller. Todo hecho entre acierto y error, en el camino fui aprendiendo de cosas que como yo solo tenía terminada la primaria, no conocía, como el efecto giroscópico que lo terminé estudiando con unas ruedas de bicicleta»

Rememoró que «en 1958, a los 21 años, cuando tuve el primer helicóptero listo, lo até con cadenas al piso para evitar que se eleve de manera muy brusca o se vaya de lado, ¡no tenía idea de cómo iba a reaccionar cuándo lo encendiera!». El primer motor tuvo 30 caballos, y «me di cuenta que me quedé muy corto de potencia. Levantó apenas 15 centímetros del piso, y todos los vecinos que estaban expectantes lo consideraron un fracaso, pero para mí el sólo hecho de que despegara del piso, fue un rotundo éxito y me di cuenta que tenía que fabricar un motor más potente», sostuvo Cicaré en aquellos días.

El segundo proyecto de Cicaré «fue gracias a la colaboración de un periodista que se enteró de mí y de mi trabajo, y vendió su propio auto para que yo pudiese construir mi segundo proyecto. Fue así que desarrollé un helicóptero con cabina y dos asientos, en el que pude llevar a volar a mi madre y a mis hermanos. Me acuerdo que ese periodista llevó fotos a Buenos Aires, el presidente (Arturo) Illia se interesó en el proyecto, y quiso llevarlo a la entonces Fábrica Militar de Aviones (FMA, hoy FAdeA). Pero bueno, cuando (Juan Carlos) Onganía llegó al poder, nos mandaron de vuelta a casa porque consideraban más práctico importar helicópteros de Estados Unidos».

En 2015, la Fábrica Argentina de Aviones (FAdeA) y Cicaré Helicópteros firmaron un acuerdo para la certificación y fabricación de una docena de unidades del modelo CH-12, un biplaza liviano de uso civil, de esa empresa familiar de la localidad bonaerense de Saladillo, proyecto que quedó trunco y fue cancelado luego del cambio de gobierno.

 

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