SE LO EXTRAÑARÁ Y MUCHO.

Únicos e irrepetibles. Así son cada uno de los millones de seres humanos que pueblan este mundo.

Únicos e irrepetibles, son ya dentro de cada ámbito particular, aquellos que dejan un sello que ni la muerte ni el paso de los años pueden borrar.

Único e irrepetible. Así fue Juan María Traverso en el contexto del automovilismo argentino. Es cierto que en la comparación no ganó cinco títulos mundiales de Fórmula 1 como Juan Manuel Fangio, ni alcanzó la trascendencia y dimensión internacional de Carlos Alberto Reutemann, por citar las otras grandes estrellas que desde la eternidad brillan en el firmamento del automovilismo blanquiceleste.

No tuvo esos logros, pero llenó sobradamente todos los requisitos que exige la idolatría, esa que no siempre está ligada a los grandes resultados. Por supuesto que tuvo esos grandes resultados, y vaya, con triunfos y títulos en casi todas las categorías que transitó, pero también le agregó esa personalidad polémica, contradictoria, conflictiva, extrovertida con toques de humor y también de cinismo con la que enfrentó rivales dentro y fuera de la pista, una forma de ser que también le sirvió para cosechar miles de hinchas, pero también unos cuantos detractores. Aquellos que iban a verlo perder, pero iban a verlo…Tal vez le faltó una mayor prueba internacional que la aislada temporada de Fórmula 2 en 1979, sin embargo, más allá de todo lo que se dijo y teorizó exageradamente sobre sus chances y pruebas en la Fórmula 1, la incógnita quedó para siempre.

Oreste Berta y Juan María Traverso mantuvieron en general una buena relación que se reflejó en éxitos y títulos del Flaco con autod preparados por el Mago. Eso no impidió sus diferencias cuando Traverso se alejó del equipo.

Tuvo Traverso el formato completo del ídolo verdadero. Ese que no se fabrica sino que se construye con hechos. No necesitó del famoso marketing, ni de asesores, ni de sicólogos, ni de coachs, elementos que no existían en sus comienzos allá a principio de los 70. Es más, él fue sus mejor marquetinero, su mejor sicólogo, su mejor coach, con su forma de actuar arriba y abajo de los autos de carrera. Sabía qué decir, cómo decirlo, cuando decirlo y a quien decirlo. “El Flaco decía lo que pensaba” sostienen muchos.

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Con la experiencia de cuatro décadas y media de transitar en paralelo mi trayectoria periodística con la campaña deportiva de Juan María (lo entrevisté por primera vez en 1978), puedo decir que Traverso pensaba lo que decía. Uno de sus cercanos colaboradores en los múltiples equipos por donde pasó, y que tanto festejó sus triunfos como padeció sus broncas, me confesó alguna vez que“mientras está llegando a boxes luego de clasificar correr, el Flaco ya está pensando lo que va a decir…”. Y debía ser así, porque en los casos que se prestaba la diálogo y no se encerraba en su motorhome, siempre tenía una respuesta para todos, Y aunque fuese disparatada la decía con tanta convicción que uno se tentaba a creerle. Si hasta aquellos que insultó o bardeó (entre otros Ponce de León en Río Cuarto, Raúl Petrich en Paraná y Silva en El Zonda), terminaron por entenderlo.

Reiterado es hablar de su habilidad, talento y astucia sobre un auto de carrera. Pero lo suyo no terminaba ahí, como no pueden terminar los casos de quienes desean sobresalir en el duro y complicado ambiente del automovilismo. También era un número 1 debajo del auto con sus relaciones y acciones.

Se sabía el mejor y exigía lo mejor. Por eso armó importantes equipos, sostenidos por grandes estructuras comerciales y en ese camino, tampoco esquivó el acercamiento al poder político con sus relaciones con los Menem, padre e hijo y el polémico Alfredo Yabrán.

A mediados de los 90, Traverso formó dos grandes estructuras en el TC y TC2000 con la asistencia de Alberto Canapino. El resultado fue la doble consagración en 1995, un hecho en el que hasta ahora el Flaco ha sido el único en conseguirlo.

Todo eso no le hizo olvidar su esencia de piloto de carrera con un sentido ultracompetitivo. Ese que ya retirado hizo que se indignara al ver las felicitaciones entre pilotos en las conferencias de prensa posteriores a las carreras. “Tenés que ser boludo para felicitar al tipo que te ganó…”, proclamaba con esa lógica que también aplicaba para asegurar que “si no se te rompe el auto, no podes perder una carrera en la última vuelta, tenes que abrir todas las puertas para que no te pasen …”. Reflexiones que tal vez no entiendan los jóvenes acostumbrados a este automovilismo, en el que por cuidar apariencias y negocios  se perdió gran parte de esa esencia competitiva. Esos dichos que le ponían un toque de humor a la realidad, también los empleó para defender a los pilotos a medida que el avance de la técnica les fue restando importancia. “El piloto es la pieza más barata, y eso no está bien”, sostenía con razón en un mensaje del que acusó recibo Oreste Berta.

La pena por la muerte de Traverso no se limita al lamento por su desaparición física. Al fin de cuentas es la ley de vida. Es más triste saber que ya no habrá otro igual a Traverso. Un Traverso que fue fruto de una época con más libertades, menos compromisos y prejuicios y hasta mayor lirismo. Una época que ya no existe. ¿O algún celoso ejecutivo de una fábrica se bancaria los portazos que el Flaco supo pegarle a sus autos? ¿O qué prolijo gerente de marketing, aceptaría con agrado ver fumar a un piloto en el podio? ¿O quél dirigente de cualquier categoría celebraría los insultos y escándalos entre sus corredores? ¿O cómo pasarían esas declaracis de lo que dicen los pilotos, como si fueran entendidos? ¿O no aparecería algun puritano horrorizado ante un corte manga a espectadores que silbaban, como hizo el Flaco alguna vez en Balcarce?

Todo eso que actualmente no ocurre en el automovilismo nacional, lo hizo Juan María Traverso en su extensa trayectoria, que incluyó tres generaciones de pilotos y diferentes etapas del automovilismo. Por eso se convirtió en ese ídolo que ya empezamos a extrañar. Porque además de haber sido único, será irrepetible.

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6 COMENTARIOS

  1. «Es mas triste saber que ya no habra otro igual a Traverso»
    Tu frase refleja muy bien lo que hoy muchos sentimos con la partida del Genial Flaco de Ramallo.

  2. Desde su retiro, allá en el 2005, dejó un vacio que nadie pudo llenar. Y a partir de ese hecho, nuestro automovilismo comenzó a perder interés. Desde entonces lo extrañamos. Profesionalizó el TC con su llegada en el ´94. Fue él mismo, el TC 2000. Ganó en la ruta, en el Rally y el Desafío de los Valientes. Lo hizo con distintas marcas y preparadores. Una personalidad avasallante. Un crack. verdaderamente único e irrepetible. Gracias flaco. Descansá en paz.

  3. No habrá ninguno igual de tramposo, no habrá ninguno con tanta «ayuda externa’, no habrá ninguno tan manipulador de su entorno, no habrá ninguno con tanta prensa a favor, no habrá ninguno con tantos alcahuetes alrededor, no habrá ninguno tan maleducado, no habrá ninguno igual…. esperemos.

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