RECUERDOS DESDE ADENTRO.

Los que sobre Carlos Alberto Reutemann, evocó Raúl Ramis. Es el colega santafesino al frente del programa radial Gran Premio, alguien que conoció mucho al Lole, desde sus primeros pasos en el automovilismo, a lo largo de la vida, sosteniendo una prolongada y muy cercana relación. Si no lo escuchaste en Visión Auto Radio (como te hemos contado, los miércoles 17 horas y jueves a las 22 en la plataforma de Campeones Radio, y también los jueves en el mismo horario en el canal de YouTube del programa). Acá rescatamos segmentos de aspectos revelados por el periodista santafesino, pocos conocidos de la vida y de la personalidad de Carlos.

Un joven Carlos Reutemnn, en sus comienzos en el automovilismo deportivo con el Fiat de Turismo. Desde esos días mostró seriedad y profesionalismo.

LA IMITACIÓN DE MIRTHA LEGRAND

“El Lole que, por su parquedad, sufrimos con el grabador o la libreta de apuntes era una persona compleja y siempre fue así. Fue detrás del sueño de llegar hasta donde finalmente llegó. Hay que imaginar que siendo un chico de un pueblo que en ese entonces no tenía alumbrado eléctrico, se fue a los 11 años a Buenos Aires a ver correr a Fangio en la Fórmula 1. Era un tipo determinado y bueno. Nunca iba a hacer algo para jorobar a otra persona, pero estaba muy ensimismado en su mundo. En una entrevista no se iba a comportar distinto conmigo que con otros periodistas. En eso era igual. Era un calco lo que me decía de lo que te decía a otros colegas, sin cambiar una palabra. También era un tipo divertido. La imitaba mucho a Mirta Legrand, como caminaba”.

LA AMISTAD CON PETER WINDSOR

“A mi no me dijo nunca que era mi amigo. Que me haya distinguido, o haya tenido un trato especial no me hace que sea su amigo. Sé quienes fueron sus amigos. En el plano internacional, lo fue de alguien muy conocido como el periodista  inglés Peter Windsor. Para mi no fue una buena influencia. Lole admitió que fue un error irse de Ferrari, y Peter influenció mucho para que se fuera a Lotus. Cuando fuimos a la primera prueba en Buenos Aires, y vino el auto negro y lo pintaron verde, me dijo «Con este auto ni figuramos». Y aquella fue una temporada mala y no pudo ganar”.

UNA PERSONALIDAD ESPECIAL

“Era un tipo educado, correcto, pero tenías que bailar la música que él tocaba siempre. No te decía vamos a tomar un café, te decía vamos a tomar algo e iba donde él quería, no donde vos le podías sugerir. No había discusión posible. Dos cosas marcaban la personalidad de Reutemann. Su tacañería y en segundo lugar, era una persona que desconfiaba absolutamente de todo y todos. No dudaba. Por ejemplo Domingo Cutuli (su representante), lo llamaba para decirle: «Mirá que hay periodistas que te quieren hacer una nota», y él decía: «¿Para que me quieren hacer una nota a mi. Vos sabes lo que es ir a Buenos Aires, tengo que pagar el pasaje, el auto, la nafta». Así eran las charlas, yo las presencié. Pasó lo mismo cuando comenzaron a demonizar a Mimicha.  Es cierto que la mejor temporada de Lole, fue la que Mimicha no pisó ningún box; pero lo que lo bancó Mimicha es algo que no se sabe. En la intimidad no era distinto. Hay una frase de Gordon Murray que dijo «el domingo que estaba bien (por Reutemann), había que correr para salir segundo, porque hacía la pole, el récord de vuelta y todo. Nunca cuando ganó, Reutemann estuvo acechado por un rival. Pero cuando no estaba bien, ¿quién se lo bancaba?, Mimicha…“.

Frank Williams y Reutemann mantuvieron una buena relación, contó Ramis. Los problemas de Lole fueron con su compañero Alan Jones, y con el responsable técnico Patrick Head.

EL GRUPO FAMILIAR

“En el grupo, Reutemann nunca fue Lole. Para su mamá Flora, su papá Enrique, su hermano Enriquito, o Mimicha, siempre fue Carlos Alberto. Nunca fue Lole. Incluso me parece escuchar a Mimicha diciendo, Carlos Alberto, el teléfono… Es que en la época del teléfono fijo, en la casa de Reutemann el teléfono sonaba desde las 7 de la mañana hasta las 11 de la noche. Le decía por qué no atendés, y me contestaba «no atiendo porque con los que yo quiero hablar, los llamo yo…». Y no atendía a nadie. Era un tipo bravo. Lo que pasa es que siempre fue igual”.

LA RELACIÓN CON FERRARI Y WILLIAMS

“Reutemann se fue a correr a Europa con los mismos mecánicos que corrió en Argentina en Fórmula 2. A ellos les pedía, «haceme esto, poneme aquello», y no había discusión posible. No había nadie que discutiera entre él y los mecánicos. Eso no lo iba a hacer Héctor Staffa (jefe del equipo del ACA), ni ninguno de los otros integrantes del equipo. Pedía una cosa y se la hacían. Cuando llega a Brabham viene Gordon Murray con 24 años y recién recibido de ingeniero. Empiezan a trabajar, hacen el BT 42, le sale bien y le dice a Gordon: «yo quiero que a este auto hagan esto y aquello». Y  le sale el BT 44 que fue un autazo. No tuvo conflictos porque Murray le hacía lo que quería. Cuando Lole fue a Ferrari donde la cúpula eran Enzo Ferrar y Mauro Forghieri, él decía el alerón no me gusta, quiero probar, quiero aquello y ahí surgían todos los problemas».

El periodista Raúl Ramis.

 

 

 

«Las fricciones eran permanentes, porque Reutemann no quería manejar el auto que le daba Forghieri. Quería manejar el auto que él quería. Ni hablar en Williams con Patrick Head, que le daba cualquier auto y el gordo Jones lo manejaba de cualquier manera. Lole decía «yo no puedo manejar así. Neil Oatley mediaba, acomodaba los tantos pero no mucho. Todo a pesar que Frank Williams lo adoraba y él adoraba a Frank”.

SU ACTITUD  ANTE LAS CRITICAS

“Cuando lo criticaban, Reutemann bufaba. Agarraba y se pasaba la mano por los costados, levantándose las patillas. Se levantaba y revolvía el pelo, hacia todas esas cosas y decía «Algo de razón tienen». Admitía los errores. Cuando se armó el lío con Franco Lini (el reconocido periodista italiano, ya fallecido), por un choque un Gran Premio de Argentina, él se peleó con Lini porque declaró en contra. Ahí dijo, «discuto con periodistas, no con secretarios de Ferrari». ¿Por qué lo dijo? Porque Lini fue el que llevó la plata de Italia a Bélgica u Holanda. Le llevó el bolso para que le pague a Ecclestone la indemnización por irse a Brabham. A veces cuando lo criticaban decía «Tienen razón». Cuando llegó a  Lotus no tuvo problemas con Andretti. A Andretti lo exprimía. Le debe haber preguntado unas 150 millones de veces, sobre las curvas de Indianápolis. Por donde entrar, si por abajo, por arriba, por el medio, sobre el ángulo de deriva de la goma, si al auto haba que dejarlo plano entre la curvas 1 y 2”.

No era común en las carreras, pero a veces Reutemann soltaba una sonrisa como en la imagen junto a Ramis en Rally de Argentina 1985. Al periodista lo invitó a subirse al Peugeot 205 con el que Lole corrió ese rally. Por entonces ya no tenia la presión de la F-1.

LA RELACIÓN CON MIMICHA

“La presencia de Mimicha no fue perjudicial en su campaña. Lo que pasaba era que ella tenia una personalidad fuerte. Era un chica que decían era millonaria, pero los Bobbio no eran millonarios. En Santa Fé no hay millonarios como en Buenos Aires. Hay gente que está bien, que puede tener un campo, un canal de televisión pero no era Goar Mestre (ex dueño de Canal 13 en los ´80). Cuando fueron a Europa, ella ya había ido como diez veces. Era una chica que vivía de otra manera, porque además de estar en buena posición, vivía muy bien. La mejor casa era la de los Bobbio en la Costanera de Santa Fe. La relación se fue tensando con el tiempo porque vos bancás, bancás, bancás, pero llega un momento que no bancás más. Luego ves lo que la otra persona hace y decís este tipo está loco. Cuando era gobernador se levantaba a las cuatro de la mañana. Le decía por qué y él me contestaba: «Me gusta porque salgo al patio de casa, y escucho los pajaritos que me hacen acordar cuando estaba en el campo». Hacia esas regresiones y te hacía decir Dios mío donde estamos”.

El INGRESO A LA POLÍTICA

“Cuando lo llamaron para la política me dijo, «sé que me voy a meter en el barro, pero sé que la gente me quiere mucho». Lole no descubrió ese cariño de la gente en los Grandes Premios de Fórmula 1, lo descubrió en los rallies. Primero cuando corrió con Fiat en 1980 con epicentro en Tucumán. Recuerdo que en Salta no lo podíamos sacar del hotel, ni Domingo Cutuli, ni su primo que ya falleció. Era tal el cariño de la gente, que no lo dejaban salir del hotel para ir a la largada., Y después vino lo de Córdoba con el Peugeot. Eso fue increíble, ahí se vino convencido que la gente lo quería. Y fue cuando decidió involucrarse en la política”.

SU INTERVENCIÓN EN LA GUERRA DE  LAS MALVINAS

“Después que Reutemann pierde el campeonato, Américo Grossi le hace un agasajo. Vinieron muchos periodistas de Buenos Aires. Sabía que iba a anunciar que volvía a correr. Cuando se va, le digo: «¿Que vas a hacer?», y me dijo: «No sé. tengo una parte de las cosas en Williams, otra parte en Francia. Ni Dios sabe lo que voy a hacer». Cuando volvió de Brasil, tras su última carrera, llegó a Sauce Viejo (Aeropuerto de Santa Fé), y estábamos don Enrique y yo. Carlos me comentó: «Ya está, perdí las ganas, me pesan los brazos». Enseguida estalla la Guerra de las Malvinas, y una noche nos invitan  a comer con un grupo de amigos en Paraná, Leopoldo Cumini. Osvaldo Niemitz, Ricardo Grinovero. Vamos a comer al Circulo de Oficiales de la Fuerza Aérea de Paraná. Los muchachos que comieron en el mismo lugar, y le pidieron un autógrafo fueron los mismos del Lear Jet a quienes después un misil de los ingleses los tumbó, cuando estaban haciendo reconocimientos y fotometría en plena Guerra de las Malvinas. Me acuerdo que cuando salimos de la casa de su madre para subir al Puente Colgante había un grupo de personas con una bandera y nos decían «Vamos Lole, vamos, que le vamos a romper el culo a los ingleses». Cuando arrancamos, Reutemann me comenta: «La gente no sabe con quién se metieron…«. De todas maneras voy a confesar algo. Reutemann en la Guerra de las Malvinas jugó un rol fundamental para el país, para conseguir elementos bélicos. Escuché sus conversaciones con gente del exterior, con su madre lavando los platos, y él en la cocina-living de la casa de los padres, hablando con personalidades mundiales tratando de conseguir elementos bélicos para las Malvinas. Lamentablemente se fue a la tumba con ese secreto que no quiso revelar. Pero yo sé lo que hizo, y fue vital para el desarrollo de la guerra y para que Argentina sobreviviese en esos meses en guerra”.

Dos veces gobernador de Santa Fe y senador hasta el momento de su muerte, Reutemann mantuvo en su actividad política, el mismo perfil de seriedad mostrado en su campaña deportiva.

LAS COSAS QUE DEJÓ POR UN OBJETIVO

“Por su objetivo deportivo, Reutemann dejó todo, todo. Su mujer, sus hijas. Vivió metido en esa olla a presión que fue la Fórmula 1 siempre lo admitió. «Que locura las que viví, lo que hice», me decía. Recuerdo un día en la casa de Carlos Contín, uno de sus amigos. Agarró un libro con fotos con varios pilotos, me lo tiró y preguntó: «¿Cuántos de estos que están acá estamos vivos?». Y yo le respondí: «el único que estás vivo sos vos», lo que llevó a Carlos a decirme: «Viste, eso era la Fórmula 1″. Otro momento que recuerdo es cuando termina la carrera de Córdoba con el Peugeot 205 por el Rally Mundial . Estaba preocupado por el accidente de Ari Vatanen, por el que Jean Todt hizo traer una camilla especial por la que pago 100 mil dólares. Lole quería regalarle algo a Vatanen, y fuímos al bar del aeropuerto de Córdoba. Allí  encontramos una caja de cartón llena de potes de dulce de leche. La compramos y Lole se la metió debajo de la camilla de Vatanen. Después cada vez que se veían, Vatanen le agradecía el dulce de leche y le decía: «Muy exquisito”.

SUS GESTOS DE AFECTO

“Una vez me hizo ir al campo. Subimos al tractor, todo bien con aire acondicionado. Y me cuenta: «Vamos a parar a comer», porque ya eran una menos cuarto. «Vamos a comer acá» y yo pensé, ¿dónde?; si en la estancia estábamos nosotros y el encargado. De pronto abrió la guantera del tractor, sacó dos manzanas, la limpió contra el pantalón y me dice «tomá». Eran dos manzanas, no dos empanadas. Era así y tenía sus particulares muestras de afecto. Si alguna vez en una entrevista, te agarró del brazo y te hizo como un trinquete, o te pegó un par de palmadas por la espalda, esa era la mayor muestra de afecto y cariño que podía tener con un ser humano. También si te ponía la mano en la espalda mientras ibas caminando, como abrazándote, o te agarraba del brazo haciéndote palanca. Esas eran otras muestras de afecto”.

Foto portada: Archivo R. Ramis

 

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