UN PERSONAJE ESPECIAL.

No podía ser de otra manera. Como tantas veces en las rutas y pistas de todo el mundo, Carlos Alberto Pairetti dio lucha hasta el final en la carrera de la vida. Esa vida a la que se aferraba tanto porque a su manera, y con las penas de todo ser humano, supo disfrutarla, pero consciente que, como todo mortal, enfrentaba en la muerte a un rival invencible que casi con 87 años (los hubiese cumplido el 17 de octubre) le bajó la bandera en ese mismo Pergamino donde  paradojicamente 56 años atrás y casi en la misma fecha (25 de septiembre de 1966) recibió otra bandera  de a cuadros pero más agradable: la de ganador de la Vuelta de Pergamino.

Arrecifeño por adopción, Pairetti fue, junto a arrecifeños originales, como Marincovich, García Veiga y Luis Di Palma, un gran referente de una época brillante del automovilismo argentino.

Fue un personaje especial este Carlos Alberto Pairetti que ya es recuerdo. Sin ser arrecifeño (nació en Clucellas, Santa Fé) se lo consideró un arrecifeño más y sin recelos tuvo su buen lugar en esa galería de grandes pilotos que tiene la denominada Cuna de Campeones y donde comparte lugar con José Froilán González, los Di Palma. Carlos Marincovich. Néstor García Veiga, Norberto Fontana y Agustín Canapino, entre otros.

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Extravertido, dicharachero, generoso contador de anécdotas no tardaba en ganar y ganarse la confianza del interlocutor de turno. Su ingreso al TC allá por 1962, tras hacer la “escuela” de ser auxiliar de Néstor Marincovich en los puestos de auxilio en la ruta, comenzó a marca un quiebre en lo que era el perfil de los pilotos de la época, la mayoría treinteañeros o cuarentones. ”Me veían como un pibe  y debuté (Pergamino 1962) con 26 años, una edad en la que ahora sos un consagrado…” recordaba poco después que su coterráneo Canapino logarse en 2010 con 20 años su primer título de TC.

Sucesor del Barracuda con el que comenzó a enfrentar a los Torino, el Trueno Naranja hizo historia en el automovilismo argentino y le permitió a Pairetti obtener en 1968 su único título en el TC.

No tardó en llegar (Mar del Plata 1963) el primero de sus 22 triunfos en el Turismo Carretera y a partir de ese momento creció su figura deportiva como referente y rival de los hermanos Emiliozzi, Bordeu, Marincovich, Luis Di Palma, Perkins, García Veiga, Casá, Vianini y los Torino  de la famosa CGT  de Copello, Gradassi y Ternengo. Esto lo colocó en un lugar preponderante en ese dorado momento del automovilismo argentino de los 60 y principios de los 70 con menos categorías que las actuales pero con autódromos desbordantes y repleto de figuras.

Su estilo conductivo más temperamental que pensante, más de ir al frente que de especular (que mal se llevaba con estos tiempos) le hizo perder algunas carreras pero como suele ocurrir con esta clase de pilotos le reportó muchos hinchas porque ganando o perdiendo Pairetti era sinónimo de espectáculo. También esa forma de correr le valió el apodo de “Il matto” (El Loco). Se lo pusieron periodistas italianos al verlo que en la lucha con otro bravo como Gian Claudio Regazzoni no dejaba de acelerar en una carrera de Fórmula 3 en Monza. Terminaron despistados y Pairetti con una corte en la lengua.”Ibamos en la ambulancia y el Tano (Regazzoni) no me dejaba de insultar por la maniobra”, supo recordar Carlos sobre ese breve paso por el automovilismo europeo con un equipo de la revista AutoMundo. Qué tiempos.

La extrovertida personalidad de Pairetti le permitió relacionarse con famosos de otros ámbitos. Logró así ser el doble de Sandro en las escenas de carreras de la película Siempre te amaré.

No abundó en títulos (sólo campeón de TC en 1968) la campaña de Carlos Pairetti  que también incluyó pasos por los Sport Prototipos nacionales y la Mecánica Argentina Fórmula 1 pero en cambio fue protagonistas de importantes victorias e históricos hechos. Ganó los Grandes Premios de TC de 1963 (el del abandono de Menditeguy a pocos kilómetros del final) y 1966, logró la única victoria de un Volvo 122 SB en el Turismo Carretera (Villa Carlos Paz 1965),hizo debutar, ganó carreras y fue campeón en 1968 con el Trueno Naranja, uno de los autos más emblemáticos  en la historia del automovilismo argentino, triunfó en ese mismo 1968 en las 500 Millas de Rafaela, una de las competencia más tradicionales de la época y tres años más tarde también en el circuito santafesino participó y llegó 12° en las históricas e inolvidables 300 Indy, la única carrera que la categoría estadounidense corrió en Argentina. Le quedó pendiente cumplir el sueño de correr las 500 Millas de Indianápólis, que dejó de lado tras realizar unas pruebas en el mítico óvalo. Asimismo, resultó infaltable en cada Temporada Internacional (Fórmula 2,3 y Sport Prototipo) que llegó a la Argentina. No desentono ante las figuras de los SP. Terminó en 1970 (Porsche) y 1971(Ferrari) y 9°en 1972 (Alfa Romeo), la última vez que el Mundial de Sport pasó por Argentina.

Por personalidad y carisma, la figura de Pairetti trascendió el ámbito de las carreras de autos. Así en una época, como las décadas 60 y 70, donde el automovilismo tenía mayor repercusión en la sociedad y los medios nacionales, forjó contactos con el mundo del espectáculo. Esto no sólo le valió ser el doble de Sandro (uno de los ídolos de la época) en la película “Siempre te Amaré”, donde el famoso cantante personificaba a un corredor de autos, sino también ser protagonista central en “Piloto de Prueba” junto a Gilda Lousek y Ricardo Bauleo. Años más tarde y tras su retiro en 1978, sus relaciones comerciales le permitieron un breve acercamiento a la Fórmula 1 y entre otras cosas fue comentarista en programa radiales argentinos. Tuvo más complicaciones que satisfacciones.

La frustración de no cumplir su deseo de correr las 500 Millas de Indianápolis tuvo su consuelo en su participación en febrero de 1971 en las 300 Indy en Rafaela. Se dio el gusto de llegar 12°.

Esas ganas de ampliar horizontes lo llevó dentro del automovilismo a formar parte de la creación en 1982 del Club Argentino de Pilotos y ser uno de los impulsores de la televisación de las carreras de autos, algo común en estos días pero inexistente hasta entonces. Su curriculum fuera de las pistas lo vio años más tarde como permanente acompañante y amigo de Norberto Fontana durante el camino internacional que lo llevó a la Fórmula 1. Otras relaciones, como las que tuvo con Juan María Traverso, tuvieron sus vaivenes y desencuentros. Ya en los últimos años además de recibir numerosos reconocimientos y homenajes puso su experiencia para  junto a su hijo Tim guiar a su nieto Santino en sus primeros pasos en el automovilismo.

Por todo esto, Carlos Alberto Pairetti fue un personaje especial y no sólo un corredor de autos.Esos que de a poco se están yendo. Sin dudas, se lo extrañará.

  

 

 

 

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