LA FRUSTRACION
DE VILLAGRA

Por Pablo Vignone

La 30ª edición del Rally de la Argentina no tuvo ni por cercanía el brillo de realizaciones anteriores. En buena medida, la responsabilidad es del hecho de que la prueba cordobesa no fue incluida en el Mundial de Rally, y por eso le faltaron los pocos monstruos que le quedan a la categoría, Loeb y los World Rally Car (WRC) de 300 HP plus. El reflejo de los organizadores, ya que no del Automóvil Club que no se involucró en la tarea por razones en las que aparentemente se mezclan la economía y la política, permitió que la prueba tuviera un mínimo marco internacional, al incluirla dentro del calendario del Intercontinental Rally Challenge (IRC), logrando el concurso de un puñado de autos de la categoría Super 2000.

Esa solución parecía excitante. Especialmente desde que se supo que Federico Villagra correría el Ford Fiesta S2000 que Mikko Hirvonen había llevado al triunfo en el tradicional Rally de Montecarlo, la apertura 2010 del IRC. Bien mirado, el Coyote podía transformarse en el primer piloto argentino en ganar el Rally en una década y media. Esa posibilidad latente coloreaba a la prueba de una expectativa que la presencia del equipo Skoda o del campeón Kris Meeke (Peugeot 207) francamente no despertaban.

Pero se frustró antes de empezar cuando se puso sobre el tapete la controversia de las cubiertas. El Rally también fue válido para el Campeonato Argentino: en rigor, era un Nacional recargado… A Villagra lo autorizaron a sumar puntos compitiendo aún con el Fiesta S2000 pero no si usaba gomas blandas como las que colocarían en sus autos el resto de los participantes de la clase.

Además, el cordobés reconoció que le costaba adaptarse a una máquina como ésta. “En un WRC –le contó a Visionautola potencia viene a 5.500 rpm, pero con estos autos aparece recién a los 8.000 rpm, tenés que llevarlos siempre a ese régimen y hay que acostumbrarse. No solo me pasa a mí, con Nasser (Al-Attiyah, que corrió con un Skoda) pasa lo mismo. Todo es distinto: estiré la mano para tirar del freno y le arranqué el cuaderno de notas a Jorge (Pérez Companc, su navegante)”.

También admitía antes de largar que la suya era una dura elección, literalmente hablando. Para colmo, el pronóstico presagiaba lluvia, lo que favorecía el uso de las cubiertas blandas, alejando aún más la posibilidad de una lucha franca. Miguel “Pichirilo” Torrás, ex corredor de rally y analista de la materia, señalaba a VA que ésta era una cuestión de “vergüenza deportiva”, y que Villagra tenía que correr “para la gente”. Lo que opinaba Gabriel Raies es mejor no reproducirlo, pero se sabe que el múltiple campeón y el actual monarca del rally argentino no hacen buenas migas.

Los tiempos de los primeros especiales revelaron que la situación era mucho peor. Ese Fiesta S2000 ganó en Montecarlo sobre asfalto pero no ha sido desarrollado pensando en la tierra. Los Skoda Fabia S2000 sacaban mucha ventaja en el terreno húmedo con gomas blandas. Y, para colmo, el motor del Ford era famélico. “¡Mirá! –se quejaba el cordobés en un parque de asistencia- ¡Ni siquiera gasta las gomas!”. El auto fue asistido por el equipo M-Sport, el oficial Ford del Mundial de Rally, pero su rendimiento no fue acorde a lo que la escuadra de Malcolm Wilson suele entregar. Por eso las gomas no se gastaban: no había suficiente potencia para lograrlo. El sábado a la noche, cuando la impotencia de Villagra era cumbre, se mandó el mapeo del motor a North Cumbria, dónde está la sede del equipo. Desde allí se respondió que el impulsor estaba bien, que no tenía problemas…

Martin Christie, el director deportivo del equipo Munchi’s, lo graficó claramente. “Federico pierde tres segundos por kilómetros con Juho Hanninen (el ganador del Rally). ¡Ni siquiera con Loeb en un WRC pierde tanto!”. Villagra, que tras la primera etapa, el sábado, se congratulaba de no haber puesto las gomas blandas (“porque me hubieran ganado igual y además no habría sumado puntos para el Argentino”) mostraba su frustración, que era generalizada. “Cuando me muestran los tiempos, no puedo creerlo –le contaba a VA- Me juego en todos lados, más a fondo no puedo ir, llega un punto en que no puedo tomar más riesgos. Pero no hay caso”.

Pese a lo que se presumía anticipadamente, los S2000 rinden más que los Grupo N pese a que son menos potentes. “Los muchachos tomaron una comparación equivocada, la del Rally de Brasil de 2009, y pensaron que un Grupo N les podía pelear, pero en un año los S2000 se prepararon mucho mejor” explicó David Eli, organizador del Rally de la Argentina. “Cuando ví los primeros tiempos de los S2000, me quise morir –contó Gabriel Pozzo, el líder del Argentino, a VA- No podíamos correrlo. Y, la verdad, tampoco creí que podía correrlo a Federico. Pero después apareció la oportunidad…”.

Y un Grupo N, que no podía competir con un S2000, terminó ganándole. Al cabo de la primera etapa, de Villagra a Pozzo había apenas 13 segundos de diferencia, 10 de los cuales correspondían a una penalización que había recibido el piloto de Subaru. En la intimidad, el ex campeón mundial de Grupo N estaba convencido de que derrotaba al actual campeón argentino. Villagra y su famélico Fiesta se defendieron en los tramos planos, como Valle Hermoso-Casa Grande, dónde no hay que trepar, pero Pozzo lo aplastó en la trepada del Pan de Azúcar, “uno de los caminos que más me gusta”, según reconoció al cabo de la prueba, con el cuarto lugar de la general asegurado.

“Por lo menos sumé buenos puntos para el Argentino” se consoló Villagra, aunque su rostro desmentía el tamaño del negocio. No volverá a correr S2000 este año. Y la oportunidad perdida es de una magnitud dolorosa.

22/03/2010

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