VISITANTE DE LUJO.

No es misterio hablar del misterio que representa la atracción del TC. Es una realidad que ha derribado las fronteras de las generaciones, los autos, pilotos, gobiernos, situaciones económicas. Cómo se explican entonces esa largas colas de vehículos que, en la desapacible mañana de Rafaela esperaban con destacada paciencia su turno para ingresar al circuito, en medio de una infraestructura que lamentablemente desde hace varios años sigue detenida en el tiempo.

«Ya desde el jueces, empezaron las colas», apuntó  a visionauto Oscar, un joven lugareño que como tantos vivió ansioso el regreso del TC al autódromo santafesino, luego de casi tres años transcurridos desde el último paso. «Después de la pandemia, tuvimos una gran afluencia de público en todos los circuitos», destacó Fernando Miori, gerente de la ACTC, colocando los ejemplos pasados en Viedma, Toay, el presente de Rafaela y el futuro en Posadas. Y en el medio de la charla, comentó la triste noticia del fallecimiento de Juan Carlos Deambrosi, antecesor de Oscar Aventín y Hugo Mazzacane en la presidencia de la ACTC.

Siempre hay lugar para la sorpresa y más si se trata del TC. Por más que se haya recorrido el mundo del automovilismo, como es el caso del ingeniero argentino Enrique Scalabroni, quien trabajó en Ferrari y Williams en Fórmula1 más otras experiencias. Visitante de lujo en la sexta fecha del TC, Scalabroni no dudó ante la pregunta de vision sobre lo que más le llamó la atención de lo visto en Rafaela. «Me sorprendió la pasión del publico. Me hizo acordar lo que pasa en Monza, donde la gente va y disfruta de las carreras», respondió con su habitual tono sereno, antes de agregar que «me gustó el nivel de la categoría, con sus autos, sus pilotos y su organización».

Scalabroni no se sorprendió tanto de la pole de Agustín Canapino como su propio autor. «Conocía mucho a su padre Alberto, y por eso sabía de las condiciones de Agustín que está entre los tres mejores pilotos argentino», comentó Enrique tras observar la clasificación en la sala de prensa, acompañado por los dirigentes del Club Atlético Rafaela.

«Con 30 kg. de lastre, de las tres tandas pensé que era difícil hacer la pole, además no soy un especialista. Por eso al hacerla, la festejé mucho», reconoció el Titan tras su novena pole en el caótico sector del damero (lugar donde reúnen los tres primeros autos y pilotos), que reemplaza a las conferencias de prensa donde los protagonistas hablan con mayor tranquilidad.

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¿Y esto?, unos segundos de gran zozobra y angustia, vivieron quienes vieron lo sucedido. En la clasificación, la típica, pilotos que iban lento por la pista a la espera de encontrar un socio para tirar juntos y viajar chupados para mejorar los tiempos. Y esos profesionales, no se percataron el peligro que ocasionaban en una pista de alta velocidad.

Johnnito De Benedictis iba como un tren a fondo en el Ford verde, a la búsqueda del mejor registro, y se encontró con los muchachos más despacio. Debió esquivarlos, puso dos ruedas sobre el pasto y pasó. Después «Pamperito» con justa razón, cantó a todos su indignación por la actitud de sus colegas, y reiteró que no bastaba con que los comisarios les quitaran los tiempos, reclamó mano dura habida cuenta de lo que pudo pasar. Y dateó con sensatez, que muchas veces se sancionan a pilotos por las consecuencias de un incidente, y no por las causas como tiene que ser.

Y si de sancionar se trata para mantener la casa en orden, así como le van a caber penas a los que hablen, tal como anunció la CAF, ¿que hay que hacer con quienes ponen en riesgo la vida de los demás?; no basta con que le quiten los tiempos.

De cara a la carrera, Canapino vio más complicado llevarse los 3 millones de pesos que recibía el ganador. Igual y como siempre aseguró, «saldré a ganar…». Muy bien. Asi piensa un verdadero campeón.

(Especial desde Rafaela, Santa Fe)

Foto: gentileza TC La Revista

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