UN COCHE DE FÓRMULA 1 PUEDE CONDUCIRSE DE MÚLTIPLES MANERAS
Pero para ello hay que introducirse dentro del auto. Y a lo largo de la historia hubo distintas maneras de acomodarse.
Este es el Alfa Romeo P3, estrenado en 1932. Su rol histórico está asegurado: fue el primer coche monoposto de Grand Prix. Hasta el año anterior, el reglamento especificaba la obligatoriedad de contar con dos asientos en cada coche, para piloto y mecánico, de manera de que los coches de carrera no se despegaran tanto, en término de filosofía y proyección, de los autos de turismos. Con ese coche, Tazio Nuvolari ganó el Campeonato Europeo de aquel año. Ese Alfa P3 abrió la senda del coche moderno de Grand Prix.
Casi 20 años después, en el arranque del Mundial, en la década del ’50, los pilotos seguían viajando sentados. No se usaban cinturones de seguridad y, en ocasiones, la ciaja de velocidades estaba ubicada entre las piernas del piloto. No necesariamente los pedales seguían la distribución lógica (acelerador y freno a la derecha, embrague a la izquierda).
En el GP de Bélgica de 1960, el cardan del coche de Stirling Moss se rompió y el brazo delantero pegó de lleno en la parte inferior del asiento, eyectando al piloto.
Esa disposición caducó cuando Colin Chapman estrenó su Lotus 25 en 1963: el piloto pasó a viajar prácticamente recostado sobre la butaca, con el torso a 45° respecto a las piernas. Ese esquema era mucho más aerodinámico y se mantiene, con algunos cambios, hasta nuestros días.

Dutch GP, Zandvoort, 20th May 1962
Con esa disposición, Michael Parkes no salió eyectado de su Ferrari en Spa-Francorchamps, siete años después que Moss, pero sus piernas quedaron enganchadas en el chasis y sufrió múltiples fracturas. Lo mismo le ocurrió a Graham Hill dos años más tarde, en el GP de Estados Unidos de 1969. La situación cambió con la adopción obligatoria de los cinturones de seguridad, aunque el miedo al fuego, la verdadera razón del rechazo a los cinturones, se mantuvo una década más.
En los ’80, los habitáculos cambiaron: ya no estaban cerrados por la carrocería de fibra de vidrio, sino que estaban construidos en fibra de carbono, aportando enorme seguridad. Pero en esencia los pilotos de los ’80 conducían acomodados de la misma manera que Jim Clark en los ’60.
Esa manera cambió con el Tyrrell de 1990 y su trompa levantada (foto superior), para permitir el flujo de aire por debajo del chasis. Eso obligaba a levantar el piso del habitáculo y, por lo tanto, las piernas del piloto. Esa distribución se fue refinando con los años y los avances tecnológicos, pero el concepto sigue siendo el mismo: el traste del piloto es el punto más bajo de su disposición.
En términos de seguridad, el piloto viaja mucho más embutido en el habitáculo, con los hombros cubiertos y preservados por una pieza asegurada con velcro -a consecuencia del accidente de Ayrton Senna- y, desde la década pasada, el Halo.
5-8-2026




