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HOMENAJE A LOS 100 AÑOS DE LAS 500 DE RAFAELA

Empecemos por establecer los límites: las 500 Millas Argentinas, disputadas entre 1926 y 1975 -apenas 37 ediciones– fue la carrera más importante en circuito del automovilismo argentino en el medio siglo en el que se organizó; el Gran Premio de Carretera podía tener más repercusión, pero no era un trazado cerrado.

La Talbot lago era un verdadero coche de Fórmula 1. Aunque diseñado en 1938, seguía siendo competitivo en 1950 con su motor 6 en línea y màs de 250 HP gracias a su bajo consumo; con una de ellas, Louis Rosier habìa sido 4º en el GP de Italia en Monza, tres meses antes de las 500 de Rafaela, disputadas el 24 de diciembre…

La ganaron pilotos del calibre de Juan Manuel Fangio (1950) o José Froilán González (1958-1959); su historial es el currículum puro del automovilismo argentino de pista: desde Raúl “Polenta” Riganti (1926), Domingo Bucci (1929) y Carlos Zatuszek (1935-1937) a Ernesto H.Blanco (1936-1940), Luis Brosutti (1938-1948) y José Fantó (1949-1959); de Ramón Requejo (1957-1960-1962) y “Larry” (1955) a Héctor Luis Gradassi (1967), Carlos Alberto Pairetti (1968) y Jorge Ternengo (1969) a Jorge Cupeiro (1966-1970-1971), Ángel Rubén Monguzzi (1972), Néstor Jesús García Veiga (1973) y Luis Rubén Di Palma (1975).

El Berta-Tornado con el que García Veiga ganó las 500 del ’73, al promedio más alto (217 km/h) y el título a fin de año, por apenas un punto, el que consiguió con el record de vuelta en la última carrera del año en Comodoro Rivadavia…

Un auténtico cuadro de honor del circuito nacional.

Chasis Ferrari y motor Corvette, el artilugio con el que Froilán González ganó dos ediciones consecutivas de las 500, además de los Sudamericanos de esos años, con carreras en Buenos Aires, El Pinar e Interlagos.

En la tradicional “carpa de la competición” de Autoclásica se homenajeó a esa riquísima historia, con la presencia de un buen número de coches que tomaron parte en alguna ocasión de las 500 Millas en el óvalo de Rafaela, y la asistencia de numerosas glorias del automovilismo que recibieron una distinción.

El célebre REO de Ernesto Hilario Blanco, dos veces ganador de las 500 Millas Argentinas

Se llevó las palmas el Negro Ángel Monguzzi (foto), vencedor en 1972 con un Pianetto-Dodge, quien a los 87 años recordó cómo puso a punto su coche (“pónganle 600 libras de espiral adelante y 1300 atrás”) para curar el rolido y ganar a 215 km/h de promedio. Le sobró paño para pedir “menos Turismo Carretera y más Fórmula 1” para el automovilismo nacional, de manera de sacar “más Colapintos”.

Tuvieron su momento Ángel Guerra (“yo no corrí las 500 pero en Rafaela me dí la piña de mi vida, se partió el coche al medio y no pudimos recuperarlo; aquellos F-1 Mecánica Argentina usaban las mismas cubiertas Goodyear que la F-1 de entonces y si le hubiéramos puesto un motor V8 a esos coches, habrían sido competitivos en la categoría internacional”), Marito García, Juan Carlos Salatino, Raúl Guagliano, el uruguayo Carlos Buffa y las viudas de tres vencedores de las 500: Cupeiro, Gradassi y Víctor Hugo Plá, vencedor en 1974, lo mismo que el hijo de Ternengo.

«Uno iba a Rafaela muy entusiasmado con el tema de la velocidad y todo el mundo quería ganar allí. Un circuito deseado como El Zonda de san Juan o el 9 de Buenos Aires, que lamentablemente no lo vamos a poder tener más» (Ángel Guerra)

Miguel Ángel Guerra, Juan Carlos Salatino y Benedicto Hugo Caldarella

El Polaco José Miguel Herceg, cuyos motores Chevrolet equiparon al Trueno-Sprint de Cupeiro que ganó en 1970 y 1971, también recibió su plaqueta, lo mismo que Pedro Campo, el proyectista de aquel chasis. Cupeiro había ganado también la primera edición en el óvalo asfaltado, en 1966.

Pedro Campo y José Miguel Herceg

Hasta Oscar Mauricio Franco -uno de los pocos supervivientes de las 84 Horas de Nurburgring de 1969- tuvo su momento: nunca corrió las 500 pero en 1967 empató una carrera de Turismo nada menos que con Carlos Reutemann, ambos con sendos Fiat 1500; el año anterior, el santafesino había tomado parte de los 500 con un chasis De Tomaso de F-2.

Luciano y Sandro Crespi (foto), los hijos del recientemente fallecido Tulio, fueron destinatarios del homenaje a su padre, cuyos coches compitieron en las 500 Millas. Llamó la atención que no asistiera ninguno de los hijos del último ganador de las 500 Millas, Luis Di Palma.

El Loco ganó también la carrera de 1976, denominada “Bodas de Oro de las 500” (sobre 50 vueltas en lugar de las 174 tradicionales al óvalo peraltado), y Monguzzi conquistó el triunfo en 1977, en la carrera en que Guerra destruyó su coche. La MAF-1 no volvió a Rafaela y se extinguió como categoría nacional a fines de 1979…

También Benedicto Hugo Caldarella, el ingeniero rafaelino Juan Carlos Fisanotti, el nieto de José Pedro Passadore (en nombre de su abuelo) y el historiador de las 500 Víctor Hugo Fux fueron distinguidos.

El Meifa-Chevrolet de la localidad de Armstrong (Santa Fe); en 1974, Raùl Guagliano se quedó sin nafta cuando iba ganando y terminó segundo; luego, entre 1975 y 1979 lo condujo Mauricio «Marito» García.

Un momento maravilloso que permitió comprobar las razones por las cuales el automovilismo es -históricamente- el segundo deporte en popularidad en la Argentina, más allá de los vaivenes. Los próceres de la competición lo hicieron así.

11-10-2026

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