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NI CON UNA VICTORIA HABRÍA CELEBRADO TANTO

 

Si viniste a Visionauto, es porque te gusta el automovilismo (y los autos).

Y si te gustan los autos, seguro que te aseguraste de ver, en vivo o por TV, el Road Show que protagonizó Franco Colapinto en la Ciudad de Buenos Aires.

Así que, ¿qué te podemos contar que ya no sepas?

La crónica quedó en manos de la TV y las redes, ¿qué más vamos a aportar?

Reflexión. Algunas ideas. Disparadores.

Así interpretó Pato el Himno Nacional Argentino para el Road Show de Franco Colapinto. 🇦🇷 pic.twitter.com/RJFTVED56L

Colapinto es un auténtico fenómeno popular, independiente de los resultados. Te guste o no. Su candor, su carisma, sus modos conectan con la gente común de una manera que no siempre el experto avezado logra descifrar. Mezclados en la masa, al borde del asfalto en este Road Show, advertimos que los fanáticos del automovilismo eran, aunque parezca mentira, minoría: los más eran curiosos, gente del vulgo, que nunca le pasó cerca a un coche de F-1, que empatiza con la frescura del chico, que quizás mira de reojo un Grand Prix pero que aquí pudo acercarse, oír un poco de ruido, aportar su cuota individual para reunir un formidable caldo popular.

Quién más se bañó en esa olla emotiva fue el propio Franco. Los momentos finales, cuando ya había dado vueltas con la réplica del W196 disfrazado de Fangio, cuando ya había quemado a propósito el embrague del Lotus E20, fueron, acaso, los más emocionantes del acontecimiento.

Así terminó el Road Show de Franco Colapinto en Buenos Aires pic.twitter.com/AkiheaudEW https://t.co/1lUvkdEmwM

El piloto de Pilar hizo allí lo que no puede hacer en la Fórmula 1: paró el auto y se subió al chasis, para saludar a la masa. Eso es lo que normalmente hace el vencedor de un Grand Prix. Y luego fue corriendo hacia una verja: de haber estado sus mecánicos del otro lado, se habría tirado en sus brazos, como también suelen hacer los vencedores.

A Colapinto, sus fanáticos le dieron la posibilidad de sentirse más que ganador por una tarde. Celebró con un volumen de festejo muy superior al que puede desplegarse en un finde real de F-1. Acaso cautivó su emoción, pero más impacto produjo la comunión de la gente con un ídolo que no ganó nada a la altura de Messi y, sin embargo, está más cerca de la gente que el astro del fútbol.

💙💛💙 LEANDRO PAREDES y MIGUEL MERENTIEL con ROSA, la abuela bostera de FRANCO COLAPINTO. 🥹

Ganaron todos los que fueron: los que planearon hacer dinero con este evento, los que pretendieron transformarlo en proselitismo, los que pudieron pagarse una entrada onerosa para ver trompos y también los que, de manera gratuita, pegados a una valla, se apersonaron al fenómeno. (Acaso apenas perdieron los vecinos de Palermo, encerrados por los cortes; los vecinos disgustados por las dificultades del tránsito en los días previos y en el domingo; los cronistas verdaderos ninguneados por una organización deficitaria; y alguno más).

Pero más que todos ellos ganó Colapinto, nos parece. Mojado por ese enorme calor popular (*), fue protagonista de un acontecimiento que, probablemente, ni Juan Manuel Fangio ni Carlos Reutemann, cada uno en su tiempo, pudieron encarnar. Maravillas de la demografía y la vida moderna. Y sin necesidad de ser un consagrado del deporte, sino un pibe sencillo de 22 años que capturó el espíritu de la época y se dejó llevar. Inmerso en multitud, emergió -más que fortalecido- con el alma cubierta de caricias.

(*) Descreemos de la cifra que se brindó, más de 500 mil personas, instalada en la semana y refrendada en el evento sin una sola fuente oficial que lo confirmara; se llegó a afirmar que hubo 600 mil personas; pensamos que un par de cientos de miles ya es una cifra más fidedigna y digna de aplauso. Pero no es  la sustancia. 

«Flecha de Plata»:

Esa mayoría nada experta no le reclama resultados. Solo lo quiere Franco. Puede que descuenten su talento, aunque no sabrían explicarlo, pero tampoco les parece la cuestión central. Es un argentino en la Fórmula 1. ¿No basta con eso? A ellos les sobra. Si no gana, será porque no lo dejan, piensan muchos. Porque lo perjudican. En Palermo no había nadie -nadie- que pudiera arruinar sus planes. Era el Colapinto ideal: sin resultados por los que sufrir ni nada que pudiera amargar el día.

Habrá que ver si el otro gran objetivo del acontecimiento, más o menos desembozado, finalmente se consigue. Conmover el corazón verde de FOM para que le haga a la Argentina un lugar en el abarrotado calendario de 24 Grands Prix, a futuro. También de demostrar que este es un país fierrero que merece ese lugar se trató este acontecimiento, una finalidad transparente que al final también puso en palabras el propio Colapinto. No es un tema que vayase a resolver en el corto plazo. El calendario va de año a año, los pilotos de carrera en carrera.

 

Al menos consiguieron instalar el tema. Muchos se fueron a sus casas pensando que la Argentina merece estar de vuelta en el calendario. Como si la pasión reclamara para sí ese derecho. ¿Alguien comunicará oficialmente, llegado el momento, cuánto costará? Porque oficial, ni siquiera un tuit confirmando que había «más de 500 mil personas»

Pero esas especulaciones pertenecen al porvenir. Colapinto es un ídolo de todas las edades y en Palermo tomó la comunión con sus seguidores. Su manager dijo que ese fervor le dará un plus en el venidero GP de Miami, la semana próxima. Allí volverá la rutina habitual y el desafío: acomodar bien todas las piezas para poder superar la Q2, largar entre los diez primeros, posicionarse en una plataforma más favorable para sumar puntos al cabo de la carrera.

Pero ¿quién le quita lo vivido?

26-4-2026

 

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5 COMENTARIOS

  1. Todo esa popularidad, al margen de la cuestion animica que es muy importante, sirve para que no pierda (y quizas gane mas aun) el apoyo economico, que todos sabemos es clave para mantenerse en la F1.
    Creo que aunque Colapinto siga, la carrera de F1 en Argentina es casi imposible que se haga en el mediano plazo. Si de aca a unos años el pais cambia y se estabiliza (como en los 90) podria llegar a ser, pero hoy Liberty es la primera que sabe que es imposible que alguien este dispuesto a invertir, firmar (y cumplir) un contrato a 5 o mas años en dolares y por el valor necesario, en un pais como este, por mas fierrero que sea.
    Saludos

    • los muñecos estos, van adonde esta la plata. de latinoamerica, esta claro que no somos brasil que tiene 55 años de trayectoria y produjo campeones y sub campeones, amen de ser sede en casi el 70% de existencia el campeonato mundial.
      pero los procesos son dinamicos, crisis en medio oriente, crisis en europa … y que tal si mexico que parecido a nosotros en las discontinuidades dentro del schedule …. por ahi se convierte en comodin de alternancia de aca 3 años.

    • Muy bien lo que decís del apoyo económico. En el peor de los casos que Franco no logre los resultados esperados, tiene que hacer lo que hizo Checo Perez. Que Galperin (u otro) pague el asiento un par de años pero sin GP en Argentina le puede jugar en contra.
      Que Franco la rompa asi no depende ni de los sponsor y el GP

  2. es tal la avidez argie por la trascendencia, que la masa abraza los exitos deportivos y empatiza con los iconos culturales que generan emociones.
    con una claque politica tan berreta e inepta, la gente necesita abrazar algo que le reconforte y eso lo encuentra en cualquier ambito donde los protagonistas expresen sinceridad, esfuerzo, desarrollo de talento y por ello todas estas muestras masivas, como la de ayer o la recepcion dada a la seleccion de futbol.

  3. Impecable la nota. La cantidad de público es un detalle menor, de todas formas aún en la parte abierta al público había que pasar de a uno por molinetes que contaban personas. Si la entradas de 150 verdolagas y las de 60 se agotaron en pocas horas, la entrada a un GP (promedio 500-800 dolares) las venden hasta sin hacer publicidad. La concentración económica es un fenómeno imparable y conseguir (no se de que capacidad quedará el autódromo) pero ponele 200.000 personas (de 47 millones) dispuestas a pagar un espectáculo 800 dolares van a conseguir.
    Aparte de todo esto, lo de ayer fue conmovedor: los autos (hasta el tremendo mercho disfrazado de pace car), la actitud de Franco de principio a fin (demostró, entre muchas otras cosas y una vez mas que domina la presión de forma admirable), la gente, los comentarios entre la gente, como se cantó el himno, como se aplaudió todo, las pantallas (varias aún en la parte gratuita) y el final con el Lotus prendido fuego y el saludando con la bandera Argentina y el humo de fondo, fue de película, y de las buenas.

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