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OTRA MUESTRA PÚBLICA EN LUJÁN.

Aníbal Colapinto, el padre de Franco, recibió en el Museo del Automóvil de Luján una distinción, y le contó a Visionauto que en esta semana que transcurre iba a estar en Bahía Blanca por razones familiares. Mientras aguardaba ansioso para ver a Franco competir en el inminente Grand Prix de Canadá, el domingo. Y al toque le dijo a VA que lo espera un viaje muy especial a Europa, cargado de los sentimientos profundos que guarda un padre hacia un hijo. La semana siguiente, el miércoles 27, Franco cumple 23 años y estará con él en ese día tan importante.

Aníbal cambió la boina habitual por una gorrita personalizada. En la ceremonia, se dio el gusto de contar una anécdota sobre la infancia de su hijo y cómo ello repercutió en su propio deseo. Visión estuvo allí y la refleja:

«Franco tenía 4 años, a mí me gustaban las motos y él quería la moto, la moto… Como tengo todas las partes del cuerpo rotas por culpa de cuando corría en motos, me dije ‘moto, no’.

«Así le compré su primer cuatriciclo, uno de 50 cm3. Vivíamos en una quinta cerca de Capilla del Señor y Franco andaba todo el día con eso. Cuando cumplió cinco años, se lo cambié por uno de 100cm3, y ya tenía siete cuando casi nos echan de casa a los dos, porque aparecí con un Raptor 350.

«Era un 23 de diciembre a la noche, yo llevaba el cuatri en la caja de la camioneta, la estacioné de culata en la quinta en que vivíamos en Capilla del Señor. Los chicos ya estaban durmiendo. Sale Andrea, la madre de Franco, a la puerta:

-¿Qué? ¿Te hacés el pendejo ahora, que te compraste un cuatriciclo?
-No, no es para mí, es para Franco– le contesté.
-¡No, ese no, llevátelo de acá!
-No ya está, ya lo compré…

«La verdad es que yo pensaba comprarle un 250, pero como había poca diferencia de dinero, le compré ese.

«Al día siguiente nos levantamos a desayunar y le digo a Franco ‘abrí la puerta que me parece que hay algo ahí’. Abre, me mira y pregunta ‘¿Y eso que es?’. ‘Eso es para vos’.

«Lo bajamos y no llegaba ni a los cambios (de marcha). Ahí empezó y no paró más. ¡Me di cuenta que el cuatriciclo quizás era más peligroso que la moto! Así que con unos amigos lo sentamos en un karting y ya saben el final de la historia».

«Como argentino estaba ansioso por tener a un compatriota en la Fórmula 1. Pero que ese compatriota sea mi hijo, se imaginan que me llena el pecho de orgullo”.

Ahí anda Aníbal por el mundo, orgulloso de Franco y consciente del rulo que su acción paternal logró.

Alberto Juárez, Fernando Tornello, Aníbal Colapinto, Juan Carli (Fundación Fangio), Mauricio «Damon» Gallardo y Christian González Rouco en el Museo del Automóvil de Luján.

Fotos e imágen: Visionauto.

18-5-2026

 

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