NO SE ANDUVO CON VUELTAS, ni chiquitas  el español Julián Miralles a la hora de pensar en el regalo de bodas para su homónimo hijo.

Nada de plasmas, ni de juego de cubiertos, ni un auto, ni un viaje, ni siquiera un departamento. ¡Le regaló una carrera en el Campeonato Mundial de Motociclismo y nada menos que en Holanda, la más clásica de todas las citas!.  Un grande, aunque haya sido en la clase Moto 3, la menor de las categorías.

Ojo, si estás de novio, no te entusiasmes conque tu viejo pueda hacer lo mismo. Los Miralles no son improvisados en el motociclismo internacional. Julián padre corrió en el Mundial a fines de los 80 y principios de los 90. Con actuales 23 años, Julián hijo, el novio en cuestión, participó menos porque dos graves accidentes en Albacete y Mugello (estuvo a punto de perder una pierna) lo alejaron de las pistas y lo obligaron a una larga convalecencia. Pese a todo no se bajó de las motos porque  actualmente es probador del MIR Racing, el equipo de su padre, y corre en algunas carreras del certamen español.

«No corrí pensando en el resultado sino en disfrutar tan especial regalo «, declaró Miralles, tras llegar 26to., a 39s377 de su compatriota Maverick Viñales, ganador de la carrera.

Julián Miralles Rodríguez, tal su nombre completo, pudo correr gracias al uso de una invitación especial (wild card) y en homenaje a su padre que le regaló el Gran Premio sobre una moto de su construcción, lució un casco con una dedicatoria.

¿Qué dijo Estefania Catala, que se convertirá señora de Miralles el mes que viene?. Se puso contenta porque ella también es motoquera y años atrás se atrevió a correr unas carreras en un certamen femenino. ¿Si se puso celosa al ver la foto que acompaña la nota? Para nada, porque esa sonriente chica que le sostiene el paraguas a Julián, es ella…

Por el equipo de VA

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