EL GRAN PREMIO Argentino Histórico congrega a increíbles entusiastas que derrochan pasión, entusiasmo y ganas.

Han sido los casi 250 binomios que salieron desde el Automóvil Club Argentino (ACA), que organiza la 12ª edición de una carrera convertida en un clásico, auspiciado por Peugeot y con fines solidarios. Al término de cada etapa, los participantes deben donar 5 kg de alimentos no perecederos a Cáritas Argentina.

 

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Los que no se pierden el Histórico lo  disfrutan y viven a pleno la gran cita que año a año los convoca. Sí, aunque se haya puesto cuesta arriba por los números que demanda hacer el gran premio, tanto que hay que disponer de no menos de 18 a 20 mil pesos para correrlo o 30-35 mil como los que lo encararon con más pretensiones y medios.

Visión lo comprobó en la recorrida que el GP hizo por Entre Ríos para después continuar hacia Misiones, llegar a Puerto Iguazú y desde allá, emprender la vuelta por Corrientes, Paraná, Gualeguay que se completa en Tecnópolis en Villa Martelli. Al paso por Entre Ríos, hubo que afrontar la lluvia que en buena parte del día se hizo diluvio. Sin embargo, nadie bajó la guardia.

Historias, vivencias, anécdotas a raudales entre los que arriba de impecables autos que corrieron los grandes premios de Turismo entre 1957 y 1975 más cupecitas del TC, van sucediéndose en cada kilómetro dejado atrás, en cada parada o bien a la hora de juntarse en torno a una mesa para una reparadora cena.

 

Los Giuli junto al Fitito modelo ´64, hecho con gran dedicación

 

«Lo hicimos a nuevo, todo, todo; es modelo ´64, motor 770cc; tuvimos que agregarle un tanque de nafta de 50 litros para tener más automonía; no nos podíamos perder esta carrera, es la segunda vez que estamos», dijo José María Giuli, orgulloso de su Fiat 600 color celeste (único que ha corrido) compartido con Juan Pablo, su hermano, los dos de la ciudad de Colón.

 

La cupé 1500 del matrimonio Pitronaci

 

«Nosotros corremos en todo el campeonato de regularidad y el gran premio nos encanta, nos entendemos de memoria para llevar los tiempos y sacar calculos», contó Mirta Valentini mientras su esposo Pedro Pritonaci al volante de una cupé Fiat 1500 repasaba unos apuntes. «Ja, ja!, no, no discutimos, pero si en algún momento no nos ponemos de acuerdo, yo llevo el divorcio escrito para firmarlo ahí nomás», brome; Mirta, el matrimonio es de Carapachay.

«Llevo mucho trabajo armarlo pero lo hicimos; sí, tiene piezas originales. ¿El motor?, un F-100!», Roberto Sabadini con Carlos Lerda su acompañante, reflejaron el orgullo por lo conseguido: tener una cupé Ford exacta color gris, como fue el recordado «Tractor» de Eduardo «Tuqui» Casá, aquel que dejó su huella en el Turismo Carretera. Son de Ranelagh.

Para los Caballese (de Llavallol) la cosa no había empezado derecha, el día antes de largar desde Zárate, rompieron el parabrisas del Chevrolet 400, «movieron» cielo y tierra para conseguir el reemplazo, tarea complicada si las hay; ante la imposibilidad, compraron el vidrio que va en la luneta y lo acomodaron con cintas adhesivas como parabrisas, más adelante iban a ver si conseguían el original, querían largar! y lo hicieron.

En equipo corren Gustavo Oribe junto a Adrián Roldan (trabajan en el Banco Provincia de Buenos Aires) y Juan Carlos De Almeida con German Schulmeister, van con dos Fiat 1500 berlina modelos 1964 y 1967, color verde; viven en Los Cardales y Capilla del Señor; llevó tiempo, trabajo y sus buenos pesos alistar los coches, pero no dudaron.

Unas historias de tantas que regala el Gran Premio a lo largo de los 3700 kms por recorrer, 3700 kms en autos sin las comodidades de los actuales, ¡al contrario!, que demandan más esfuerzo, «nadie piensa en eso, todos los que corren se compenetran tanto que lo único que quieren es hacer las cosas lo mejor posible, pasarla bien y llegar lo más adelante posible; los kilómetros se pasan volando», contó Néstor Straimel.

 

La reluciente cupé Ford ´39, no participa pero marcha al frente de la caravana

El reconocido periodista, fana de Atlanta ha vivido tan ricas sus experiencias en la butaca derecha, si hasta navegó a un tal Jorge Recalde en el Mundial de Rally. Néstor le hizo «gamba» en la etapa inicial hasta Concordia al amigo arquitecto Eduardo Marías propietario de una joya, una reluciente cupé Ford ´39 que encabezaba la caravana pero sin tomar parte de la carrera. «La restauración de mi auto la tomé como si fuera una obra de las más importantes que hice en mi profesión, detalle a detalle, pieza por pieza, me llevó 3 años tenerla lista» contó transmitiendo el placer que le significa ver su auto y el ronroneo del V8

Historias de un GP Histórico que vaya, bien vale la pena vivirlo.

Por Carlos Saavedra

Fotos: VisionAuto, Guillermo Cejas y Prensa ACA

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