MÁXIMA TENSIÓN.

Es la que rodeó al Gran Premio de Arabia Saudita. Y no fue para menos, porque esa seguridad prometida por organizadores y la misma gente de la Fórmula 1 para el normal desarrollo de la segunda fecha del Campeonato Mundial, quedó seriamente comprometida ante los ataques  bélicos del grupo rebelde de los hutíes de Yemen, sobre instalaciones de la petrolera Aramco (principal patrocinante de la categoría), ubicada  a sólo 17 kilómetros del circuito de Jeddah, donde pilotos y autos cumplían los primeros entrenamientos que con el 1-2 de Charles Leclerc y Carlos Sainz , reiteraron el dominio mostrado por Ferrari en la fecha inicial de Bahrein.

Las consecuencias de los ataques a la petrolera Aramco se vieron en el circuito (densa humareda) en pleno entrenamiento inicial. La preocupación se transformó en angustia y miedo.

Lo deportivo pasó a un segundo plano, a partir de la densa humareda negra vista desde el circuito, como una de las consecuencias del ataque. Según se informó fue provocado por el único de los siete misiles no interceptado por las fuerzas de seguridad de Arabia. Otro testimonio de la preocupante situación lo dio Max Verstappen, al comunicar a su equipo que sentía «olor a quemado» en su Red Bull, imaginando que era un principio de incendio en el motor. En realidad fue la consecuencias de la ola expansiva de las explosiones en  la planta de Aramco.

La crítica situación movió en muchos integrantes de la categoría, especialmente pilotos y mecánicos, las ganas de cancelar todo y regresar a casa. Esto dio lugar a sucesivas reuniones entre organizadores, representantes de la Fórmula 1, pilotos y directores de equipos. Finalmente, se decidió seguir adelante con el Gran Premio.

Ben Sulayem, presidente de la FIA y Stefano Domenicali, director de la Fórmula 1, anunciando la continuidad del Gran Premio. Hubo pilotos que no estuvieron de acuerdo, pero finalmente decidieron correr.

«La Fórmula 1 ha estado en estrecho contacto con las autoridades pertinentes luego de la situación que se produjo en la petrolera. Las autoridades han confirmado que el evento puede continuar según lo planeado y permaneceremos en estrecho contacto con ellos y todos los equipos y seguiremos de cerca la situación», informó Stefano Domenicali, director de Liberty Media, empresa dueña de la categoría.

Los nerviosos movimientos dejaron en claro el deseo de las autoridades y jefes de equipos, de seguir adelante con la carrera. Posiciones que se manifestaron en especiales declaraciones. «Estamos en el lugar más seguro de Arabia Saudita», largó Toto Wolff, director deportivo de Mercedes Benz mientras que el siempre desafiante Helmut Marko, asesor de Red Bull, consideró sin ponerse colorado  que «estamos más seguros que en México…». Sin embargo esas opiniones no fueron nada en cuanto inoportunismo, con relación a lo declarado por el mismísimo presidente de la FIA, el emiratí Mohammed Ben Sulayem.

«Los riegos son mínimos porque no tienen como objetivo a los civiles. Hemos mantenido reuniones con el jefe de seguridad, con los directores de los equipos y los pilotos; y les dijimos que los ataques apuntaron a la infraestructura, no a los civiles y a la pista», declaró el máximo responsable del automovilismo mundial. Como si posibles nuevos ataques a una infraestructura cercana al circuito, no hubieran constituído una real amenaza generalizada…

Surgió con claridad, como tantas veces en años, que privan los intereses económicos, el espectáculo debe continuar. A cualquier costo y riesgo. La oportunidad que los pilotos le pusiesen freno, se diluyó tras una reunión de cuatro horas que terminó en la madrugada del sábado. Si bien las opiniones estaban divididas, decidieron correr. Otro triunfo de los intereses y los poderosos. Qué lástima. Habrá que ver las consecuencias a futuro.

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