NO HAY PILOTO EN EL MUNDO QUE NO LO ADMITA.

Y ante accidentes trágicos como el que se llevó la vida del francés Anthoine Hubert en la carrera de Fórmula 2 en el circuito belga de Spa-Francorchamps, el pensamiento vuelve a reflejarse, una muerte causa pesadumbre.

Si de la seguridad tanto en autos como circuitos se trata, ha ido evolucionando en los últimos años en el mundo. El proceso es similar en el automovilismo argentino, si bien dentro de otros parámetros y acotado por razones económicas y falta de decisiones de fiscalizadores, dirigentes y pilotos, que más de una vez estos últimos, reiteran que «no son especialistas en seguridad», obviando un aspecto fundamental, son ellos los que arriesgan la vida…

El accidente y muerte del también francés, Jules Bianchi, en la pista de Suzuka durante el GP de Japón 2015, cuando impactó contra una grúa de rescate. Fue el primer episodio fatal en F1 luego de que perdiera la vida Ayrton Senna en 1994 en Imola, Italia.
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El accidente y muerte instantánea del chico Hubert impactó, conmocionó al mundo del deporte motor y a la opinión pública. El pesado silencio se desparramó y en el automovilismo argentino, también golpeó duro.

Los riesgos que implica el automovilismo desde sus orígenes, ante semejante hecho, vuelven a quedar expuestos sin miramientos. La lista de corredores muertos o con heridas irreparables es, lamentablemente, extensa.

Los accidentes mortales por los progresos tecnólogicos, la resistencia de los autos, el incremento de la seguridad en los circuitos con medidas en evolución, se han convertido por suerte en infrecuentes. Sin embargo, cuando se padecen, golpean con crudeza. Los sueños desde chiquilines, los comienzos en los karting, el paso a los autos de fórmulas promocionales, el crecimiento, han sabido quebrarse para siempre como en el caso del infortunado Hubert. Así es la historia.

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