UNA FECHA NEFASTA.

Es el 1 de agosto para el automovilismo internacional porque en distintos años se sucedieron graves accidentes. Paradójicamente el más trascendente, el de Niki Lauda en Nurburgring 1976, fue el único sin consecuencias trágicas para el piloto. No tuvieron ni la misma suerte, ni difusión, el francés Jean Behra, muerto en 1959 en el ultraveloz Avus en una carrera de Sport sobre un Porsche, ni su compatriota Patrick Depailler, inmolado hace 40 años mientras probaba un Alfa Romeo de Fórmula 1 en Hockenheim. Coincidentemente todos fueron en circuitos de Alemania. Como otro dato para confirmar lo infausto de esta fecha podemos agregar que también ese 1 de agosto de 1959 murió el inglés Ivor Bueb, como consecuencia de las heridas sufridas en una accidente protagonizado seis días antes en una carrera de Fórmula 2 en el circuito francés de Clermont Ferrand, el mismo que 13 años más tarde vería el debut de Depailler en la Fórmula 1

Obviamente sin saber que tendría su mismo trágico destino, Patrick Andre Eugene Joseph Depailler, tal su nombre completo, tenía como ídolo a su compatriota Jean Behra. Lo entusiasmaba el permanente desafío al peligro que tanto sobre una moto como sobre un auto, realizaba Behra, un contemporáneo de Juan Manuel Fangio que pese a su coraje y capacidad nunca ganó un Gran Premio por el Mundial. Si, cosechó muchos accidentes, entre ellos uno que le provocó la amputación de una oreja.

Patrick Depailler formó parte junto con Jean Pierre Jabouille, Jacques Laffite, Patrick Tambay, Jean Pierre Jarier, Rene Arnoux y Didier Pironi de la generación de pilotos franceses que desde mediados de los 70 invadieron la Fórmula 1 . Ninguno fue campeón mundial.

“Patrick era un chico grande, que hacía travesuras a veces peligrosas pensando que siempre le iban salir bien…” contaba el recordado Ken Tyrrell, una persona clave en su proyección, ya que le dio la primera oportunidad de subirse al tercer auto de su equipo de Fórmula 1 en el Gran Premio de Francia 1972 y ser compañero de Jackie Stewart y Francois Cevert, nada menos. El mismo Stewart que no veía con buenos ojos esas travesuras de Patrick y sentenciaba que por eso “no tenía las llaves que abren las puertas del éxito…” El mismo Cevert que había sido su sombra en las categorías promocionales, donde Patrick era apadrinado por Jean Pierre Beltoise,piloto de Fórmula 1 y cuñado de Cevert….

Pese al abandono en el debut Ken volvió a confiar Patrick para la carreras final del campeonato en Estados Unidos. Una confianza que el francés devolvió con un séptimo puesto en Watkins Glens. La posibilidad de continuidad la truncó una de sus travesuras que no salió tan bien como pensaba. Fue una caída mientras practicaba motocross que le fracturó una pierna, “Cuando lo vuelva a tener como piloto le exigiré por contrato que no haga deportes y actividades de alto riesgo” anunciaba Tyrrell que siguió con atención la campaña de Depailler en la Fórmula 2.

Fervoroso defensor del Tyrrell P 34 de seis ruedas, Depailler no pudo darse el gusto de ganar con ese auto. Hizo su única pole en Suecia 74, pero una mala partida le facilitó el triunfo a su coequiper Jody Scheckter y tuvo que resignarse a ser segundo .

Con esa clausula en el contrato Tyrrell recibió a Depailer en 1974 en la reconstrucción de su equipo de Fórmula 1 devastado por el retiro de Stewart y la muerte de Cevert. Comenzó una buena época de Patrick que también ese año corrió en la Fórmula 2 Europea y fue campeón. “El equipo de Tyrrell era como una familia” reconocía Depailler que se sentía a gusto por no recibir recriminaciones cuando apenas bajaba de su auto encendía su infaltable cigarrillo Gitanes… Una imagen inimaginable en estos tiempos y que en los boxes del actual Gálvez comenzó a verse desde aquella primera visita que hizo a la Argentina en 1974, ya integrado oficialmente al equipo Tyrelll.

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“Depailler es un obrero del volante” era el particular elogio de los cronistas que seguían la Fórmula 1 a fines de los 70 sobre la figura de Depailler en un reconocimiento de su constante trabajo y esfuerzo como sus principales virtudes. Tal vez por ser un obrero le costó mucho llegar a su primera victoria pese a que era un frecuente ocupante de los puestos que entregaban puntos y que eran sólo seis por aquellos años. Quince visitas al podio hizo antes de subir al escalón mayor en su quinta temporada completa con Tyrrell y tras 69 Grandes Premios. Valió la pena la espera porque ese momento sublime para todo piloto lo vivió en Mónaco 1978. El ambiente de la categoría se alegró aquel 7 de mayo.

Mónaco 1978 le dio a Depailler el primero de los dos triunfos (España 79 fue el otro) que muestra su campaña de 95 Grandes Premios entre Francia 72 y Gran Bretaña 80. Además hizo una pole, marcó 4 récords de vuelta y subió a 19 podios

Guy Ligier no tuvo la misma precaución que Tyrrell a la hora de firmar el contrato que ligaría a su equipo con Depailer para el campeonato 1979. Por eso sólo le quedaron gritos e insultos para expresar su enojo cuando el 3 de junio se enteró que Patrick se había quebrado las dos piernas en una caída mientras practicaba aladeltismo, otro de sus hobbies favoritos junto al esquí y el vuelo a vela. Se esfumaba para el constructor francés la posibilidad de pelear el titulo tras una brillante primera parte de temporada que lo había vistos ganar tres carreras (Argentina y Brasil con Laffite y España con Depailler) en medio de la gran rivalidad que enfrentó a sus pilotos.

“No me imagino mi vida sin carreras, sería insoportable” repetía Patrick con tono de dramática súplica durante su dolorosa y larga recuperación de cinco meses, que incluyó 9 operaciones y donde en algún momento sobrevoló el fantasma de la amputación de sus piernas. También como duro recuerdo del pasado había quedado por entonces su matrimonio con Michele, casualmente nacida el mismo día (9 de agosto de 1944) y en la misma ciudad (Clermont Ferrand) que Patrick. A la mujer la atormentaban los peligros que rodeaban a Patrick en una época trágica de la Fórmula 1.

Durante su paso por Ligier, Depailler (25) mantuvo una gran rivalidad con su compatriota Jacques Laffite (26). «Teníamos una buena relación pero en la pista los dos queríamos ganar» explicaba.

Ayudado por muletas apareció Depailler en su presentación como piloto de Alfa Romeo para la temporada 1980. Su pasión y ganas fueron superando al dolor e inició una temporada que sólo le dio dolores de cabeza en el desarrollo del modelo 179 que en las primeras carreras tuvo pedales más duros para adecuarlo a los problemas de Patrick en sus piernas. Tras protagonizar en el Gran Premio de Gran Bretaña su octavo abandono consecutivo sobre otras tantas carreras, Patrick decidió tomarse unos días de vacaciones en las Islas Azores que compartió con Francois Guiter por esos días jefe del departamento competición de ELF, la empresa francesa muy vinculada a la campaña deportiva de Depailler. Según contaba, Guiter notó a Patrick muy feliz y relajado además de entusiasmado con su nueva pareja. Por eso recordó que lamentó tener que interrumpir esas vacaciones para probar el Alfa Romeo en Hockenheim con vistas al Gran Premio de Alemania.

Su último paso por Argentina fue en 1980 con un Alfa Romeo que nunca pudo ver una bandera a cuadros. Lo mejor de Depailler en Buenos Aires fue el tercer puesto en 1978 con Tyrrell.

“Algo anda mal” le dijo Depailler a su coequiper Bruno Giacomelli, luego que ambos completasen los giros iniciales de los ensayos. Inmediatamente apagó el que sería su ultimo cigarrillo y subió nuevamente al Alfa Romeo. La vuelta de calentamiento fue la única. Un estruendo seco se escuchó por encima de la densa arboleda que por esos días tenía Hockenheim. Al llegar a la Ostkurve, un viraje que se tomaba a 280 Km/h, y donde según advertía Alan Jones “si el auto se te va, necesitas mucha suerte para salir ileso…”, el Alfa Romeo siguió de largó, golpeó contra las barreras de contención y se dio vuelta. Depailler no tuvo esa suerte que pedía su colega Jones. Con fracturas en el cráneo y piernas, Depailler prolongó su agonía hasta la llegada al Hospital de Heidelberg. Se tronchaba así otra esperanza de Francia para consagrar su primer campeón mundial de Fórmula 1. Un logro que tres lustros más tarde alcanzaría Alain Prost, el mismo Alain Prost que ese 1 de agosto de hace 40 años se casaba con Anne Marie…

El triste final con el Alfa Romeo destrozado luego del despiste fatal. «Acepto las muertes en el automovilismo porque es un deporte con un riesgo que debemos saber aceptar» decía.Depailler sobre los accidentes fatales, muy comunes en su época de piloto.

La rotura de la suspensión delantera quedó como la causa principal del accidente aunque no se descartó un golpe contra el borde de la pista que deterioró la falda lateral y eliminó el efecto suelo del Alfa Romeo Ese efecto suelo tan de moda en aquel tiempo y que Depailler odiaba porque según opinaba “los autos cuando se ponen más fáciles de manejar también se ponen más peligrosos. Por el efecto suelo estamos tomando las curvas tan rápido que son necesarias buenas vías de escape. Sin ellas cada falla mecánica sería un desastre y seguramente nadie quiere eso”.

Fue una premonición, como aquella otra que un mes antes de su muerte le deslizó a su apoderado Nick Britain, cuando éste le propuso futuros negocios para encauzar una economía personal a la que Patrick no le prestaba demasiada atención.

“No, dejá, el futuro es para otras personas…”  contestó Patrick.

Estaba claro que presentía que en el umbral de los 36 años, su vida no tenía mucho futuro.

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