¿HUBO ALGUNO IGUAL?

La pregunta apunta a comprobar el valor supremo de aquel recordado duelo que, a mediados de los 80 enfrentó en rutas y caminos del Turismo Carretera a dos grandes campeones, Roberto José Mouras y Oscar Roberto Castellano.

“Fue un duelo duro porque los dos buscábamos ganar, y por eso no nos perdonábamos ni un centímetro en el camino. Nada que ver con los de ahora. Mi duelo con Mouras no era mediático pero había más respeto. Ahora se getonean más de lo que verdaderamente hacen. Con Mouras nos dábamos con todo en la ruta, porque los dos queríamos ganar, pero todo eso quedaba en la ruta. Y ahí no se embromaba porque un despiste era una piña grande y seria, no como ahora que se van fuera de la pista y vuelven enseguida…”, le cuenta Castellano a visionauto desde la tranquilidad de su casi retiro que junto al paso de los años le permiten analizar con mayor amplitud aquellos momentos de tensión.

Unos de los tantos toques protagonizados por Mouras y Castellano en sus incontenibles ambiciones por la victoria.

“El Turismo Carretera nunca más tuvo un duelo como el de Mouras con Castellano. Los de ahora ni se le acercan…”, asegura Hugo Mazzacane, presidente de la ACTC, con la gran autoridad que le da haber sido no sólo gran amigo de Mouras sio también haber ocupado la butaca derecha del Dodge en varias de esas carreras, en la que el Toro de Carlos Casares se enfrentó con Castellano. “Roberto era tranquilo pero se transformaba cuando se subía al auto. Estaba obsesionado con ganar. Recuerdo una carrera en Tandil, que hizo la Bajada de Belén a fondo y casi con una mano, porque todavía no estaba recuperado de la fractura de clavícula que tuvo en el accidente con Castellano en Bahía Blanca”, rememora Mazzacane, quien por otro lado mantiene actualmente una cordial relación con Pincho.    

La dureza y aspereza del duelo entre estos dos próceres del TC, tuvo su apogeo entre 1983 y 1985. Precisamente durante los años en que Mouras se alzó con sus tres campeonatos. Su trascendencia fue tal que no sólo se limitó a toques, desclasificaciones y un par de visitas de Mouras al hospital (por heridas leves), especialmente tras el accidente en Bahía Blanca.

Ante el avance de las tensiones en los caminos, tomó intervención la ACTC con citaciones, apercibimientos y el rótulo de “en observación”, a la habilitación de sus respectivas licencias deportivas. A partir de entonces, sin decrecer la competitividad entre ambos, bajó la tensión de los enfrentamientos. Pincho consiguió su propio tricampeonato (1987-88-89), y se retiró con todos los honores en la carrera final de 1991, rodeado de un atronador “El Pincho no se va, el Pincho no se va…”, que bajó de las tribunas del Gálvez. Mouras siguió corriendo con el objetivo de salir campeón con Chevrolet, la marca de sus amores. Un año después encontró la muerte en Lobos.

Sin ser mala, la relación entre Mouras y Castellano fue distante pero respetuosa. Mejoró cuando Pincho se retiró y dejaron de competir.
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“Si bien no estábamos peleados, casi no teníamos diálogo. Nuestra relación comenzó a mejorar cuando dejé de correr. No llegamos a ser amigos, pero siento que estuvimos cerca. Con el paso del tiempo, tomé conciencia del alto grado de riesgo que poníamos en nuestras maniobras, pero también entendí que se podía ir a fondo porque Mouras tenía los códigos notables de un caballero. No me arrepiento de nada de lo que hice y estoy seguro que si viviese, Roberto pensaría lo mismo. Es que ambos teníamos una pasión muy alta donde cada uno defendía lo suyo”,  destaca Castellano con su reconocida capacidad de análisis.

El lápiz del brillante dibujante José Olmo, graficó con un toque de humor el enfrentamiento Mouras-Castellano en las pagina  de la Revista Corsa

Por tareas periodísticas en distintos medios, quienes esto escribe vivió de cerca este duelo Mouras-Castellano en las rutas del TC de los 80. Y doy fe que desde entonces no hubo uno igual en nuestro automovilismo. Porque no sólo fue un duelo de grandes campeones y con todo el marco que significa el Turismo Carretera, sino que le dieron vida dos hombres que no abundaban en palabras, ni se amenazaban antes, ni se quejaban después. Hablaban con los hechos, donde tenían que hablar, es decir sobre sus autos y en los circuitos. Allí no daban, ni pedían tregua, ni se concedían un centímetro de ventaja en busca de ese mismo y único objetivo que para los campeones es el triunfo.

Ese triunfo que obviamente era para uno solo. Por eso a veces se excedían en las maniobras, pero sin que esto le quitase lealtad a sus intenciones. Simplemente cometían el “pecado” de querer ganar. Una actitud que no se ve mucho en los tiempos actuales, desmotivada por el sistema de campeonato y otros factores. Por todo, fue único e irrepetible el duelo Mouras-Castellano. La permanente vigencia de su recuerdo en el tiempo es la mejor prueba.

 

 

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3 COMENTARIOS

  1. Muy de acuerdo con tu nota,Miguel.Si los corredores de hoy quieren de veras ser mejores,que aprovechen este parate para instruirse-educarse en la Historia de nuestro automovilismo.Ahi tienen Youtube,un archivo audiovisual gratis,solo tienen que verlo con inteligencia,que si duda la tienen.Y de paso perderian menos tiempo en las «carreras» virtuales(que mal suena esto!!!una carrera por definicion nunca puede ser virtual…)

  2. No se si eran tal leales sus intenciones….. Se tenian pica y se daban con todo, no importaba ganar en esas maniobras… Por algo esas ilustraciones en Corsa, las recuerdo bien. Ademas no habia TV y se podian hacer cosas que despues era dificil probar. Lo que si es remarcable es que todo quedaba en la ruta y no se hacian escandalos, denuncias, declaraciones etc.
    Si es verdad que fue una rivalidad especial por lo que duro y porque eran los 2 maximos pilotos de la categoria. Y ademas porque se daba en ruta donde se corre contra reloj.
    Saludos

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