NO ES UN ANIVERSARIO para festejar, ni mucho menos. Porque una sensación de nostalgia debe invadir a los argentinos amantes del automovilismo en este 17 de mayo al recordar que se cumplen 30 años de la última victoria de un argentino en la Formula 1. Sí, treinta años, toda una generación, que no experimentó esa particular satisfacción de ver a un compatriota en el escalón mayor de la categoría más importante del automovilismo mundial y la de emocionarse al escuchar los acordes del himno nacional. Algo que era casi una rutina en la década del ‘50 con los  triunfos y títulos de Juan Manuel Fangio y el buen acompañamiento de José Froilán González y que luego tras el aislamiento de la década del ‘60, renovó Carlos Alberto Reutemann en los ‘70 y principios de los ‘80.

Como casi siempre en este tipo de evocaciones argentinas de gratos momentos de la Fórmula 1, hay que recurrir a Carlos Alberto Reutemann como el gran referente. Ese Carlos Alberto Reutemann que recién ahora, cuando el tiempo puso las cosas en su lugar, tiene el reconocimiento que mucho no le daban hace treinta años.

Si ves la foto de ese último podio con un argentino en el lugar más destacado, seguramente te habrá extrañado el gesto adusto de Reutemann, sorprendente para quien no solo había ganado, sino que con esa victoria logró consolidarse en el campeonato por sobre Nelson Piquet y Alan Jones, su dos grandes rivales. Ese día, Lole se fue de Zolder con 12 puntos de ventaja sobre el brasileño y 16 sobre su compañero. Recordá que eran años que el ganador se llevaba 9 puntos. Es decir que Reutemann tomó una ventaja superior a una carrera.

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Tenía sus razones ese rostro serio de Reutemann, que en cambio no compartieron Jacques Laffite y Nigel Mansell, sus escoltas,y mucho menos el inglés que ese día debutó como visitante de los podios. Lole había tenido un fin de semana difícil, con la lucha interna que tras su desobediencia en Brasil ya era indisimulable en el equipo Williams y que Jones potenció al ver al argentino  en la pole. Sin embargo, su preocupación y tristeza mayor provenían del accidente que en la clasificación del viernes protagonizó en la zona de boxes al atropellar con su Williams a Giovanni Amadeo, un joven mecánico de Osella que imprudentemente se cruzó en su camino y falleció horas después. Un accidente que, por lo estrecho de la calle de boxes, confirmó las limitaciones que ya por entonces tenía el circuito de Zolder para las exigencias de la Fórmula 1, que ni por asomo eran las actuales. Te preguntarás que era de la vida de Spa, el habitual escenario del Grand Prix de Bélgica. Estaba desafectado desde 1970 para la Fórmula 1 y en plan de mejoras para su regreso en 1983. Paradójicamente, su ausencia coincidió con el paso de Reutemann por el Mundial. Por eso Lole nunca corrió en el mítico trazado belga.

Fue dramática la imagen inicial de aquel GP de Bélgica de hace tres décadas. El Arrows de Riccardo Patrese se quedó parado en la largada. Nadie hizo casos  a sus señas y se dio la orden de partida, mientras Dave Luckett, un mecánico de Arrows, saltaba el muro y se lanzaba sobre la parte trasera del auto de Patrese. Algunos lo esquivaron, pero no pasó lo mismo con el otro Arrows, conducido por Siegfried Stohr, un piloto italiano que también ejercía la profesión de sicólogo y que tuvo un efímero paso por la Fórmula 1. Su impacto contra la humanidad del mecánico fue visto por millones de televidentes e hizo pensar en una nueva tragedia. Una situación increíble para estos días como increíble, pero afortunada,  fue la noticia que informó que tras la conmoción inicial, Luckett sólo tenía fracturas en las dos piernas…. Era tal la tensión e incertidumbre que ganó el ambiente que a algunos pilotos le costó acatar la orden de detención de la carrera.

Reutemann no arrancó bien en la reanudación. Didier Pironi lo pasó con la Ferrari en la curva inicial y poco después también lo superaron Piquet y Jones cuando el argentino erró un cambio. Igual no se desesperó. Sabía que el infernal ritmo impuesto por sus rivales podía jugar a su favor. No se equivocó. Pironi empezó a retrasarse al perder adherencia tras puntear la primera docena de vueltas. Jones y Piquet se enfrascaron en una áspera lucha que primero terminó con el brasileño fuera de pista y luego en la vuelta 19 con el australiano siguiendo el mismo camino. Así le dejaron servida la punta al paciente Reutemann. La lluvia se encargó de darle la última ayudita a Lole  al motivar la anticipada (16 vueltas antes) culminación de la carrera. Esto no afectó el puntaje total porque se cumplió el 75% del recorrido.

Nadie imaginó aquel día que se abriría este largo paréntesis sin victorias argentinas que hoy cumple 30 años. Por el contrario había ilusiones de más victorias de Reutemann y esperanzas en esos jóvenes que empujaban fuerte en las categorías promocionales como lo eran Oscar Larrauri (F-3 europea), Víctor Rosso (F-3 inglesa) y Quique Mansilla, quien por entonces ganaba y perdía en la Fórmula Ford inglesa con un tal Ayrton Senna Da Silva… La realidad mostró otra cosa. Por eso hoy, tres décadas después, y visto el desolado panorama de compatriotas en el camino de la máxima, en cambio fácil es imaginar que pasarán unos cuantos años antes que aquella imagen de Reutemann en el podio de Zolder deje de ser la última de un argentino ganador en la Fórmula 1. Una situación que a la nostalgia que provoca lo pasado agrega la tristeza que surge de este presente sin ilusiones.

Por Miguel Sebastián

Fotos: Racing Sportscars y archivo.

Si te interesa ver las últimas vueltas de aquella carrera:

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