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A MIRAR A LA PISTA Y A LA CALLE DE BOXES.

Ante la majestuosa inmensidad de la Cordillera de los Andes, llenando los ojos y el corazón argentino de legítimo orgullo, potenciado a partir de la campaña intolerable de odio hacia a nosotros desparramada en especial en Europa.

¿Se habrán percatado de tamaña maravilla, las troupe del Turismo Carretera, TC Pista y el categorizado invitado, el Turismo Nacional? O sólo como es habitual, la mente estuvo ocupada en sus autos, motores, neumáticos y dineros para correr. Se supuso que en el Villicum, en la de valorar y disfrutar al menos de un pantallazo, la vista a la cordillera una de los tesoros argentos, lo habrán hecho.

Pausa en todo caso para teclados humeantes de laptos y celulares en cada precaria pero bien dotada oficina técnica de equipos, ante la importancia de encontrar la mayor cantidad de respuestas de puestas a punto de los coches, estrategias para completar las desgastantes 66 vueltas y, fun-da-men-tal, acertar con las cuentas los litros de nafta que consumirían los motores.

El rótulo de carrera «especial» que ha acompañado al Desafío de las Estrellas del TC desde una década atrás, tuvo como razones a las grillas de largada ordenadas por estridentes sorteos, esta vez reducido a una mínima expresión ante el duelo sanjuanino, debido a la caída del helicóptero que dejó como tan triste y doloroso saldo, las siete vidas perdidas días atrás.

Un Desafío (penúltima fecha de la etapa regular) con el agregado clave de la obligatoriedad de cambiar cubiertas y/o recarga de combustible con ingresos y salidas desde la calle de boxes, a veces con situaciones algo tumultuosas (quizá lo que quisieran ver hinchas y seguidores leales al TC). El décimo Desafío contempló la recarga de nafta como requisito. Alternativas que se fueron intercalando decisión previa de la ACTC, como para plantear exigencias extras a equipos, técnicos, pilotos con un fin irrenunciable de la categoría: elevar el puntaje y la atracción en baja de los espectáculos.

Estamos listos, a no fallar.

Deseo, anhelo, necesidad dirigencial en particular así como de empresas auspiciantes, descartada la coincidencia de pilotos y escuadras, que en la  mayoría de las carreras en las últimas temporadas, no se vieron satisfechos ante la reiteración de carreras lineales, contados sobrepasos de autos y previsibles resultados más allá del condimento exclusivo del TC: el factor sorpresa.

Los litros que iban a gastar los autos en las 66 rondas, dio pie a incontables cálculos y especulaciones. Convenía largar con los tanques a full (más-menos 100 litros), o servía más arrancar con menos litros y apostar a dos detenciones, como una forma de andar más rápido, disminuir el desgaste de neumáticos y frenos, entre otros elementos, sin dejar de meter en el bolillero, eventuales ingresos de la oficial camioneta de seguridad, la Ford Ranger.

Números barajados, el consumo de nafta promediaría tres litros o tres y medio, aunque algunas computadores más veloces, indicaron que podían resultar entre dos litros ochocientos y tres litros novecientos. Ahí estuvo el gran nudo a desatar en el Desafío.

Como habrás visto en la nota anterior, el Villicum se llenó del incomparable ruido de los motores del TC, primos hermanos, como los autos de Nueva Generación, sólo para entrenamientos. La tenida principal sólo comprendió las 66 vueltas domingueras.

«Llename el tanque». Uno de los Toros del Trotta Racing (Foto equipo)

Y además de prácticas, ejercitación de maniobras para recargar nafta y más cálculos, el TC no pudo dejar de aportar las tan arraigadas controversias debido a temas como las condiciones del reglamento. Más todavía, luego de recientes «retoques» apuntados a la paridad, nada bien tratados e incluso criticado por pilotos al entender que «a nosotros no nos dieron nada si comparás a las otras marcas». Mensajes de las partes supuestamente perjudicadas, siempre preocupadas y ocupadas en cuidar los respectivos kioscos, sin mostrar gestos ¿de grandeza deportiva? y que hagan al interés común.

Nada nuevo bajo el sol, defender lo propio con uñas y dientes es patrimonio de todas las categorías nacionales. Y a propósito de Desafío de las Estrellas, el verdadero gran Desafío es que algún día, los planetas en el automovilismo como en el país, puedan alinearse.

Muy difícil, ¿imposible?

 

UN SÁBADO MÁS. LO ÚLTIMO QUE CANTARON LOS CRONOMETROS ANTES DE CORRER

Fotos:

02-08-2026

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