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NI ÉL MISMO SE LO CREE…

O quizás sí, pero no lo dice en voz alta, no lo dirá hasta consumar esa hazaña, si es que finalmente lo consigue. “Ni pienso en el campeonato, voy carrera a carrera, falta mucho”, afirmó tras ganar el Grand Prix de Canadá, su cuarto triunfo consecutivo en la Fórmula 1 -nunca un piloto logró de esa manera sus primeras cuatro victorias en la disciplina- y acumular 43 puntos de ventaja sobre su compañero George Russell, el único piloto que corre con un auto tan bueno como el suyo.

Pero está claro que la pregunta se la formulan muchos, tanto analistas como fanáticos, después de un fin de semana explosivo. Porque el inglés, que había arrancado en alto la temporada, dos meses después parece no encontrar respuestas para frenar el ímpetu de este italiano de 19 años que quiere llevárselo por delante.

En Miami, tras un fin de semana para el olvido, Russell señaló que su recuperación llegaba en Montreal, una pista que le cae muy bien, dónde había marcado la pole-position tanto en 2024 como en 2025, y conquistado el triunfo en la última edición. Era una oportunidad, de paso, de ponerle fin a una racha de tres triunfos seguidos del joven de Bologna.

Lo que se vio en Canadá fue que, aun ganándole las clasificaciones, el Sprint y liderando la carrera hasta el momento de su abandono, Russell parece tener una menor envergadura frente a la estatura de su desbordante rival.

En una pista que, a su criterio, le era tan favorable, Antonelli corrió para enloquecerlo. Casi no hubo diferencias. La vuelta ideal de clasificación del italiano habría sido pole. La experiencia seis veces mayor del inglés en cantidad de carreras disputadas no le está sirviendo para ponerle un dique a un compañero que está demostrando tener más velocidad en manos y pies.

Esa experiencia puede ayudarlo a abordar situaciones complejas, como la del Sprint: Russell conocía el reglamento mejor que Antonelli. Desde ese lugar puede aplicar presión. Empujar con sus dichos a que su compañero se equivoque, ganarle en el plano psicológico. Porque lo que ocurre es que, en el plano deportivo, quizás tenga muchas menos herramientas para lidiar con el Tifón Boloñés que lo que parece.

Desde el punto de vista estrictamente estadístico, Antonelli está para campeón. Conduce uno de los dos mejores coches de la F-1 actual, lleva 43 puntos de ventaja en el torneo, puede ampliar esa diferencia ganando unas cuantas carreras más, y coronarse casi que por defecto. A nadie le sorprendería.

También está más o menos claro que, bajo presión, puede saltar su térmica. Que posee una cantidad de atributos a los que todavía hay que trabajar. Es necesario hacerlo madurar. Con un ingeniero como Peter Bonnington, múltiple campeón con Lewis Hamilton, puede hacerlo en tiempo record. Pero inclusive a Bonnington se le escapó, el sábado, cuatro veces para quejarse por radio. Y no pasó a mayores porque los Mercedes no se tocaron… La figura de Toto Wolff será crucial aquí.

Antonelli debe recordar aquella clasificación de Spa-Francorchamps en la que no superó la Q1 y se bajó llorando del auto. Pasó menos de un año. Desde entonces, maduró a raudales. Lleva una cantidad de velocidad al interior de las curvas que, cuando la controla, puede hacer estragos, como hizo con Russell en Miami: cuatro décimas de segundo por vuelta en cada salida a pista.

Tiene que procurarse, o la gente que lo rodea debe hacerlo, un proceso comprobado de maduración definitiva. Un campeón de 19 años sería un boom extraordinario en términos de popularidad. Pero para ello debe asegurarse que cumple con todos los pasos que le faltan. Derrotar a un rival ladino (en el mejor de los sentidos) que dispone del mismo chasis, el mismo motor, las mismas cubiertas…

Antonelli tiene algo de Max Verstappen: la capacidad para emocionar cuando despliega su manejo. El neerlandés no llegó a cuatro campeonatos simplemente a causa de su arrojo o su valentía, sino especialmente por su calidad. Pero no ganó su primer título en su segunda temporada; lo hizo en la séptima. Le faltó coche para hacerlo antes, claro, pero cuando lo tuvo ya estaba lo suficientemente maduro como para batallar al más alto nivel, no una o dos carreras, sino todo un campeonato.

El joven Kimi debiera verse en el espejo de Oscar Piastri: a esta altura del año, en 2025 había alcanzado la punta del certamen, aunque sin tanta ventaja sobre su compañero Lando Norris. Pero no gozó de la estricta imparcialidad de McLaren y, mucho peor, cuando le tocó lidiar con un auto muy superior en una serie de pistas sin grip, sin agarre, que no le resultaban cómodas a su estilo, se vino abajo.

El italiano puede ser superior al australiano pero no está exento de atravesar una situación como esa. Solo que nadie lo sabe. Razón por la cual es ideal no hacer pronósticos muy anticipados.

Después de todo, Verstappen estaba cien puntos abajo en el Mundial 2025 y acabó llegando a la última carrera con chances de retener el título. Lo perdió por apenas dos puntos.

¿Está para campeón? Está en el camino. Le falta mucho por recorrer y aprender algunas lecciones.

27-5-2026

 

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