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LA EXTRAORDINARIA HISTORIA DE ANTHONY McINTOSH

El Mundial de Endurance (WEC) es un campeonato rebosante de personajes extravagantes. Siempre ha sido así en las carreras de coches sport: los dilettantes, los playboys, personajes con mucho dinero y mucho tiempo libre, suelen acercarse a este tipo de deporte, pagándose el acceso con su fortuna personal.

Eso no está reñido con su calidad: ahí está el caso de Ben Keating, el concesionario de Texas, que es considerado como el mejor piloto Bronce de la categoría. Keating no pudo estar en el arranque del WEC 2026 tras caerse de una bicicleta entrenándose para la carrera.

Algunos son relativamente buenos, como Francois Perrodo, un empresario petrolero cuya familia tiene una riqueza de 7000 millones de dólares, o directamente mediocres, como el suizo Thomas Flohr, el propietario de la aerolínea Vista Jet, que es la compañía oficial de Ferrari.

Y ahora hay que considerar a Anthony McIntosh, un compatriota de Keating, CEO de una compañía que produce generadores eléctricos en Milwaukee (Wisconsin), que debutó el año pasado corriendo un Aston Martin Vantage GT3, y que este año pasó a conducir el segundo BMW M4 del WRT Team, el auto que dejó vacante Valentino Rossi, que ya no quiere viajar tanto por el mundo, entre otras cosas porque es padre de dos chiquitas.

La billetera de McIntosh, de 51 años (foto, en el medio), no tiene límites: se compró un BMW similar al que utiliza en las carreras para ir a probar a cada circuito en el que competirá este año. Empezó por Imola y ahora irá a manejarlo a Spa-Francorchamps, sede de la próxima competencia, el segundo domingo de mayo. Sus compañeros, el canadiense Parker Thompson (foto, a la izquierda) y el inglés Dan Harper (a la derecha), irán con él.

Además, McIntosh decidió que en cada una de las ocho carreras del WEC 2026 su BMW M4 homenajee a coches legendarios de la marca a través de su decoración. Este fin de semana pasada ganó con el coche decorado como un BMW del DTM de 1991, cuando Tic Tac era el sponsor.

El BMW conquistó la victoria por apenas 265 milésimas sobre el Corvette de Nicky Catsburg, el auto que no pudo manejar Keating en Imola, el que alguna vez corrió Nico Varrone. Lo verdaderamente fuerte vino después, en la conferencia de prensa posterior a la carrera, cuando McIntosh tomó la palabra:

«Es extraño en cierto modo: solo empecé a competir porque casi muero. Estaba en el hospital, y en un momento tuve que despedirme de mis hijos, lo cual es algo increíblemente doloroso de vivir. Fue una experiencia muy traumática», contó.

«Así que cuando miro atrás, entiendo por qué la gente ve algo así como una tragedia, y por supuesto lo es. Pero para mí personalmente, también fue así como encontré el automovilismo. Nunca antes había tenido un coche bonito, así que decidí darme un gusto y dejar un depósito. Debido a la pandemia, el coche nunca me fue entregado».

«Alquilé un coche para una jornada de pruebas en circuito, pero nadie me lo alquilaba, dado que no tenía una licencia de competición. Así que busqué en Google cómo conseguir una, simplemente porque quería conducir en pista. Y eso fue lo que me llevó por este camino, hasta IMSA y el inicio de mi carrera deportiva».

«Siempre caminamos por una línea muy fina. Si ocurriera algo, me sentiría terrible por la gente que me rodea. Pero hablando puramente por mí, sé que si muriera compitiendo, al menos estaría haciendo algo que de verdad amo. En cierto modo, competir me salvó».

«Un virus atacó la parte posterior de mi cerebro. Se sentía como descargas eléctricas, tan intensas que se me encogían las manos. Ocurrían cada 20 minutos, duraban unos 10 minutos cada una, las 24 horas del día. No había nada que pudiera detenerlas”.

«Como el problema era neurológico, los médicos no podían proporcionar un alivio eficaz del dolor. No pude comer ni dormir durante días. El virus se estaba apoderando de mi cerebro. Ya me había despedido de mi familia».

«Entonces me preguntaron si había estado en California. Dije que sí. Pensé que la pregunta era irrelevante porque mis síntomas no aparecieron hasta meses después en Wisconsin».

«Pero allí estuvo la clave. Me había picado un tipo específico de garrapata que se encuentra en California. Eso me causó la enfermedad de Lyme, que se extendió a su cerebro. Me diagnosticaron, me administraron antibióticos específicos eliminaron la infección, y dos semanas después pude salir del hospital».

«Siempre he sido bueno en lo que hacía: triatlón, ciclismo, lucha. Pero en un coche de carreras, al principio era terrible. Requirió mucho trabajo duro, y eso es lo que hace especial al automovilismo. Cuando amas algo en lo que no eres bueno de forma natural, pero trabajas hasta que da resultados, eso lo significa todo».

Del lecho de muerte en el hospital de Milwaukee al escalón máximo del podio en Imola y, más aún, la vanguardia del Mundial en la clase LMGT3, en la que compite el cordobés José María López. Una historia increíble.

Fuente: FIA WEC y Motorsport.com

22-4-2026

 

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1 COMENTARIO

  1. Gran nota Pablo, tus crónicas son número puesto. Comienza la nota hablando de ricachones y termina con una historia que habla de lo verdaderamente importante. Sos muy crack. Gracias.

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