Que lo tiró, ¿Quién lo iba a decir?, hasta el TC cayó en la volteada, je”. Descontracturado, informal, con ese aire de despreocupado y bon vivant, Emanuel Moriatis pintó los días que ha atravesado –con barbijo- el automovilismo nacional. Los argentinos jaqueados por la Gripe A, que ha causado mas muertes que en México, donde despertó y conmocionó al mundo, estamos atravesando horas difíciles.
Luego del receso, se reiniciaron las clases, fueron adelantadas las vacaciones de invierno; personal de la administración pública también entró en receso. Los comercios, shopping, sintieron la ausencia de clientes (¡por si faltara algo!). Los hospitales y centros asistenciales se desbordaron. Y el automovilismo como era lógico, también se “engripó”; aunque en su caso, no revistió la tamaña importancia que implica semejante situación en el país.
Cuando la troupe del TC se preparaba para reiterar la acostumbrada fiesta en el autódromo de los Gálvez, los directivos de la ACTC con el jefe máximo a la cabeza, Oscar Aventin, tuvieron que

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Pechito, el Pinchito; por ahora en el TC, todos en silencio

pisar el freno al mango, y así quedó prolongado el parate inédito en esta época del año, que recién se quebró luego de 56 días, días atrás en Potrero de los Funes. Al momento de la cita porteña, el TC se quedó sin espacio para resistir esa carrera que resulta la más taquillera del año, tal vez, y seguro junto a las otras dos visitas porteñas, las de mayor repercusión.
El Puma supo intercambiar llamados de teléfono y se reunió con responsables de Carburando y Canal 13, la sustancial pata televisiva de los shows tuercas. Aguardaron, estiraron hasta más no poder la decisión que no querían adoptar bajo ningún aspecto: parar la carrera. Pero se quedaron sin margen para maniobrar. Haber avanzado con la carrera, ante el cariz que tomaron las cosas por esos días del mes pasado debido a la pandemia, habría sido contraproducente y políticamente incorrecto. Y esto, las cuestiones políticas, la relación con el poder, siempre, históricamente, ha sido tenido muy en cuenta por los moradores de la calle Bogotá. Esos intereses políticos que llevaron a Barletta, el intendente santafesino a adelantarse a anunciar que no iba el TC 2000 ese domingo 26, para el fastidio de Pablo Peón que le había pedido que aguantara hasta el fin de semana en que la categoría visitó Resistencia. Pero el intendente se cortó sólo para proclamar que no había TC 2000 en las calles de la capital santafesina, de esa forma también se “engripó” el TC 2000 que aparecerá se supone, con salud, en los 200 Kms de Buenos Aires.
Así aparecieron las “banderas rojas” y adiós carreras de TC y TC 2000, se salvó el Top Race que enfiló rumbo a San Pablo, donde se mostró ante los paulitas el 19 de julio en Interlagos. Y mostró dos caras, una vinculada al potencial de la categoría, el otro, bochornoso, ante la desdichada idea de Marcos Di Palma y Norberto Fontana de agarrarse de las “mechas”, para dar pie a uno de los mayores escándalos que se recuerden en el mundo fierrero en mucho tiempo.

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En tanto el Turismo Nacional cubrió en Olavarría, el hueco dejado por el TC 2000. Aunque, “engripado”, nunca estuvo dicha la última palabra en este automovilismo imprevisible de los argentinos. Pablo Peón estimó poco probable que hubiera más automovilismo en lo que restaría de julio, luego de haber intentado cumplir con esa carrera, según dijo, y tras escucharse las duras críticas de Alejandro Urtubey al poner en dudas los reales motivos por los que se “pateó” para adelante este conversado capítulo en las calles santafesinas. Por ahí quedó, diluida, la tenue chance para que el TC 2000 fuera a Río Cuarto para correr ese 26, en el Imperio del Sur. Los aguardaban con los brazos abiertos y ya habían archivado como “cosa juzgada”, aquellas ofensas por las críticas de Gabriel Furlán, la última vez que pisó aquella ciudad el TC 2000, que lo enfrentaron con Norberto Moyeta, presidente del club riocuartense, por el estado de la pista.
Un fenómeno inédito, que desnudó otro flanco abierto en el país de los argentinos, como ha sido la Gripe A, trastocó los planes de los hombres de la velocidad. El fenómeno también volvió a poner sobre el tapete las diferencias que subyacen entre algunos dirigentes, y que lejos parecen estar de limarse. Y todo por el mismo precio, en estos tiempos de “crisis global” que dio tela para recortes de lo lindo a principios de año, la que en este automovilismo “engripado” pocos recuerdan a esta altura, aunque aún se avisoren sobresaltos más aún con semejante desacelerada en plena temporada que dejó mudo a los motores, y maltrecho a los bolsillos.

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