LOS QUE SE VIVIERON EN SEPANG
RESPONSABLE 1: LA FIA
Que los autos de carrera tecnológicamente más avanzados del planeta tengan todos una falla en el software parece una broma. Pero fue real. Como si no hubiera bastantes pesadillas con estos motores híbridos al 50 por ciento (en realidad, 53/47), este reglamento absurdo, que nadie quiere y que mantendrá su vigencia al menos tres años más, volvió a causar vergüenza ajena.
La largada del Grand Prix de Bahrein en Malasia se demoró no tanto por la lluvia sino porque los ingenieros de software de la FIA tuvieron que escribir contra reloj un código que anulara el problema original: a baja velocidad, sin el motor eléctrico funcionando, el sistema paraba también el motor de combustión interna.
Ese parche del software anulaba la restricción de 250kW en lluvia para permitir que hubiera algo de potencia híbrida a baja velocidad y poder circular, lo que no fue posible en general en la vuelta previa original.

El brillante ganador del GP, Max Verstappen, lo explicó así: “No pasaba nada. Ese era el problema. Era como conducir a… ¿qué?, ¿35 kilómetros por hora?, cuesta arriba, perdiendo velocidad de hecho. Así que, bueno, no sé exactamente, porque cuando la velocidad y las revoluciones bajan demasiado —por la razón que sea—, el motor se ahoga. Normalmente tarda uno o dos segundos en recuperarse”.
Los equipos tuvieron que descargar ese nuevo software en sus motores para poder correr. El público soportó con una mezcla de estoicismo y bronca la falta de comunicación en torno a las razones del delay.

Tan espantoso fue el papelón que la FIA mandó a su representante del área, Nicholas Tombazis, a dar la cara al final del Grand Prix:
“Creo que, de haber realizado más pruebas, probablemente habríamos logrado detectar esta falla a tiempo y evitar una situación así. Una vez que surgió el problema, nuestro equipo identificó rápidamente lo que ocurría y tuvo que trabajar bajo una gran presión para preparar una actualización del software; esta se envió a las escuderías, que debieron instalarla en sus coches (…) Claramente es software de la FIA. Obviamente, nosotros desempeñamos un papel importante en él. Debemos mejorar, pero es un software desarrollado en colaboración por toda la industria de la Fórmula 1”.
Lo más grave de todo es que, con estos motores tan ridículamente complicados y poco atractivos en general salvo para sus fabricantes, algo similar puede volver a ocurrir:
“Cuando se combinan la energía eléctrica y la energía de combustión, la situación se vuelve compleja. A todos nos gustaría que fuera más sencillo, pero lo cierto es que contar con tal cantidad de energía eléctrica complica las cosas. Evidentemente, este fue un problema crítico importante y debemos asegurarnos de evitarlo. ¿Puedo garantizar que este problema no volverá a ocurrir? Sí. ¿Cualquier problema? No, pero haremos todo lo posible por evitarlo” (Tombazis).
Carlos Sainz Jr. graficó mejor que nadie la frustación generalizada en torno a estos motores: “Está claro que el reglamento es extremadamente complejo para los pilotos y los equipos. Mi única duda es: ¿quién decidió hace cinco años que este era el camino a seguir?. Porque está claro que lo que se decidió hace cuatro o cinco años es erróneo…”.
RESPONSABLE 2: FOM
Con total desparpajo, Stefano Domenicali, el CEO de FOM que con sus declaraciones generalmente polémicas se ha ganado con justicia el desdén de los verdaderos amantes de la F-1, anunció en Sepang que el calendario de la F-1 terminará como estaba planeado, con los Grands Prix de Qatar y Abu Dhabi.

Ese anuncio, rodeado de pompa, está cargado de la obscenidad que supone arriesgar las vidas de las cinco mil personas que componen el circo de la F-1 solo porque ciertos autócratas de Oriente Medio presionan con su dinero.
Es el dinero, estúpido.
FOM tendrá un buen año financiero, pero será mejor aún si le ingresan esos 150 millones de dólares, aproximadamente, que oblan ambos organizadores del Golfo Pérsico.
Una semana atrás echaron a rodar versiones sobre problemas impositivos que los pilotos tendrían si hubiera una carrera de final de torneo en Imola (Italia). Se estaba preparando el terreno. “No tenemos problemas de impuestos, solo tenemos que pagar impuestos”, explicó con claridad Verstappen en Baku.
La movida involucró una campaña del miedo: correr en Imola en diciembre implica frío, acaso nieve, gomas heladas, cero adherencia, menos horas de luz diurna…
¿El anuncio es menos grave que lo que ocurrió en la pista de Sepang? Probablemente sí, por ahora. Pero si se reanudan las hostilidades en la zona, entonces lo que ocurrió con el software puede ser apenas una anécdota al lado del riesgo que se afrontará yendo a correr a Lusail y a Abu Dhabi.

“Basados en la información que tenemos, todo está confirmado para que podamos correr allí”, informó Domenicali el sábado 3 en declaraciones a la TV italiana. “Todo está en orden; mantenemos informados a pilotos y equipos”, indicó, antes de señalar que “el 99 por ciento de los tickets de Abu Dhabi ya se han vendido”.
Parece que en la F-1 de hoy siempre deciden otros: los fabricantes imponen el reglamento; los fanáticos, dónde se compite de acuerdo a si compraron o no entradas…
Los pilotos no se ponen totalmente de acuerdo sobre la cuestión: “Normalmente me alegra ir a Qatar y Abu Dhabi, pero ya sabes: cuando hay una guerra cerca y algunos de los países están en conflicto entre sí, creo que no deberíamos ir. En ese caso, creo que no importa si tienes contrato o no. Pero la decisión no depende de mí”, señaló Verstappen.
En cambio, Lewis Hamilton se entusiasma con la idea: “Personalmente, quiero ir. Me encanta ir a Oriente Medio. Por lo que he leído, la situación allí parece estar bien, pero no dispongo de toda la información ni sé cuáles son los niveles de riesgo. Confío en que Stefano (Domenicali) tome la decisión correcta para el deporte. Y realmente espero que podamos ir”.
Y siga el baile, siga el baile…
5-10-2026











