ESTA BANDERA A CUADROS, YA BAJÓ.
Llora Hamilton.
Llora Russell.
Llora Norris.
Y Bearman, y Lindblad.
Celebra Fontana. Mazzacane. Ángel Guerra. Y ahora Franco Colapinto
Y todos los Fangio y los Gálvez que anidan en los pibes que sueñan con ganar en de Turismo Carretera.
Esos pibes como Otto Fritzler o Jeremías Scialchi, los mismos que competían en karting contra Franco Colapinto.
Llora el poderío del Imperio, dueño de un automovilismo fabuloso, centro del universo.
Llora porque unos pibes que jugaban a la pelota en la puerta del taller, o en la esquina, o en el campito, gritaban goles mientras, cada tanto, sonaba el ruido de un motor de competición que se ponía en marcha. El objetivo era, siempre, el mismo.
Porque esa garra que tenía Oscar Alfredo Gálvez para reparar su coche en cualquier circunstancia y seguir porque «esto es Turismo Carretera» y siempre había que llegar a la meta, es la misma que impulsa a estos jugadores que nunca, nunca, nunca, se dan por vencidos.
Y a tantos otros, que no se han rendido. Que arrancaron lavando piezas y cebando mate en el taller, y que ahora recorrer empresas, practican en el simulador y analizan la data.
El deporte argentino es esto. Estirpe, como ya subrayamos.
Ahora, Franco, te toca el domingo, en Spa Francorchamps, terminar delante de Sainz y de Alonso. Del resto, un rato después, se ocupan los pibes de Scaloni. Incluido el pibe Messi.
¡Salud, deporte argentino!
15-7-2026


















