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LA RELACIÓN ENTRE EL PILOTO Y RED BULL ATRAVIESA SU PEOR MOMENTO.

Después de diez años de convivencia y éxitos, nunca hubo tanta tensión ni han circulado tantos rumores sobre una salida a fin de año. Circulan los nombres de Oscar Piastri y Oliver Bearman como eventuales reemplazos. ¿Qué está ocurriendo en Milton Keynes, la sede del equipo?

Verstappen siente que el RB22 es un coche inseguro. Los problemas en el alerón trasero le provocaron dos despistes en dos fines de semana consecutivos, en la clasificación en Austria y en la carrera en Inglaterra, que parecieron haber colmado su paciencia.

Pero el piloto neerlandés no solo está preocupado por la falta de competitividad del coche, sino también la falta de claridad sobre el rumbo técnico del equipo. Quedó muy contrito cuando no le llevaron el apunte en Silverstone.

El domingo del Grand Prix pidió que le cambiasen el motor y largar desde la calle de boxes. No fue atendido. Ya estaba enojado con el rendimiento de su unidad de potencia desde el momento en que su compañero Isack Hadjar lo superó en la clasificación, un hecho inédito.

El desdén de los ingenieros por sus puntos de vista es un problema de larga data en el equipo, que Laurent Mekies, el Team Principal desde hace un año tras la salida de Christian Horner, había logrado atenuar en la segunda mitad de 2025.

Pierre Waché, el director técnico, tuvo que salir a explicar la situación. “Max señala cosas que le afectan mucho más de lo que podemos imaginar”, indicó. “En nuestras simulaciones hay aspectos que no consideramos especialmente importantes, pero para él sí lo son. Hay percepciones que él experimenta conduciendo el coche y que nosotros no podemos apreciar en el simulador, aunque el potencial del monoplaza sea exactamente el mismo”. Verstappen no está nada conforme con esa interpretación.

Pero del otro lado, Red Bull opina que hay ingratitud en el piloto. Se dice, inclusive, que Mark Mateschitz, el hijo del fundador de la compañía y dueño de la mitad del equipo, está muy disgustado con Max, al que acusa de ingrato, por no mostrar fidelidad por el equipo que le procuró tantos éxitos y dinero.

Este no es el equipo que cobijó a Verstappen una década atrás. Ya no están Horner ni Helmut Marko, el fundador Dietrich Mateschitz ya falleció y hasta la familia Yoovidhya, los tailandeses dueños de la mitad del conglomerado, se ha alineado en el bando contrario.

El problema es que Max no quiere revelar qué decisión tomará respecto a su continuidad en RedBull mientras los jerarcas lo empujan a una definición.

El contrato entre ambos los une hasta finales de 2028. Pero también hay una cláusula de salida que puede activarse, ya que Verstappen no podrá ser segundo en el torneo 2026 cuando se llegue al receso, tras los Grands Prix de Bélgica y Hungría. Eso lo libera de manera automática de honrar el acuerdo cerrado hasta fines de 2028.

A comienzos de junio, Chalerm Yoovidhya quiso comprar esa cláusula para despejar dudas sobre la continuidad. Raymond Vermeulen, el manager de Verstappen, rechazó una oferta de ocho millones de dólares para desactivarla.

Desde entonces, la cúpula directiva de RedBull, especialmente el tailandés y el CEO Oliver Mintzlaff, se han vuelto críticos del hombre que les dio cuatro títulos mundiales entre 2021 y 2024.

Verstappen tiene hasta octubre para comunicar su decisión; Red Bull la pretende con urgencia. Después del despiste en Silverstone se vio conversar en tono serio a Mekies con Vermeulen y Jos Verstappen, el padre del piloto (foto).

La situación arde y podría tener otro capítulo adicional en Spa-Francorchamps, este fin de semana. RedBull trabaja a destajo para resolver el problema de laminación aerodinámica que estaría provocando los despistes. Por otro lado, el CM del equipo tuiteó decenas de fotos en el Festival del Goodwood, el pasado fin de semana, en el que estuvo Hadjar. Pero no Max.

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Por otro lado, Verstappen tampoco tiene tan claro qué trole debe tomar para seguir. Después de muchos meses coqueteando con Mercedes, la puerta pudo haberse cerrado allí. Las cinco victorias consecutivas de Kimi Antonelli habrían convencido a Toto Wolff de que el  neerlandés ya no es necesario; por otro lado, los últimos resultados habrían renovado la confianza en George Russell, que solo tiene contrato hasta fin de año.

Una de las versiones sugiere que el Team Verstappen trabaja en un acuerdo con McLaren, dada la aparente voluntad de Oscar Piastri de salir del equipo de Woking, disconforme con el trato dispensado desde que se tornó un rival serio para su compañero Lando Norris.

Esos rumores están alimentados, de paso, por la partida de Gianpiero Lambiase, el ingeniero de pista de Verstappen en RedBull durante todos estos años, a la escuadra de Zak Brown ya en 2027. Por esa razón, Wache comenzó a escatimarle información a Lambiase sobre el desarrollo del coche, para evitar la fuga de datos sensibles a un equipo rival.

La otra versión sugiere que RedBull está en procura de Olllie Bearman, que ve frustrado su ascenso a Ferrari ante el regreso a un estado competitivo de Lewis Hamilton, mientras Charles Leclerc, el último ganador en el Mundial, acaba de renovar por muchos años su vínculo con la casa de Maranello.

Ferrari no vería con desagrado la cesión de Bearman para darle lugar en esa butaca de Haas a otro miembro de su academia, el brasileño Rafael Cámara, actual campeón de Fórmula 3.

El movimiento de Verstappen puede disparar una reacción en cadena en el mercado de pases de la F-1. Pero hasta que eso suceda, y podría no ocurrir nada hasta octubre, todo se mantiene a la expectativa, incluida la renovación en Alpine de Franco Colapinto.

13-7-2026

 

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