DAMA AFORTUNADA.

“Nací en Carlos Casares, vivía a una cuadra y media de la casa de Roberto Mouras; teníamos una diferencia de 20 años en la edad. Siempre mi sueño fue correr como acompañante de TC, pero durante mucho tiempo lo ví como un imposible”.

Quien habla es María Alejandra Doucet, un nombre que tal vez no diga muchos para aquellos que no sobrepasan las cuatro décadas de edad, o para otros que ni se preocuparon por leer la rica historia del Turismo Carretera.

La mujer tiene bien ganado un especial lugar. Es la misma que allá por los 90, tiempos en los que la mujer no tenía como ahora, una presencia tan fuerte ni visible en terrenos ocupados por los hombres, y sin embargo se convirtió en acompañante de TC. La categoría que también por esos años mantenía la tradición de los acompañantes, y el tránsito por los circuitos semipermanentes controversiales. Hechos que actualmente parecen increíbles a las nuevas generaciones de hinchas del TC y del automovilismo.

Correr junto a Mouras es lo más recordado para Doucet, pero no su única participación como acompañante. También ocupó la butaca derecha con los hermanos Marcos, José Luis y Patricio Di Palma; con Etchegaray, Bessone, Rex y Urtubey.

Como muchas chicas, María Alejandra (para la mayoría simplemente Alejandra), pudo cumplir su sueño de adolescente, mayor acaso que pasar por el altar de una iglesia para el casamiento. Era ocupar la butaca derecha de un Chevrolet de Turismo Carretera, y para cumplirlo hubo un Príncipe Azul, para ella fue Roberto José Mouras.

“El Chevrolet de TC de Roberto tenía todo en la parte técnica y sólo se le podía sacar algo más de rendimiento ahorrando kilos con un acompañante más liviano. Yo tenía 18 años, era flaquita, no llegaba a los 40 kilos y la posibilidad estaba porque en esa época (1990) casi no había hombres con ese peso. Un día me encontré con Mouras en la calle y eso me hizo soñar. Iba caminando y me hizo una seña, creí que era un saludo y al principio no le di mayor importancia. Pero al ver que se acercaba con su auto pensé que era algo más importante. Y así fue, empezamos a hablar y me comentó la idea. Con su respeto habitual me pregunto cuánto pesaba, y así de a poco fuimos viendo la manera de concretar la idea de acompañarlo. En principio creí que era para una prueba como había pasado con el Fiat de Ottaviani, adonde me subían y bajaban para ver como andaba el auto con y sin peso. No!, lo de Roberto era para correr en TC!. Lloré de emoción y al llegar a mi casa se lo conté a mi mamá, luego a mi papá y me autorizaron a correr después que charlaran con Roberto”, le cuenta Alejandra a visionauto como prólogo para recordar aquel instante más anhelado

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 -Y arrancaron nomás…

 -Debutamos en el semipermanente de Santa Teresita, la carrera inicial del campeonato 1990, y no comenzamos bien porque abandonamos al romper el motor. Luego corrí en La Plata, otro semipermanente y en la siguiente en el Autódromo de Buenos Aires peleamos la carrera con (Luis) Minervino, quien finalmente nos ganó. Creo que Roberto no lo buscó lo suficiente porque sabía que Patita necesitaba ganar… Después hubo algún problema con la ACTC por el tema del peso, y tuve que bajarme por unas carreras y me reemplazó Germán Dandlen. Volví en la carrera en Nueve de Julio y después seguí en La Plata y Balcarce. Ahí ganamos, en la que fue la única victoria de Roberto en Balcarce y luego no pude seguir más porque quedé embarazada.

Alejandra junto a Roberto y abajo en la butaca derecha de la Chevy. La mujer vivía cerca de la casa de Mouras en Carlos Casares; un encuentro casual posibilitó el ofrecimiento del Toro para que se convirtiese en su acompañante.

 -¿Cómo era Mouras?

 -Mouras era una persona sencilla, un tipo humilde. No se guardaba nada y ayudaba mucho a los colegas. Nunca tuvo un problema grande con nadie, y cuando tuvo diferencias con Oscar Castellano, las solucionaron entre los dos sin hacer declaraciones. Recuerdo que una vez Pincho vino a verme y hablamos con todo respeto. Conductivamente Roberto era muy veloz y seguro, yo lo veía como un ídolo, y por eso a veces casi ni le hablaba. No por temor, sino por respeto.

Doucet en la presentación del libro dedicado a Mouras, escrito por Daniel Meissner (editorial Campeones). «Lloré de emoción cuando Roberto me dijo si quería ser su acompañante».

 

 

 -¿De que forma te enteraste de la muerte de Mouras,  aquel trágico 22 de noviembre de 1992?

 -El día que se mató Mouras estaba en mi casa de Carlos Casares. Al enterarme enseguida me fuí a la casa de Inés, su madre, para acompañarla. Además de la enorme tristeza pensé muchas cosas, entre ellas que era yo quien podía haber estado en el lugar del acompañante (Amadeo González) que también murió en el accidente. Después de la muerte de Mouras pensé que no iba a correr más, pero más adelante me llamaron varios pilotos y me volví a subir a un auto de carrera. Corrí por última vez en 2004 con Alejandro Urtubey, también acompañé a los hermanos José Luis, Patricio y Marcos Di Palma, al Toto Etchegaray, José Luis Paolucci, Tito Bessone, Rex y Vanrrell.  

«NUNCA SENTÍ TEMOR SOBRE UN AUTO DE CARRERA»

 -¿Sentiste temor a veces sobre un auto cuando corrías, en especial en esas épocas de circuitos en rutas que eran muy peligrosos?

Nunca; tengo más miedo cuando salgo a la ruta cada vez que manejo, porque no van todos para el mismo lado y los autos no tiene las medidas de seguridad que disponen los autos de carrera, la jaula antivuelco, cinturones de seguridad, pontones, frenos, etc. Y sí, viví un momento difícil; el más tenso que pasé corriendo lo viví como acompañante de Rex en una carrera en Buenos Aires. Nos dimos un golpe que me hizo ver estrellitas, por suerte nada más. También volqué una vez con el Toto Etchegaray, pero fue en cámara lenta.

 -¿Qué te pareció la decisión de bajar a los acompañantes, ya hace unos años?

No me gustó la decisión de bajar a los acompañantes. Entiendo que los tiempos habían cambiado, y que no tenían muchas funciones por cumplir; pero eliminarlos fue cortarle el sueño a muchos que sin medios económicos querían estar sobre un auto de TC.

 -¿No te quedaron ganas de manejar, de correr como piloto?

-Nunca me interesó ser piloto. El Toto Etchegaray me ofreció una vez, pero le dije que no tenía los medios económicos, deportivamente era una responsabilidad muy grande y que disfrutaba más desde la butaca derecha.

 -¿Crees que en los tiempos actuales de avances de la mujer, te hubiesen resultado más fáciles las cosas?

-Tal vez ahora con el avance que tuvo la mujer en muchos ordenes de la vida, incluído el automovilismo, me hubiese sido más fácil ganar espacios y mantenerme, pero no me quejo. Igual en mi época había bastantes chicas que corrían como copilotos: Graciela Nicieza, Andrea Di Palma, Silvia Del Conte, después apareció Mariana Vassali…

 -¿Extrañas esos años?

 -Los recuerdo y extraño mucho, especialmente por el ambiente que vivía en los boxes y luego en las carreras.

«AHORA TODO ES MÁS FRÍO»

 -¿Te gusta el automovilismo actual?

 -No me gusta tanto el automovilismo de ahora. Los autos son todos iguales, y no tienen el sello distintivo que los caracterizaba en los años en los que corrí. Además, el ambiente es distinto, antes había más amistad y tiempo para compartir charlas. Los boxes se asemejaban a un pueblo chico. Ahora todo es más frío. 

 -¿Cómo es tu vida actual?

 -Vivo en Almagro, y trabajo como maestra preceptora en una escuela técnica. Tengo tres hijos, David, María Isabel y Tomás Ernesto. A ninguno se le dio por el automovilismo. Sólo al mayor le gusta, pero la Fórmula 1…

 

María Alejandra Doucet cumplió nomás su sueño de adolescente. Y a treinta y tres años, lo recuerda con emoción y una sana nostalgia.

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