CINCO AÑOS SIN CARRERAS. 

Nadie lo quiere, nadie lo imagina y nadie, por lo menos hasta ahora, lo ha pensado seriamente. ¿De qué estamos hablando? De la posibilidad que por este año no pueda reanudarse la actividad automovilística nacional, en sus distintas categorías como consecuencia del caos organizativo y económico, provocado por la pandemia de coronavirus.

Es una situación lejana, pero cada vez menos, ante las permanentes ampliaciones de los plazos de las cuarentenas, que van achicando los márgenes de tiempo para los inevitables replanteos de los calendarios. Es cierto que recién entramos en el cuarto mes del año, tan cierto como la incertidumbre que rodea el tiempo de solución que llevará toda esta lamentable situación, y además el tiempo de recuperación posterior.

Esteban Fernandino ganó el Gran Premio del Sur, la primera de las dos únicas carreras corridas en 1942. Demandó un recorrido de 10 etapas.

La rica y extensa, la más entre las categorías nacionales, del Turismo Carretera, muestra un caso de un campeonato que se canceló y fue declarado desierto. Fue el de 1942 y también sus causas estuvieron ajenas al deporte, ya que el silencio de los motores resultó obligado nada menos que por la Segunda Guerra Mundial. Si bien Argentina no estuvo involucrada, como ocurre por estos días con la invasión del coronavirus, sus consecuencias especialmente por su relación con Estados Unidos, se sintieron en el automovilismo deportivo, con la falta de repuestos para el armado de los autos y neumáticos, además de la racionalización del combustible.

Coincidentemente como este año, en aquel lejano 1942, el TC había disputados sus dos primeras fechas ante del parate. Esteban Fernandino con un Ford se impuso en el Gran Premio del Sur, iniciado el 21 de enero en Mercedes y finalizado tras 10 etapas el 1 de febrero en Bahía Blanca. Mientras que el por entonces, vigente bicampeón Juan Manuel Fangio ganó con su Chevrolet la Mar y Sierras, corrida el 2 de abril cerca de su Balcarce natal.  La suspensión de la actividad dejó desierto el título de campeón, algo que le quitó a Fangio la posibilidad de sumar su tercera corona consecutiva.

La obligada pausa del TC, frenó por cinco años el incipiente duelo Fangio-Gálvez. Sin carreras, el Chueco se dedicó al comercio, mientras que el Aguilucho participó en competencias de lanchas.

A partir de ese momento el TC vivió un prolongado silencio, extendido hasta el 26 de octubre de 1947, cuando con su victoria en la Doble Vuelta Sierra de la Ventana, Juan Manuel Fangio demostró que sus virtudes conductivas y su motivación ganadora no se habían “oxidado”, como con preocupación le comentó a Oscar Alfredo Gálvez durante la pausa en las competencias. Un Fangio, que visionario como lo era, ocupó ese tiempo sin carreras. en actividades comerciales que lo llevaron a dedicarse a la compra y venta de camiones y neumáticos. Ultra competitivo y activo, Oscar buscó adrenalina en  las competencias de lanchas y el ski acuático.

Paradójicamente ese tiempo sin automovilismo, coincidió con el auge de otras dos pasiones de los argentinos. El fútbol vivió por sus años de mayor esplendor, con grandes equipos entre los que sobresalió aquella inolvidable Máquina de River. A su vez el tango transitó su década dorada, con la proliferación de importantes orquestas y destacados cantores. Los tuercas buscaron refugio en los talleres y mesas de café, renovando semana a semana, mes a mes y año a año, la esperanza del retorno a las carreras con disimiles teorías. Finalmente ese ansiado momento llegó, y fue el inicio del gran despegue del TC.

 

Fotos: fierrosclásicos.com y sportdigital.com.ar

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