Es el sitio donde se han vivido y repercutido, acontecimientos que movilizaron a la historia pueblerina y a la del país. Los parroquianos jovenes-veteranos, otros quienes peinan canas; infaltables todos los días en La Fusta. Es el bar y confitería de Capilla del Señor, la referencia, el punto de encuentro.
En un par de mesas, suelen congregarse los infalibes «analistas» de la realidad, opinólogos sobre cuanto tema se dispare.
«¡Ya les dije este pibe Colapinto no va, no va; en las dos últimas carreras pareció que agarraba voleo, pero ahora en Mónaco con lo enchufado que venía, hizo poco. Será bueno; será, pero le falta, le falta. Ahora tiene un auto para demostrar lo que dicen ustedes, que es un flor de piloto, pero muchachos, le falta». Angelito Sánchez como lo conocen en el pueblo, vecino, fierrero, tiene una agencia de autos, es fana de Ford y le tira el TC. Colapinto como a tantos argentinos, los ha enganchado desde que saltó a la Fórmula 1.
Sentado frente a el en la mesa cafetera, lo mira y no puede contenerse el Vasco Echeverry, el tipo de otros 60 y pico pirulos. Mecánico, en su taller se respira nafta, suenan motores, y detesta el ruido de los actuales F-1, así como a los invasores eléctricos chinos y se ufana de los híbridos de la Máxima, «autos que hacen un ruidito de m…; parecen lavarropas, naaa!». A Franco, lo mira con objeciones y espíritu crítico. Y cuesta convencerlo.
Visionauto los escucha mientras sale otro café, y el televisor traer las imágenes hermosas, soñadas desde Mónaco. Franco y 21 rivales más, clasifican entre los muros desafiantes, inflexibles.
Angelito y el Vasco clavan la mirada en la tele, ESPN-Disney es el canal elegido por Javier, el dueño del boliche que abrió sus puertas unos 50 años atrás. El mano a mano entre los dos parroquianos, poné la firma, son argentinos hasta la muerte!, discutidores, opinólogos a full. Casos que deben replicarse vaya a saber en cuantos lugares, el día que corre el pibe en Fórmula 1 y hay que pegarse al televisor.
El fenómeno Colapinto, residente en Montecarlo, en los días que transcurren, como se impone para la gran mayoría de pilotos de F-1 (impuestos, marketing, imágen), más allá de controversias latentes, se metió de lleno en el sentir de la inmensa mayoría de los argentinos, más allá de los que miran el vaso medio vacío…

Grandes, hombres y mujeres, miles de adolescentes y jóvenes, la sangre nueva indispensable, vibran y se ilusionan pensando en Franco y su futuro. Ese futuro que impensado, comenzó a edificarse en su infancia, parte de esa etapa vivida desde chico en un quinta durante unos años junto a su familia, en un barrio abierto a unos 10 kms de Capilla del Señor.
La casa donde, como ha contado Anibal su padre, le puso adelante el cuatri de regalo, punta de lanza del rumbo que lo ha llevado a sentarse en un F-1, Williams primero y luego Alpine. Ah!, provocador el cuatri, de flor de enojo de mamá Colapinto, ante el miedo de ver al nene andando ligero, arriba de semejante aparato.
Angelito, el Vasco levantan un poco la pata, y como Vision, clavan los ojos en la clasificación, uno de los momentos claves tratándose del GP de Mónaco. La discusión va a seguir, despreocupáte, los argentinos somos incorregibles, el Vasco mete púa y la deja picando, «vieron, otra vez como en gran parte del año, el francés (Pierre Gasly) lo caga a palos, y quedó mejor clasificado (noveno)». «Pero no ves que ahí dicen que lo jodieron los frenos del auto, dejate de joder», devuelve la pelota Angelito.
Después de una hora y pico, finalizada la clasifica se miran los amigos, preparados para sus propias y sesudas conclusiones acerca del 14º tiempo de Colapinto, que lo dejó anclado en la Q2 sin poder saltar a la decisiva Q3 recorrida últimamente. La discusión queda para otro momento, los llama el laburo.
Desde las 10 de la mañana del domingo en la Argentina «cualquier cosa puede pasar en una pista así, tan jodida», admite el incondicional fana Sánchez, parado, a punto de volver a su agencia de autos. «Vamos a ver si el pibe no mete la gamba y está preparado para mandarse para adelante, espero que no se salte la cadena», mete como última ficha el Vasco, después de no dar bola a llamados de un par de clientes de su taller, desesperados, para que les repare sus autos para salir de paseo el fin de semana, «se hubieran acordado antes, que joder!», reacciona el hombre con su inconfundible carácter vasco, claro está.
La estiran los dos para escuchar lo que cuenta Colapinto desde Montecarlo: «Por una parte, estoy decepcionado con el resultado, uno siempre quiere arrancar lo más adelante posible en Mónaco, donde la clasificación es una de las más importantes de todo el año. De todas formas, estoy muy orgulloso de mi equipo y de todo el trabajo que hemos realizado en los últimos días, para intentar entender en qué áreas hemos tenido problemas como pasó con los frenos, y así mejorar el coche».

A Franco con 23 años recién cumplidos y el sexto puesto estupendo logrado en Canadá como motivador, se le escucha decir, «estuvimos trabajando hasta altas horas de la madrugada y logramos mejorar algo respecto a como estábamos el viernes. Al final quedamos a solo unas décimas de clasificarnos para la Q3. Las diferencias son muy apretadas aquí en Mónaco, un circuito corto, y bueno no pudimos entrar en Q3. Por eso, probablemente se nos haga larga la carrera».
«Éramos conscientes antes del fin de semana, que el circuito de Mónaco es único, y bien podría no encajar bien con los puntos fuertes de nuestro paquete actual. Pero bueno desde ya, lo daremos todo en el gran premio. Estar atentos en la largada, salir sin problemas de ese momento difícil y luego veremos qué pasa«.
Franco Colapinto, mientras que en la tarde monegasca, estaba encerrado en la galaxia de la Fórmula 1; en un pueblo de la provincia de Buenos Aires, Capilla del Señor, como cada vez que corre, también se prolongó el fenómeno.
Fotos: gentileza motorsport.com (portada)
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