EL ASCENSO A LA MÁXIMA CATEGORÍA ES EUCLIDIANO: LO SUFRE TAMBIÉN FRANCO COLAPINTO.

Las academias de pilotos parecen ser la única escalera de acceso posible a la Fórmula 1. Los chicos aspirantes forman fila en una u otra con la esperanza de pegarla bien en las categorías de ascenso y sacarse al fin el boleto dorado.

Por esa razón, los pilotos compiten en dos planos: el de la tabla de posiciones de los campeonatos, esencialmente de Fórmula 2 y Fórmula 3, y en la valoración dentro de cada academia. Y las paralelas no se tocan: si no les va bien en una academia –con el premio nunca asegurado de una butaca en el equipo de F1 que responde a esa agrupación-, no pueden ir a tocar el timbre a las otras, en la que ya forman fila.

Tras un sexto lugar en Bahrein, un cuarto lugar en Australia y el triunfo de Imola, en 10 carreras, Colapinto (foto) se ubica octavo en el torneo, con 38 puntos, dos menos que el británico Zak O’Sullivan, que marcha séptimo tras ganar en el circuito callejero de Montecarlo y que también forma parte de la academia Williams. El líder es el estonio Paul Aron –el mismo al que el argentino humilló en Imola- con 80 puntos.

Ese es un plano de competencia: la carrera por el título de Fórmula 2. El otro plano es el de la academia Williams, en la que Colapinto no solo compite con O’Sullivan sino también con otro inglés, Luke Browning, que viene de hacer podio en Mónaco en la Fórmula 3 y que está peleando el título de esa categoría, convirtiéndose en otro aspirante a subir a la F-1.

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Esos dos planos de competencia no tienen incidencia sobre lo que ocurre u ocurrirá arriba. Williams tiene –como cualquier otro equipo de Fórmula 1- dos butacas disponibles, pero que parecen ocluidas para las próximas temporadas.

El equipo confirmó recientemente la continuidad de su piloto, Alex Albon, en términos multianuales: el tailandés (foto), uno de los mejores conductores que tiene la máxima categoría, conducirá un Williams hasta 2026 y, posiblemente, más allá. Queda una butaca: ¿hasta cuándo?

En Imola, el circuito en el que ganó Colapinto, el finlandés Valtteri Bottas, de la escuadra Sauber de F1, pasó media hora en el bunker de Williams conversando con James Vowles, el Team Principal de la escuadra de Grove: ¿estaba negociando su pase para 2024?

Dos semanas más tarde, en el paddock de Mónaco, circulaba un fuerte rumor: Williams le ofreció un contrato a Carlos Sainz, que se queda sin lugar en Ferrari a causa de la llegada de Lewis Hamilton. Sainz quiere un contrato por dos años y, en la actualidad, no parece tener una alternativa superadora. ¿Acabará estrechando la diestra de Vowles y pasando de Maranello a Grove?

En cualquier caso, una chance evidente es que Williams disponga de pilotos experimentados para los dos campeonatos que se avecinan, 2025 y 2026.

Está claro que, en ese caso, Colapinto no podrá esperar tanto tiempo para que se le abra una ventana en F-2.

¿Y otras escuadras? Bueno, en esa encrucijada es dónde el automovilismo se vuelve euclidiano: las paralelas no se tocan. Es muy improbable que un piloto que se aliste en una academia acabe corriendo un coche de otro equipo.

Ferrari cuenta con Ollie Bearman (a quien acomodará en Haas F1 en 2024) y el sueco Dino Beganovic (que pelea el título de F3). Con Leclerc y Hamilton tienen dotación de F1 hasta 2027, por lo menos.

Mercedes está entusiasmado con su estrella Andrea Kimi Antonelli (foto), quien se supone ocupará finalmente la butaca que dejará libre Hamilton, todavía conserva al danés Frederick Vesti (subcampeón 2023 de F2).

RedBull tiene listo para debutar –si le encuentra un lugar- al neocelandés Liam Lawson, pero auspicia en la F2 a pilotos como el francés Isack Hadjar, un verdadero talento, y el español Pepe Martí, y promesas en la F3 como Arvid Lindblad, Oliver Goethe y Tim Tramnitz. Además, mandó al nipón Ayumu Iwasa a terminar de foguearse en la Super Fórmula japonesa.

Se le caen pilotos de los bolsillos a Herr Doktor Helmut Marko, pero en RedBull ya no hay lugar hasta 2027… Claro, tienen las dos butacas de los Racing Bulls para jugar, especialmente cuando se descuenta que Yuki Tsunoda dejará más tarde que temprano su lugar.

McLaren apoya al brasileño Gabriel Bortoleto (el campeón de la F3 quien marcha quinto en la F2, foto) y, por si fuera poco, alberga en su equipo de IndyCar al campeón vigente de Fórmula 2, Theo Pourchaire (de reciente polémica con Agustín Canapino) y al mexicano Patricio O’Ward, quien todavía sueña con llegar a la F1. Pero no muestra signos de querer desprenderse de Lando Norris u Oscar Piastri en un futuro inmediato.

Alpine podría estrenar en cualquier momento al australiano Jack Doohan, el hijo del cinco veces campeón mundial de motociclismo Michael Doohan, y que terminó tercero en el torneo de F2 de 2023. Su candidatura ganó peso tras la confirmación de la salida de Esteban Ocon, después de cinco años y una victoria, en Hungría 2021. De hecho, estaba haciendo la FP1 del GP de Canadá en ese coche.

En Alpine también empujan el francés Victor Martins -gran compinche de Colapinto-, el indio Kush Maini y el italiano Gabriele Mini, que viene de ganar Mónaco en F3. Sin olvidar que tiene contratado a Mick Schumacher para su escuadra de WEC, y al que están probando en paralelo a Doohan sobre un coche de F1. Martins y Maini probaron un F1 esta semana en Austria.

Hasta Sauber (próximamente Audi) cuenta con su academia: su exponente máximo es Zane Maloney, piloto de Barbados, que marcha tercero en el torneo de F-2.

Aston Martin tiene bajo su paraguas al estadounidense Jak Crawford, undécimo en el torneo de F-2, pero es la escuadra a la que menos le preocupa una academia: cuenta con un eterno Lance Stroll a prueba de errores y, por si fuera poco, el campeón 2022 de la F-2, Felipe Drugovich, paga fortunas desde hace rato para ser piloto de reserva…

Montones de pilotos esperando en las escalerillas de las escuderías; si a Colapinto le falla la promoción en Williams, parece difícil que pueda intentarlo en otra escuadra. Por esto de que las paralelas no se tocan.

 

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2 COMENTARIOS

  1. Muy ilustrativo de lo dificil de la situacion de Colapinto.
    Franco necesita un plan B (WEC o Indycar-IMSA)

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