DE GOLPE, SE ABRIERON las puertas del ascensor, justo cuando el veterano volante confidenciaba con uno de esos amigos que nunca faltan en las carreras…

Se ve que la charla venía jugosa de pisos anteriores, por las caras de suficiencia del chofer que va rumbo a ser anciano y de su copiloto en la materia. Coincidió la apertura de las puertas con el momento en que el hábil declarante (¡si habrá agradecido por los micrófonos tantas de sus victorias!) refería un diálogo con, al parecer, un encumbrado dirigente, en un tono tan agudo que los que esperaban subirse al ascensor no pudieron evitar escuchar:

-… Y me dice: ‘tan mal dirigente, tan mal empresario no debo ser si tengo 17 millones de dólares en el banco…’.

La manada entró en tropel al ascensor y las puertas se cerraron, con tanta mala suerte, que el estupefacto oyente se quedó afuera. El ascensor bajaba. ¿Quizás en otro piso alguien escuchó el nombre y apellido del afortunado?. A nosotros se nos escapó la tortuga…

 

 

 

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